Feliz 2008
Hola a todos... Me paso brevemente para desearos feliz año nuevo. La Navidad no os la he felicitado porque soy algo ateílla, y además este año he estado un poco tristona.
No puedo escribir mucho, porque ando pachuchilla de la muñeca. Hace unas dos semanas me pasé un poco con las copichuelas y me caí por unas escaleras... Un tropezón tonto, pero como puse la mano para evitar quedarme sin dientes, me fracturé la muñeca.
La parte mala, es que me duele la virgen, la parte buena, que llevo dos semanas de baja sin verle la geta a la Cara E.T. Miedo me da cuando me den el alta, lo que me puede llegar a putear en el curro, porque cada vez que me paso a entregarle el parte de confirmación de la baja, me asesina con la mirada... Bueno, qué le vamos a hacer.
Bueno, espero recuperarme pronto para poder contaros novedades. Un beso a todos y que empecéis el 2008 con mejor pie (o mano) que yo.











No puedo escribir mucho, porque ando pachuchilla de la muñeca. Hace unas dos semanas me pasé un poco con las copichuelas y me caí por unas escaleras... Un tropezón tonto, pero como puse la mano para evitar quedarme sin dientes, me fracturé la muñeca.
La parte mala, es que me duele la virgen, la parte buena, que llevo dos semanas de baja sin verle la geta a la Cara E.T. Miedo me da cuando me den el alta, lo que me puede llegar a putear en el curro, porque cada vez que me paso a entregarle el parte de confirmación de la baja, me asesina con la mirada... Bueno, qué le vamos a hacer.
Bueno, espero recuperarme pronto para poder contaros novedades. Un beso a todos y que empecéis el 2008 con mejor pie (o mano) que yo.











¡¡¡A la Mierda!!!
El otro día mandé a la mierda a mi jefa. La cosa es que a mí la tía cada día me caía peor. Es una desagradable con cara de extraterrestre. Pero llevaba unos días fijándome en que no es tan desagradable con todas mis compañeras como lo es conmigo. Igual es que no le caigo bien... después de todo ella a mí tampoco... Pero es que el otro día tuve una revelación:
Estaba yo en el trabajo sentadita sin nada que hacer, muerta de asco y muy aburrida. Llevaba de miranda toda la tarde, y como no me puedo levantar de mi sitio hasta que vengan clientes, pues me entretenía yo mirando a una compañera que tenía justo delante de mí. La pobre se estaba volviendo loca con unos problemas que le daban unos albaranes. La mujer contaba y contaba:
- Uno... dos... tres... cuatro..., dieciocho... diecinueve... - Introducía el resultado en el ordenador y
Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Nada, no le salía la cuenta. Llena de voluntad, volvía a empezar:
- Uno... dos... tres... cuatro... cinco.... - y de nuevo:
Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
A la quinta vez que el ordenador le pitaba, la pobre desesperada me miró implorante. Yo sabía desde el principio cuál era el problema. Y no penséis que no se lo había dicho por mala persona, no de eso na. No se lo había dicho porque me exponía a una buena bronca si me ponía a hablar con ella a grito pelao desde mi mesa a la suya. Ya había pensado en llamarla por teléfono a su extensión y decírselo. De hecho lo intenté, pero debía tener el teléfono mal colgado, porque cada vez que marcaba su número me comunicaba. Entonces recordé que cuando yo llevaba unos tres o cuatro días trabajando me pasó exactamente lo mismo, y cansada de recontar y recontar sabiendo que hacía algo mal, pero sin saber qué era, llame a la coordinadora para que me lo explicara. La Cara E.T (os juro que se parece al cariñoso extraterrestre, pero sin ser cariñosa, la muy puta) acudió indignadísima, y me echó una buena reprimenda por no saber hacer bien algo que NADIE me había explicado. Imaginándome lo que le vendría encima a la compañera si llamaba a la cara E.T, decidí arriesgarme y explicárselo.
