10.
Ya llegó la sangre al río. A lo lejos, como cascabeles, replican las lágrimas.
Lo Rojo va recorriendo los surcos de los árboles, confundiéndose con su savia.
Y van conformándose sinuosas sirenas, ¡sintéticas!, a través de la niebla. El fuego, Todopoderoso, ralentiza con su sombra los perfiles de las cosas; como fotografías de otrosyoes jugando a muertes imposibles…
Solamente hay un testigo.
Y sonríe complaciente.
Lo Rojo va recorriendo los surcos de los árboles, confundiéndose con su savia.
Y van conformándose sinuosas sirenas, ¡sintéticas!, a través de la niebla. El fuego, Todopoderoso, ralentiza con su sombra los perfiles de las cosas; como fotografías de otrosyoes jugando a muertes imposibles…
Solamente hay un testigo.
Y sonríe complaciente.
9.
Para cuando el vértigo del silencio me invada te grito estas letras desde algún rincón de la soledad, deseando que vuelen entre el frío de las aguas de noviembre hasta tus oídos callados por la impostura creada. “Más allá”, “más allá, por favor”, a donde mis palabras no llegan aunque suenen a escritos de socorro.
Y es que el otoño me dice que no existe, que no es real, aunque acaricien las hojas el relevo de la vida, bajo el sentimiento amarillo de lo que parece una muerte imperecedera. Y me lo grita con más desesperación que yo su nombre, con aullidos que sobrepasan mi necesidad de aire, pero sigo sin creerle: existe, “existes aunque te confundas de invierno!” “existes aunque no existas en este tiempo que devora al tiempo”. Y ¿qué hacer? ¿Qué hacer ante tamaño engaño? Me diluyo en los paseos buscando algún rastro verde que reafirme la existencia de los colores bajo la tarde gris de este notoño, ¿qué hacer...
Porque si el otoño no existe, si el tiempo no existe, ¿qué existe? ¿De qué sirve sobrevivir si la vida se niega a sí misma?
Pero el silencio se conforma con ser respuesta.
Y es que el otoño me dice que no existe, que no es real, aunque acaricien las hojas el relevo de la vida, bajo el sentimiento amarillo de lo que parece una muerte imperecedera. Y me lo grita con más desesperación que yo su nombre, con aullidos que sobrepasan mi necesidad de aire, pero sigo sin creerle: existe, “existes aunque te confundas de invierno!” “existes aunque no existas en este tiempo que devora al tiempo”. Y ¿qué hacer? ¿Qué hacer ante tamaño engaño? Me diluyo en los paseos buscando algún rastro verde que reafirme la existencia de los colores bajo la tarde gris de este notoño, ¿qué hacer...
Porque si el otoño no existe, si el tiempo no existe, ¿qué existe? ¿De qué sirve sobrevivir si la vida se niega a sí misma?
Pero el silencio se conforma con ser respuesta.
8.
Vuela libre, golondrina; a donde las garras de los ogros no te alcancen; a donde los lobos aullan al morir la noche; a donde se esconde el refugio de los amantes...
(pero vuela raudo, el día acecha)
(pero vuela raudo, el día acecha)
7. Poema para una Golondrina
Una musa
inspira
pero poco se retrata
porque de bella que es
de lo perfecta que es
en ese momento
es imposible pintarla
inspira
pero poco se retrata
porque de bella que es
de lo perfecta que es
en ese momento
es imposible pintarla
6.
Mis ojos ya no tienen nada en lo que fijarse para aburrir el frío que carcome mis pupilas – querida- , y ya no encuentro más miradas tuyas ,¡cálidas!, tras las esquinas de la calle de Más Allá a Lejos - aquella de la que sabes que no se regresa jamás-, por culpa de la lluvia. Y hace frío, Amor, mucho frío; en este anochecer de noviembre.
Por eso deja que el agua sea esta noche un ruego entres estas calles encharcadas,¡ahogadas!, y permíteme el deseo de soñar con aquella ciudad que soñamos que vuelva a vernos, como si fuera cierto que la energia fluyese infinita;
y encontrar la paz.
Por eso deja que el agua sea esta noche un ruego entres estas calles encharcadas,¡ahogadas!, y permíteme el deseo de soñar con aquella ciudad que soñamos que vuelva a vernos, como si fuera cierto que la energia fluyese infinita;
y encontrar la paz.





