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El Nuevo Rincón de Violeta
Cuando hables, procura que tus palabras sean mejor que tu silencio.
Acerca de
Comunicar es más que el acto de hablar o escuchar. Comunicar significa tomar un poco de los demás y dejar algo de ti mismo en los otros. Algo que se cose con hilo de hierro a la configuración intrínseca del otro. Comunicar es intercambiar, es enriquecer. Comunicar es, al fin y al cabo, vivir. Contáctame en el_correo_de_violeta@hotmail.com
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¡¡Mil Visitas!!
 
El Giro Paranóico Runway
¿Alguien ha leído "El Diablo viste de Prada"? Es una novela de humor en la que una jovencita relata sus vivecias mientras trabaja de ayudante de la directora de la revista de moda más influyente del planeta. Se dice que la autora de la novela ( Lauren Weisberger) se inspiró para ello en Anna Wintour, editora general de Vogue en EE.UU, y una auténtica zorra. Por lo visto la propia Lauren trabajó para ella en sus años mozos. Pues bien, la novela, además de ser muy divertida, ilustra cómo funcionan muchas empresas hoy en día. Nos encontramos con empleadocs atemorizados que no osan a quejarse en alto por miedo de que sus quejas lleguen a oídos del jede (de boca de sus propios compañeros), empleados pelotillas que se comen un par de pollas cada día, y empleados aíslados y marginados porque se han atrevido a decir lo que piensan. Nos encontramos con jefecillos que se creen más que sus subordinados y que disfrutan humillándolos para vengarse de las humillaciones que sufren de su superior directo (que a su vez hace lo mismo), jefes que parecen perros que mean en su territorio para que quede bien claro que "Aquí mando yo".

En "El Diablo..." se hablaba del giro paranóico Runway: esto ocurría cuando uno de los trabajadores de la revista no podía más y decía algo malo sobre Runway o sobre su directora, en seguida intentaba arreglarlo alegando un "pero" del tipo "pero... qué maravilloso es trabajar aquí, qué afortunada me siento, aunque sea un trabajo duro...", "pero, a pesar de ser tan dura y exigente es una jefa maravillosa, sólo que su trabajo es taaaaaan estresante..."

Yo voy a empezar a hablar del "Giro Paranóico del Curro de Violeta". Dios, estoy rodeada de conejitos que viven en la Aldea del Arce. Malpagados, puteados, infravalorados, y muy alienados. Sin embargo, todos sonríen y se manifiestan felices de ser explotados y de que se les robe tan descaradamente.

En las dos semanas que llevo no he oído a ni uno solo de los ¡¡93!! compañeros que tengo decir nada remotamente malo del trabajo (he de decir que tampoco me ha dado tiempo a hablar con todos...). Y eso que las condiciones que tenemos dejan mucho que desear, que los sueldos son irrisorios, los horarios infrahumanos y los mil jefes que tenemos (encargado, coordinadora, subjefa de sección, jefe de sección y una larga lista de ecéteras) más imbécil a cada cual.

¡¡Qué malo es ser pobre!! Qué malo es no encontrar trabajo de lo que te gusta y para lo que estas preparado, y qué malo es tener que aguantar a una jefecilla que te lleva seis años, que no sabe escribir sin faltas de ortografía y que está ahí porque se habrá comido alguna polla. Y qué malo es ser la nueva y hacerlo todo mal mientras todos los conejitos arcenianos se ríen de ti. Me entran ganas de montarme mi propio Columbine.

Un beso,
Violeta explotada.




 
Miedo
Leer el último post de Canalla me ha hecho pararme a pensar en mis propios miedos, y me he dado cuenta de que tengo muchos. Es más, soy cobarde, muy cobarde.

A veces, tengo tanto miedo que no hago cosas que me encantaría hacer por temor. ¿Cómo se les llama a las personas que tienen miedo a todo? Desde que me levanto de la cama hasta que me acuesto, me encuentro con situaciones, personas o cosas que me infunden temor. Pero me levanto cada día, dispuesta a seguir pasando miedo.