- ¡¡¡¡¡Lo que tienes que hacer es separar los albaranes que sean de tarjerta de crédito de los que no, y meterlos por separado!!!!!- y ella:
- ¿¿¿Qué??? ¡¡¡No te oigo!!! - y yo:
- ¡¡¡Los de tarjeta de crédito!!! ¡¡¡Introdúcelos a parte!!!
-¿Qué los guarde dónde?
Todo esto a grito pelado, que un par de cilentes estaban alucinando. Y yo: Joder... ¡¡¡Cuelga el teléfono, que te llamo!!!
En esto que la cara E.T se coscó de nuestra conversación, y se acercó a mí:
- Violeta, ¿es qué a caso no sabes que no puedes hablar con las compañeras mietras estás trabajando? Si quieres algo me lo pides a mí.
- Ya... es que... tiene un problema... no sabe cómo se hace...
- Pues que me llame ella.
Y diciendo esto se dirigió a su mesa. Lo he intentado, pensé.
Cuando llegó, mi compañera le explicó lo ocurrido. La Cara E.T, muy amablemente le señalo el problema, e incluso, ví como se lo apuntaba en un papel para que no se le olvidase. Yo no cabía en mí de mi asombro. Cuando terminó, la muy puta regresó y me dijo con cara vinagre:
- Es normal que la pobre no sepa hacerlo. Nadie se lo ha explicado, y sólo lleva aquí unas semanas. Pero tú, que ya sabes de sobra cómo funciona esto, no tienes excusa. No debes hablar a grito pelado. No tienes escusa, Violeta. A ver si vamos espabilando.
Claro, cuando yo llevaba tres días y no fuí capaz de hacerlo, es que era una inútil. Claro, es que a todo el mundo hay que tratarle con paciencia menos a mí. Claro, claro. Se me estaba cayendo la cara de vergüenza, porque acaban de llegar dos clientes que estaban escuchando la reprimenda. Así que exploté:
- Vete a la mierda.
- ¿Qué has dicho Violeta?
- Que a la mierda. Cuando me pasó a mi lo mismo, me llamaste de todo menos bonita,- las palabras salían de mi boca como si no fuese yo quién las pronunciase. Quería parar pero no podía. Dios, la estaba cagando. Dios, Violeta, cállate... - Tu trabajo consiste en solucionar nuestros problemas para que todo vaya bien. Y cada vez que tengo un problema me echas la bronca. Esre tú quién no hace bien su trabajo, no yo. - ¿He dicho yo eso? Debo estar soñando... -Y ahora resulta que intento ayudarla y también es mi culpa. Si lo hago todo mal, despídeme. Hay mil trabajos de mierda como este.
- Ya hablaremos luego.
Los dos clientes que estaban esperándo a ser atendidos no me dieron ningún problema. Creo que les había asustado. Al marcharse, el hombre me dijo: - Has tenido mucho valor, ojalá cuando vuelva puedas atenderme otra vez, aunque, sinceramente, no lo creó. Y me guiñó un ojo.
Aquello me subió el ánimo. Llevo trabajando poco menos de dos meses. No hay un día que no llegue a casa deprimida por lo mal que me hace sentir la cara E.T. Broncas por todo. Y si hago algo mal, lo admito y agacho las orejas. Pero no veo justo que me grite por hacer mal cosas que no se me han explicado primero. Cuando pido ayuda, no me ayuda, pero corre a ayudar a cualquier otro novata. En una ocasión reprendió a una compañera que ya había terminado su turno, y que al verme apurada, se quedó un poco más para ayudarme. Esa noche, mientras recogía mis cosas, pensé que esa era la última vez que lo haría. Pero me sentí orgullosa de haber sido capaz de plantar cara. Sin embargo, antes de salir, esperándome una buena reprimenda de cara E.T, le avisé de que me iba a casa. De sus labios sólo salieron tres palabras:
- Hasta mañana, Vi.
Después de todo no ha ido tan mal eso de plantar cara. Desde ese día, cuando habla conmigo, lo hace mucho más relajada. La tía se había pensado que era una mosquita muerta, que le respondía a todo que sí, que siempre le decía que intería mejorar, y se había estado cebando conmigo. Pues hasta aquí, bonita. Solo espero que sigan así las cosas, porque si en tres días se le pasa soy capaz de suicidarme.
