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Una loca ha decidido que tuviera mi blog, así que aquí me tenéis. No esperéis mucho, pero tampoco os ofreceré nada.
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El parto, según un bebé
Después de unas horas de preparativos maternos, por fin llega el héroe o la heroína. Tras una intensa aventura de esfuerzo, de riesgo, de paso por un túnel oscuro y estrecho, llega con todo su carácter protestando por las incomodidades. Así son los primeros minutos de vida para un bebé.

Hace nueve meses que vivo en la tripa de mi madre y desde entonces, nos ha pasado de todo. A ella le han dado mareos, vómitos, dolores de espalda, tristeza, alegría, un día me quería, otro no tanto, ¡qué extraña estaba mi madre! De vez en cuando nos veía el médico o la matrona y decía que todo marchaba bien. Nos han hecho ecografías para confirmarlo y muchos análisis. Me chocaba una cosa de mi padre, el empeño en saber si yo era nene o nena. ¡Figúrate, sea lo que sea, tendrá que darme “asilo político”.

El día clave

Cuando ha llegado el día clave, nos hemos ido los tres a un hospital maternal. Dicen que es más seguro que cuando nació mi abuela que lo hizo en su misma casa. ¡Qué lío!

Al llegar al hospital, nos ha recibido una matrona que, asegura que saldré pronto. No me explico como puede adivinar mis planes. Pero tiene razón. Yo me estoy situando en parrilla de salida y me gustaría salir cuanto antes, porque ya me fastidia un poco los “achuchones”, cada tres minutos, que me está dando el útero. ¡Es un pesado!.

Al principio, me ha confundido, pensé que era mi madre quién me apretujaba. Pero ahora sé que no es así. Mi madre me quiere más suavecito.

Una carrera de obstáculos

Estoy pasando por un túnel que dicen es el canal del parto. Y digo yo, que es una carrera de obstáculos, porque tengo que hacer continuos movimientos de cabeza para poder pasar y ya me canso. Estoy viendo el exterior. ¡Que voy, que voy!. Ya estoy aquí.

Menos mal que me esperaban y me han parado, porque si no ¡me la pego! Lo que más me ha impresionado es el frío que hace en el paritorio y dicen los mayores que tienen calor. Pues yo, estoy tiritando. Menos mal que mi madre me ha cogido en brazos..., pero me han cortado el cordón y ahora no sé que será de mi, porque mi madre me daba de todo por esas venitas. ¡Tengo que buscarme la vida! ¡Para qué habré salido! Dentro era todo muy fácil.

El chequeo

Ahora, por si no tenía ya bastante, me van a chequear. Voy de mano en mano y me hacen cosas. Unas me gustan menos que otras. Por ejemplo, me están poniendo una sonda en la nariz y en la garganta que me da un asco...

El test de Apgar

Al parecer ahora me están haciendo mi primer test. Se llama Test de Apgar y me dan entre uno y dos puntos por lo fuerte que lloro, el color de mi piel, mi latido cardíaco, mi tono muscular y como respiro. Imagina, ¿cómo voy a llorar? Enfadado naturalmente. ¿El color de mi piel? Y eso qué importa. ¿Mi latido cardíaco? Muy rápido. Estoy nervioso ¡vale! ¿Mi tono muscular? En forma. Llevo meses de entrenamiento para superar ésta prueba. me han puntuado 9, pero sé que merecía un 10.

¡Esto está “amañado”!

Continúa el examen. Ahora pretenden ver mi reflejo de Moro. ¡Qué no soy racista!. La prueba consiste en que un cristiano da un golpe a un lado de la colchoneta, donde estoy tumbado, y yo tengo que alargar los brazos para abrazar al moro. Me han dado positivo. Como es natural, he abrazado al moro.

La marcha automática

Otra prueba es la de marcha automática. Me ponen de pié y esperan que salga andando como si nada. Para que me dejen en paz, he dado un par de pasitos que es lo normal. Lo siguiente, que se llama reflejo de prensión palmar consiste en saber si soy un chico sociable y sé dar la mano como es debido: agarrando con fuerza, colgándome de ella y no como hacen algunos que te dan la mano blanda como para que te la quedes.

Una variante de la anterior es el reflejo de prensión plantar. Consiste en hacerme una pequeña presión, sobre el dedo gordo del pié y esperar a que movilice los otros dedos, cerrándolos como para sujetarme a la rama del árbol. Esto me recuerda a alguien que, según Darwin, son mis primos. No vamos a polemizar, porque esto se me pasa a los siete meses.

El último reflejo que quieren comprobar es el de succión para ver si lo tengo bien o no. Me rozan la mejilla o el labio superior y abro la boca, buscando el pecho de mi madre. En esto soy un profesional, llevo más de cuatro meses practicando con mi dedito.

Poca vitamina K

Llega el momento de la primera “faenita”. ¡Una inyección! Dicen que es imprescindible para prevenir hemorragias porque tengo poca vitamina K. La segunda faenita es más llevadera. Se trata de ponerme unas gotas o pomada en los ojos, para prevenir infecciones. El remate de todas ha sido que me han tratado como a un delincuente y como a un jamón. Me han tomado las huellas dactilares y me han puesto un código de barras. Dicen que es para que no me cambien por otro más gordo que yo. Pero mi madre, mi padre y mi matrona me reconocerían aunque me disfrace de superman. A propósito de disfraces, me han vestido con un modelazo que debe ser del siglo pasado. Un faldón que es el mismo que le pusieron a mi padre cuando nació. Por fin acabó todo y me han llevado con mi madre. Estaba deseando volver a escuchar su voz, olerla y recibir su calorcito. ¡Es, que como mi madre nada!.

Mi primer día

Al fin solos, mis padres y yo. Estamos en la habitación del hospital y es acogedora. Cuando empiecen a llegar todos mis fans se quedará pequeña. La primera en llegar ha sido mi abuela materna. Me ha revisado de arriba abajo tres veces por si acaso me falta algo. Tengo de todo y cada cosa en su sitio. Mi abuela paterna ha sido más comedida en la revisión, ella es más fisonomista y me ha sacado muchos parecidos con parientes.

Luego han llegado muchas amigas de mi madre y me han traído regalos. Ya tengo varias horas de vida y muchas experiencias, pero las que más me han impactado han sido tres: la primera mi madre con esa especie de derrame de amor que tiene conmigo, que se le sale por las manos, por los ojos, por la voz... Mi tío que no me pierde de vista para ver si cometo un error y chivarse a mi padre, pero yo quieto, callado y discreto por el momento. Después mi padre, que ha quedado idiotizado desde que llegué.

¿Reaccionará?


 
Comentario:
¡Qué bonita nana! ¡Gracias Charo! Cuando ves un bebé dan tantas ganas de tenerlo, y lo del test, la primera noticia que tengo de que existiera, jajaja.

Molts molts petonets!
 
Comentario:
Jajajaja Mercè, y luego hablan sobre mi pragmatismo médico (con el test de apgar ya me dejaste muertamatá). Me encantó tu post y he estado buscando algo k no sabia donde lo tenía (y no lo tenia, estaba en un backup)

NANA



Quién te sueña un beso en la frente
quebrando bloques de amargura,
en los rotos frios del dolor,
a puro golpe de ternura.

Quién se bebe tus versos,
pone tu nombre a su risa
y predicandose en tu credo,
te hace su amén, su glial y su misa.

Quién dibuja mariposas de nubes
en el lienzo de tu piel
quien te vela los sueños
dime niño,dime quién...

No