A veces tengo miedo a los fantasmas, pero sigo viendo películas de terror. Otras veces tengo miedo a morir sola, pero me sigue constando una barbaridad comprometerme, pero es que me da miedo perderme experiencias con otras personas.

Me he visto a mi misma mil veces siendo una viejecita solitaria, con el pelo blanco recogido en un moño. Algo desquiciada y siempre de mal humor. Me he imaginado viviendo con doce o trece gatos, rodeada de un olor inaguantable para el resto del mundo pero imperceptible para mí, de tan acostumbrada. Me he visto muerta, sola y desvalida, rodeada por mis gatos, que presa del hambre y la desesperación han decidido tomarme para cenar (por eso prefiero a los perros, un perro nunca me comería...). Por eso sigo aguantando a personas como Bad, personas a las que no aguanto, por temor a morir sola.

Me he imaginado muriendo en un accidente de avión, notando un nudo en el estómago segundos antes de estrellarme, y he sentido la congoja de saber que voy a morir. Sin embargo, sigo viajando en avión, porque me da miedo morir en un accidente de tráfico, una noche de lluvia, sola en una autopista oscura.

Me da miedo coger ascensores, por temor a que fallen y se descuelguen, por miedo a morir aplastada contra el suelo, al mismo tiempo que compruebo en mis propias carnes que la ley de la gravedad es irrefutable. Pero no suelo subir por las escaleras, porque también me asusta tropezar y caer de morros y partirme los dientes.

Me asusta hacer algo mal, no dar la talla o decepcionar a los demás. pero aún más me asusta no intentarlo, porque me da miedo sentirme una cobarde.

¿Qué os asusta a vosotros?

Un beso,
Violeta asustada
 
Una única vez
Me descubro en tu casa casi sin quererlo. Nos sentamos en el sofá y sacas algo para beber. Te pones una copa de orujo de hierbas de tu pueblo, ese que te encanta. Para mí, sacas una botella de Lambrusco casi helado. Me sorprende que recuerdes que me gusta el lambrusco, y más me sorprende que recuerdes cómo me gusta tomarlo. Si hasta has metido el vaso al congelador para que le salga esa escarcha que tanto me gusta. Estoy excitada porque me aventuro a pensar en lo que va a suceder. Lo tenías todo planeado, y yo que pensaba que era yo la que te había seducido. No consigo recordar cómo he llegado a parar a tu sofá, pero tampoco me importa. Estoy donde quiero estar.

Me miras con ojos lascivos, sé en qué estás pensando. Me pasas un cigarro encendido, lo que me alegra porque no sé que decir: así tengo la boca ocupada. Le doy una calada larga, como esperando a que el humo que llena mis pulmones disipe mi nerviosismo y mi ansiedad.

Tienes los ojos clavados en mi, y sonríes. Te divierte mi ansiedad. El cigarro se está terminando y ninguno de los dos ha dicho nada desde que nos subimos en el taxi. Me empiezan a temblar las piernas, un poco por la excitación, un poco por el miedo. Ya me he cansado de este juego, es mejor actuar que esperar a que se diluya el momento.

Envalentonada, me levanto. Te miro con sonrisa desafiante: "Ahora vas a sufrir tú", te digo. Comienzo a desabrocharme los botones de la camisa, uno a uno. Despacio, muy despacio. Ahora ya no sonriés tanto y empiezo a notar una tremenda erección en tu pantalón. No quiero pensar en lo que estoy haciendo, porque si me lo replanteo, huiré a mi casa llorando. Por eso no lo pienso, por eso me sigo desnudando. Me quito los zapatos de tacón, luego los pantalones. Despacio, delante de ti. Tú, sentado en el sofá, me atres hacia tí, y comienzas a besarme la tripa. Cuando tus labios rozan por primera vez mi piel, se me escapa un suspiro de placer. Quiero impedir que te levantes, quiero mantenerte sentado mirando. Quiero que seas mi esclavo, y quiero llevarte al cielo. Quiero que recuerdes esta noche, la que será nuestra única noche, toda tu vida.