Antes he dicho que tuve una revelación: estoy cansada de poner la otra mejilla. A partir de hoy pienso contestar lo que me de la gana, y no callarme nada. Una intenta ser responsable, ser agradable y educada y te lo pagan así, con malos modos. La gente te ve débil, y se aprovecha. Pues nunca más.
Estaba yo en el trabajo sentadita sin nada que hacer, muerta de asco y muy aburrida. Llevaba de miranda toda la tarde, y como no me puedo levantar de mi sitio hasta que vengan clientes, pues me entretenía yo mirando a una compañera que tenía justo delante de mí. La pobre se estaba volviendo loca con unos problemas que le daban unos albaranes. La mujer contaba y contaba:
- Uno... dos... tres... cuatro..., dieciocho... diecinueve... - Introducía el resultado en el ordenador y
Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Nada, no le salía la cuenta. Llena de voluntad, volvía a empezar:
- Uno... dos... tres... cuatro... cinco.... - y de nuevo:
Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
A la quinta vez que el ordenador le pitaba, la pobre desesperada me miró implorante. Yo sabía desde el principio cuál era el problema. Y no penséis que no se lo había dicho por mala persona, no de eso na. No se lo había dicho porque me exponía a una buena bronca si me ponía a hablar con ella a grito pelao desde mi mesa a la suya. Ya había pensado en llamarla por teléfono a su extensión y decírselo. De hecho lo intenté, pero debía tener el teléfono mal colgado, porque cada vez que marcaba su número me comunicaba. Entonces recordé que cuando yo llevaba unos tres o cuatro días trabajando me pasó exactamente lo mismo, y cansada de recontar y recontar sabiendo que hacía algo mal, pero sin saber qué era, llame a la coordinadora para que me lo explicara. La Cara E.T (os juro que se parece al cariñoso extraterrestre, pero sin ser cariñosa, la muy puta) acudió indignadísima, y me echó una buena reprimenda por no saber hacer bien algo que NADIE me había explicado. Imaginándome lo que le vendría encima a la compañera si llamaba a la cara E.T, decidí arriesgarme y explicárselo.
- ¡¡¡¡¡Lo que tienes que hacer es separar los albaranes que sean de tarjerta de crédito de los que no, y meterlos por separado!!!!!- y ella:
- ¿¿¿Qué??? ¡¡¡No te oigo!!! - y yo:
- ¡¡¡Los de tarjeta de crédito!!! ¡¡¡Introdúcelos a parte!!!
-¿Qué los guarde dónde?
Todo esto a grito pelado, que un par de cilentes estaban alucinando. Y yo: Joder... ¡¡¡Cuelga el teléfono, que te llamo!!!
En esto que la cara E.T se coscó de nuestra conversación, y se acercó a mí:
- Violeta, ¿es qué a caso no sabes que no puedes hablar con las compañeras mietras estás trabajando? Si quieres algo me lo pides a mí.
- Ya... es que... tiene un problema... no sabe cómo se hace...
- Pues que me llame ella.
Y diciendo esto se dirigió a su mesa. Lo he intentado, pensé.
Cuando llegó, mi compañera le explicó lo ocurrido. La Cara E.T, muy amablemente le señalo el problema, e incluso, ví como se lo apuntaba en un papel para que no se le olvidase. Yo no cabía en mí de mi asombro. Cuando terminó, la muy puta regresó y me dijo con cara vinagre:
- Es normal que la pobre no sepa hacerlo. Nadie se lo ha explicado, y sólo lleva aquí unas semanas. Pero tú, que ya sabes de sobra cómo funciona esto, no tienes excusa. No debes hablar a grito pelado. No tienes escusa, Violeta. A ver si vamos espabilando.
Claro, cuando yo llevaba tres días y no fuí capaz de hacerlo, es que era una inútil. Claro, es que a todo el mundo hay que tratarle con paciencia menos a mí. Claro, claro. Se me estaba cayendo la cara de vergüenza, porque acaban de llegar dos clientes que estaban escuchando la reprimenda. Así que exploté:
- Vete a la mierda.
- ¿Qué has dicho Violeta?