Pero no me dejas. Me conoces y sabes que me gusta mandar, no vas a permitírlo. Te levantas y me acorralas contra la pared. Me besas despacio, los labios, el cuello. En un segundo te quitas la ropa y dices: "Vamos a la cama". No es una sugerencia, es una orden. LLevas tú la voz cantante, y solo me queda obedecer.

Me tiras en la cama, un poco demasiado fuerte, y me sostienes las muñecas, también un poco demasiado fuerte. No me dejas tocarte, ni besarte, y cuando intento hablar, me silencias con un beso. Empiezo a estar tan excitada que se me arquea la cintura por los espasmos que me producen tus labios en mis pezones. Los muerdes, con tanta fuerza que se me escapa un gritito. Te levantas y sacas un pañuelo blanco de tu mesilla, me sostienes las muñecas encima de la cabeza, y con fuerza, me las atas. Nunca antes me habían atado, no me gusta ser pasiva en el sexo. Intento protestar, pero:

"Deja de quejarte, porque vas a hacer lo que yo diga". Me rindo a tus palabras y me dejo hacer. Has empezado a comerme el coño de una manera salvaje y excitante, no puedo quejarme, solo puedo gemir. Estoy deseando tocarte, chuparte de arriva a bajo, porque quiero saber a qué sabe tu piel. Pero no me dejas, sigues lamiéndome afanoso. Te suplico que pares, y que me hagas el amor, estoy a punto de desfallecer. Me miras con sonrisa burlona, "aún no". Me incorporas y me sientas en el borde de la cama. Te levantas y te sitúas en frente de mi, de manera que tu sexo queda justo delante de mi boca. Me avalanzo sobre él y lo chupo con ganas, ansiosa de tí, por todo el tiempo que no he podido tocarte, y no solo hoy, sino durante toda mi vida. Esta duro, muy duro, y me sabe a caramelo y chocolate.

De repente gritas "¡Para!. Me miras con cara de desquiciado y me cojes en brazos. Rodeo tu cintura con mis piernas y noto la pared fría en mi espalda. Eres fuerte y me sujetas con una mano las muñecas aún atadas sobre mi cabeza, y con la otra me sostienes por el culo. Me penetras fuerte, sin piedad, si aviso. Tus envestidas son rítmicas y profundas, y en un santiamén me corro en silencio, escuchándote gemir y mordiéndome el labio con fuerza.

Me sueltas las manos y me visto rápido. Te dejo sentado en la cama fumando un cigarro, recuperándote. Me visto a prisa y salgo de tu casa. No volveré nunca más. Y tú y yo nunca hablaremos de esto: esas eran las reglas.
________________________________________

Hay cosas que sólo os puedo contar a vosotros.

Un beso,
Violeta excitada.
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Un Post rápido
Perdonadme por teneros tan abandonados últimamente, pero estos días he estado algo liadilla. Tengo la feliz noticia de que he encontrado un curro que me ayudará a pasar las horas muertas mientras termino la asignatura que me queda. Además se acercan las fechas navideñas, así que las pelillas me van a venir de madre para los regalos.

En cuanto tenga algo de tiempo, me conectaré para contaros qué tal me va. Un beso a todos, que aunque no os comente, os sigo leyendo cuando tengo un ratejo.
 
Bad, (I)
Conocía a Bad hace unos nueve o diez años, en clase. Yo era la nueva y ella siempre había estado allí. Ella era más alta que yo (lo que no es difícil en absoluto), tenía el pelo de un castaño deslavado y bastante lacio; la piel blanquecina y algo translúcida, que le daba un aspecto enfermizo (toda ella tenía aspecto de moribunda, la verdad). Las piernas, los brazos y sus dedos eran delgaduchos, huesudos. Su cara, también. No tenía a penas pecho (cosa normal con esa edad tan tierna), pero lo compensaba con un buen culo que sumado a su cintura de avispa le daba un aspecto de pera poco madura. Se sentaba en una esquina de la clase, y se encogía lo máximo posible para intentar pasar desapercibida. Cuando el profesor la llamaba, levantaba asustada la cabeza y miraba a su alrededor, temerosa de encontrarse con alguna burla de sus compañeros. Cuando respondía a una pregunta, a veces, tartamudeaba.

Era el patito feo de la clase, siempre se reían de ella, sobretodo las niñas, que a esas edades (unos once o doce años), pueden ser muy crueles. Uno de los primeros días de clase, un profesor de matématicas muy amargado y poco concienciado, humilló a Bad porque ésta era incapaz de recordar la tabla del siete. Ella, entre la vergüenza y el pánico, intentaba recordar las respuestas. Él le preguntaba:


- ¿Cuánto es 7x3?
- Ummm... unnnn veinti.... veinti...
- ¿Cuánto es 7x4?
- ... veinti... ¡veintiuno!
- ¿21? Señortia, no sabe usted la tabla del siete. Responda a mi pregunta. ¿Cuánto son 7x5?
- .... veinti... o...cho....
- ¡Eso es 7x5! Es usted una inútil, ¡¡y no llore!!, ¡¡ni se le ocurra llorar!!

Ella sabía las respuestas, sólo que no era capaz de decirlo. Su lengua se anudaba, entre lágrimas y tartamudeos, presa de una veüenza infame. Las risas de los compañeros resonaban por toda la clase, y incluso algunos muchachos, embalentonados por la actitud del profesor, le lanzaron bolas de papel.

Me apiadé en extremo se ese ser enclenque y desvalido, y decidí ser su amiga, porque imaginaba el calvario por el que pasaba la pobre (siempre he tenido una gran capacidad de empatizar, y no pocos problemas me ha traído hasta hoy), me la imaginaba en clase de dibujo, o de idiomas, o puede que de deporte. Me la imaginaba siempre temerosa, siempre acosada por una vergüenza tal, que la obligaba a ser mucho más torpe de lo que era la pobre de nacimiento.

En absoluto me decepcionó. Era torpe con ganas, incapaz de seguir el ritmo de la clase de inglés, incapaz de dibujar nada agradable a la vista. Durante unos meses intenté reconfortarla, hasta que no pudo más, y cambió de colegio.
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Esta noche salgo con las chicas. Loq que iba a ser una noche divertida comienza a antojárseme un calvario desde que sé que ella va a venir.

- ¿Cómo no va a venir?- pregunta Montse, - Es amiga de toda la vida.
- Pues no viniendo,- respondo yo.
- Ya sé que cada vez es más insoportable, y que a veces es cansina, pero en nuestra amiga.
- Vale ya, me estás haciendo sentir mal. Está bien, que venga.
- Y prométeme que tendremos la fiesta en paz y que no discutirás con ella, joder Vi, que la conoces de toda la vida.
- Bueno, obviaré sus pullitas y sus teorías de conspiración (aunque no lo creáis, Pedro J. debería fichar a Bad, porque a pesar de que no sabe poner un acento y le cuesta forma un texto con un mínimo de coherencia, es una buenísima inventora de Teorías Conspiratorias). Muy bien, ¿cómo habéis quedado?
- Kyoko y yo (la llamaré Kyoko por el extraño parecido que tiene con la protagonista de una de esas películas de chinos que ví el otro día) apareceremos sobre las 12. Pero le había dicho a Bad que la esperaríamos sobre las diez en el bar, así que bájate tú antes a hacerla compañía.


Hay que joderse. Yo no quiero verla, porque me estresa. Las demás insisten en que venga y me hacen sentirme culpable por no querer verla, pero como también les estresa su compañía, me la empaquetan a mí. Amigas para esto.


He escrito cómo era Bad cuando la conocí para acordarme de que una vez fue una buena persona, a ver si así me acuerdo también de por qué coño no la he mandado a la mierda aún.

Deseadme suerte.


 
Halloween
En muchos aspectos, no me parece que EE.UU sea un país digno de imitar. Sin embargo, ya que copiamos infinidad de cosas que no nos benefician en absoluto (McDonals, sin ir más lejos), no sé porque no íbamos a poder copiar las cosas divertidas.