- Que a la mierda. Cuando me pasó a mi lo mismo, me llamaste de todo menos bonita,- las palabras salían de mi boca como si no fuese yo quién las pronunciase. Quería parar pero no podía. Dios, la estaba cagando. Dios, Violeta, cállate... - Tu trabajo consiste en solucionar nuestros problemas para que todo vaya bien. Y cada vez que tengo un problema me echas la bronca. Esre tú quién no hace bien su trabajo, no yo. - ¿He dicho yo eso? Debo estar soñando... -Y ahora resulta que intento ayudarla y también es mi culpa. Si lo hago todo mal, despídeme. Hay mil trabajos de mierda como este.
- Ya hablaremos luego.
Los dos clientes que estaban esperándo a ser atendidos no me dieron ningún problema. Creo que les había asustado. Al marcharse, el hombre me dijo: - Has tenido mucho valor, ojalá cuando vuelva puedas atenderme otra vez, aunque, sinceramente, no lo creó. Y me guiñó un ojo.
Aquello me subió el ánimo. Llevo trabajando poco menos de dos meses. No hay un día que no llegue a casa deprimida por lo mal que me hace sentir la cara E.T. Broncas por todo. Y si hago algo mal, lo admito y agacho las orejas. Pero no veo justo que me grite por hacer mal cosas que no se me han explicado primero. Cuando pido ayuda, no me ayuda, pero corre a ayudar a cualquier otro novata. En una ocasión reprendió a una compañera que ya había terminado su turno, y que al verme apurada, se quedó un poco más para ayudarme. Esa noche, mientras recogía mis cosas, pensé que esa era la última vez que lo haría. Pero me sentí orgullosa de haber sido capaz de plantar cara. Sin embargo, antes de salir, esperándome una buena reprimenda de cara E.T, le avisé de que me iba a casa. De sus labios sólo salieron tres palabras:
- Hasta mañana, Vi.
Después de todo no ha ido tan mal eso de plantar cara. Desde ese día, cuando habla conmigo, lo hace mucho más relajada. La tía se había pensado que era una mosquita muerta, que le respondía a todo que sí, que siempre le decía que intería mejorar, y se había estado cebando conmigo. Pues hasta aquí, bonita. Solo espero que sigan así las cosas, porque si en tres días se le pasa soy capaz de suicidarme.
Antes he dicho que tuve una revelación: estoy cansada de poner la otra mejilla. A partir de hoy pienso contestar lo que me de la gana, y no callarme nada. Una intenta ser responsable, ser agradable y educada y te lo pagan así, con malos modos. La gente te ve débil, y se aprovecha. Pues nunca más.
Se abre el debate
Antes de nada, siento mucho haberos tenido tan abandonados últimamente. Estas últimas semanas he estado bastantre liada entre el trabajo y los asuntos de la universidad y no he dedicado nada de tiempo a lo que en realidad me gusta hacer. Muchas gracias por interesaros.
Hace unos días, estaba yo con unos amigos en uno de esos bares irlandeses en los que ponen buena cerveza de importación y patatas tres salsas; cuando una de las "contertulias" allí presente, que tiene una hija de algo menos de cuatro años llamada Andrea, y que se quedó embarazada según ella porque, y cito textualmente: "la píldora tiene un 99 % de eficacia y yo me encuentro en el 1 % restante" (aunque el sorprendido padre de la criatura no opina lo mismo a cerca del supuesto error) comentó lo indignadísima que está con la programación televisiva:
"Yo a mi Andrea no la dejo ver los dibus a la hora de comer. Muchas mamis de la guarde me dicen que le ponen los Simpson o Padre de familia a los nenes para que se estén quietos, pero yo no dejo que mi niñita vea esas cosas".
En ese momento, levante la vista de mi pinta esperanzada, ya que se me ocurrió la feliz idea de que la afirmación podría abrir un debate interesante que revitalizase la conversación, que hasta ese momento agonizaba entre dos temas: "Mi Andreíta" y "El cerdo de su padre". Mis plegarías no fueron escuchadas, por lo tanto me marché con viento fresco, porque yo (al menos de momento) sí que me encuentro entre el 99% de mujeres a los que la píldora sí les hace efecto, y a esas alturasde la velada, tenía mejores cosas que hacer que seguir debatiendo sobre sí los pañales tienen o no tienen impuesto de lujo.