Por esta razón, ayer noche, ni corta ni perezosa; me baje al videoclub de debajo de casa para acojonarme, a la manera típica de la noche de brujas.

Sola en casa (mis padres decidieron de improvisto darse una alegría p'al cuerpo y montarse un fin de semana romántico), me sente en el sofá con una tarrina de helado de chocolate, un paquete de tabaco, y cuatro películas de miedo. Para ambientarme mejor, encendí cuatro velas (de las pequeñitas de té, la seguridad ante todo), y me dispuse a sufrir un poco.



Después de llevar a cabo esta práctica he llegado a varias conclusiones. Os la enumero a continuación por si alguno quiere aprender de mi experiencia:

1. A partir de ahora voy a dedicarme a la sana práctica del pirateo. Por cuatro películas y una tarrina de medio litro de Ben&Jerry´s (el mejor helado del mundo, sin duda), me cobraron la friolera de 17'5 euros. ¡Por Dios señor dueño del videoclub! ¿No se ha planteado usted el hecho de que se asemeja cada vez más a un capitalista feroz del siglo 19? ¿Ha leído usted "Cuento de Navidad" de Dickens? ¿Se acuerda del señor Scrooge? ¿No se acuerda?, pues ya lo hará cuando le visiten los tres fantasmas y le enseñen que morirá usted siendo un rico, pero solitario viejete amargado.

2. Soy masoca.
2.1. Pero muy masoca: llevo viendo películas de miedo desde muy pequeña. Mi madre reprendía a mi padre, pero él (aficionado al género) la respondía alegando que no soy tan impresionable. Pues te equivocabas, ¡querido papá! Sí soy impresionable. Y mucho. Aún tengo un trauma con Poltergiest, que me tragué la película y su secuela con cara de encantada cuando no era más que una inocente criatura y no dormí bien durante años. Me acojoné con la Bruja de Blair (lo admito, me había fumado algún porrillo antes de entrar y eso pudo influir, porque hay que reconocer que la película es mala con ganas), y ayer me acojone como un bebé viendo una película de un niño chino con los ojos negros y su secuela. Lo peor de todo, es que a mí los chinos se me asemejan mucho a otros, y aún no me he enterado de la mitad de la película (no sé quien era la buena y quien era la amiga...). Y esque encima no las puedo dejar de ver. Hace poco fuí a ver El Orfanato, que por cierto es un peliculón que os recomiendo, y me tire toda la película deseando que terminase, con cara de compunginda.

Desde aquí mi consejo: si os dan miendo las películas de terror, no las veáis. Si sois como yo y no lo podéis evitar, no pongáis velas y evitad hacerlo cuando estéis solos en casa. Si vuestra pareja os invita a tomar unas copitas en el bar de siempre (aprovechándo que hacen hora golfa y reparten colmillitos de plástico), bajad con él.


P.D: El otro día me encontré con Pezón Loco, quién se me insinúo nada sutilmente alegando que le "pongo mogollón desde que me conoció" (cuando aún estaba con Bad), y que encima cada día le parezco más maja. He sopesado el contárselo a Bad para regodearme un poco (no os he dicho que ella aún no ha superado su rúptura, a pesar de que fue ella quién le dejó a él, y encima por otro, ¿verdad?, os tengo que contar su historia, ya os he dicho que no tiene desperdicio), pero es que de buena soy tonta, porque no quiero hacerla sufrir así. No se puede decir que ella tenga esa deferencia para conmigo, porque no escatima en pullitas cada vez que me ve.

P.D2: Muchas gracias a todos por vuestros comentarios de ánimo el otro día. y siento haberos puesto tristes. Hay un capítulo oscuro en mi vida que estoy superando poco a poco, pero que aún, de vez en cuando, me hace sufrir un poquito. El otro día me sentía muy triste, y como estoy cansada de preocupar a mis seres queridos, pensé que la mejor forma de desahogarme era aquí, al amparo del anonimato.

P.D3: Estoy un poco rallada por la confesión de Pezón Loco, porque quiero a mi chico con locura, pero esque este me pone loba-loba-loba, y no hago más que pensar en lo que podría pasar.




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