Por eso he decido trasladar el debate aquí. ¿Sois de los que opináis que los dibujos de hoy en día ya no son como los de antes? o bien, ¿opináis que los dibujos de hoy en día no son como los de antes, pero que los niños tampoco? Yo creo que ya va siendo hora de obviar los cuentos con final feliz, basados en el sueño americano y con olor caduco a Disney, que no hacen sino ovacionar unos valores un tanto caducos; que enseñan a las nuevas generaciones que hay un gran orden planetario o algo así que se encarga de castigar al malvado y hacer que el bueno se quede siempre con la chica. Ya va siendo hora de enseñar a nuestros niños, desde bien pequeños, que el mundo es algo duro e injusto, y que si la vida te trata mal, lo que tienes que hacer es levantarte, y volver a intentarlo. No digo con esto que tengamos que educar a unos futuros cínicos, sólo que no hay que engañarles con el ideal Disney, porque luego se sentirán eso, engañados. Además, ¡qué coño! Que me encanta Padre de Familia, porque frivoliza muchos aspectos de la sociedad americana que a todos nos hacen gracia, y que ya estoy harta de familias prefectas y felices que se dicen mucho que se quieren y que se abrazan cada media hora.
Se abre el debate

Hace unos días, estaba yo con unos amigos en uno de esos bares irlandeses en los que ponen buena cerveza de importación y patatas tres salsas; cuando una de las "contertulias" allí presente, que tiene una hija de algo menos de cuatro años llamada Andrea, y que se quedó embarazada según ella porque, y cito textualmente: "la píldora tiene un 99 % de eficacia y yo me encuentro en el 1 % restante" (aunque el sorprendido padre de la criatura no opina lo mismo a cerca del supuesto error) comentó lo indignadísima que está con la programación televisiva:
"Yo a mi Andrea no la dejo ver los dibus a la hora de comer. Muchas mamis de la guarde me dicen que le ponen los Simpson o Padre de familia a los nenes para que se estén quietos, pero yo no dejo que mi niñita vea esas cosas".
En ese momento, levante la vista de mi pinta esperanzada, ya que se me ocurrió la feliz idea de que la afirmación podría abrir un debate interesante que revitalizase la conversación, que hasta ese momento agonizaba entre dos temas: "Mi Andreíta" y "El cerdo de su padre". Mis plegarías no fueron escuchadas, por lo tanto me marché con viento fresco, porque yo (al menos de momento) sí que me encuentro entre el 99% de mujeres a los que la píldora sí les hace efecto, y a esas alturasde la velada, tenía mejores cosas que hacer que seguir debatiendo sobre sí los pañales tienen o no tienen impuesto de lujo.
Por eso he decido trasladar el debate aquí. ¿Sois de los que opináis que los dibujos de hoy en día ya no son como los de antes? o bien, ¿opináis que los dibujos de hoy en día no son como los de antes, pero que los niños tampoco? Yo creo que ya va siendo hora de obviar los cuentos con final feliz, basados en el sueño americano y con olor caduco a Disney, que no hacen sino ovacionar unos valores un tanto caducos; que enseñan a las nuevas generaciones que hay un gran orden planetario o algo así que se encarga de castigar al malvado y hacer que el bueno se quede siempre con la chica. Ya va siendo hora de enseñar a nuestros niños, desde bien pequeños, que el mundo es algo duro e injusto, y que si la vida te trata mal, lo que tienes que hacer es levantarte, y volver a intentarlo. No digo con esto que tengamos que educar a unos futuros cínicos, sólo que no hay que engañarles con el ideal Disney, porque luego se sentirán eso, engañados. Además, ¡qué coño! Que me encanta Padre de Familia, porque frivoliza muchos aspectos de la sociedad americana que a todos nos hacen gracia, y que ya estoy harta de familias prefectas y felices que se dicen mucho que se quieren y que se abrazan cada media hora.
Se abre el debate






