¿Cómo se diferencian las fluctuaciones hormonales femeninas de lo que se puede considerar un auténtico trastorno bipolar?
Lanzo esta pregunta al aire por si tengo la suerte de que algún doctor o doctora se pasen por mi humilde página, lo que,por cierto, me llenaría de orgullo (y satisfacción... ejejejjeej, en fin, que chiste más malo...).
Es que creo que la dependienta del videoclub de debajo de mi casa está mal. A ver, que os pongo en antecedentes para ilustraros mis temores.
Estamos a final de mes, y ni mi chico ni yo tenemos un duro (como el ochenta por ciento de la sociedad española a estas alturas del ciclo lunar...). Además, tengo el último examen a la vuelta de la esquina y a ver si lo apruebo de una puta vez que me esta costando. Por eso, este fin de semana, de salir poca leñe. Por eso decidimos montarnos un maratón de cine de diversos géneros para pasar las noches del viernes y del sábado. Solemos dedicarnos a la sana práctica del pirateo desde el emule, por lo que cada vez visitamos menos el videoclub. Pero este finde no hemos dado un homenaje y nos hemos sacado un bono de 10 euros en el video, así, tirando la casa por la ventana, que sólo se vive una vez.
La cosa es que la dependienta del video, una chica de unos 28 o 29 años, pero que aparenta doce dado su poca estatura y extremada delgadez, es más rara que un perro verde. Eso siempre lo he creído. Un día la pillas de malas y te monta un pepito almendrao por entregar la película tarde. A la semana siguiente, se siente compasiva y te perdona la multa. Yo ya estoy acostumbrada, no así mi chico que tiene verdadero pavor a ir al videoclub sólo. Me cuenta que cuando va sin mí, la tía le tira los trastos y que hasta ha llegado a regalarle los paquetes de revueltos, cosa realmente extremecedora.
Pero lo de este fin de semana ha sido pa llamar a Iker Jiménez. Llegamos el viernes a eso de las diez y media. Eso a ella le suele molestar, porque como cierra a las once, no le gusta que lleguemos tan tarde porque sabe que nos tiramos un montón y cierra tarde. Así ya me ves a mí:
-"Cari corre, acelera, mira que hora es, que nos va a gritar la Pepa"
- "¡¡Ya voy!!, no puedo darme más prisa, si me he saltao tres semáforos!"
Así llegamos los dos, jadeantes. Y para nuestra sorpresa nos recibe sonriente ofreciéndonos una "buena" película que acababan de entregar. (Yo, "Ésta ha follao"). Dudamos en si coger o no la peli, porque llevaba yo preparadas las cuatro primeras del maratón, pero al final decicimos pillarla, Ésta está muy empeñada, y no es cuestión de tentar a la suerte, dice mi chico.
Cuando vamos a pagar su sonrisa se diluye como por arte de magia, y me suelta como un gruñido:
- "Es la cuarta vez que alquilas Pulp Fiction", ¿es que no sabes coger novedades?, claro, como son más caras...
Mi chico sale en mi defensa, y con el tono más dulce de su voz le explica que soy muy cinéfila y que, extrañamente para él, me gusta Tarantino. Ella le mira cándidamente y le ofrece Four Rooms gratis, que también es antigua y nos hace 2X1.
Para mayor sorpresa, deleíta nuestros oídos con un chiste. ¡¡Un chiste!! No me lo puedo creer. De repente, los ojos se le inyectan en sangre, nos mira con cara sicópata y suelta:
-"Ala, los dos pa la puta calle, coño, que son las once ya, siempre jodiendo estáis".
El sábado mi novio me ruega que vaya yo a devolver las pelícualas y a coger las nuevas, que a él la Pepa le produce terrores nocturnos. Me apiado de él, y consiento.
Cuando llego al video, la Pepa sonríe extasiada. Por lo visto estaba esperándome, porque un cliente le acababa de pedir una de las películas que el día anterior me había llevado. Me presenta al hombre, y me incita a aconsejarle. Yo, alucinando, y el caballero, no muy ducto en cine, me pide consejo sin parar sobre, esta, aquella, la otra... Le recomiendo "Café sólo o con ellas", que seguro que le gusta a su señora esposa. El señor dice que de cine español nada, que no soporta a Almodóvar (¿?¿?¿ como si Almodóvar fueses el único director español). Yo le ofrezco El Padrino, El Sexto Sentido, Con la Muerte en Los Talones o algo así. La Pepa permance a mi lado aplaudiendo mis indicaciones, "Si es que Vi entiende de cine...", "Es que es muy cinéfila ella, le gusta Tarantino...".
Cuando por fin voy a pagar, aparece mi chico. Se le ha antojado una tarrina de helado de Ben & Jerrys y como no me he llevado en móvil a bajado a avisarme.
La Pepa sufre otra de sus transformaciones y se convierte en Mr. Hyde.
-"Pero ¿es qué no puedes dejar a la pobre sola ni un momento? ¿Qué te crees, que no sabe elegir ella?, ¿o qué se va a ir con otro mientras tanto?
-"No... si yo solo venía a por helado..."
- "¡Pues a ver si comes más verduras, que están echando tripa!"
Nos marchamos y me despido del caballero, que finalmente se llevaba la última de Rocky, en fin. Cuando llegamos a la puerta, la versión amable de Pepa nos grita:
-"¿Hoy no lleváis revueltos? Anda, coged un paquete rápido, antes de que venga el jefe, que hay que mimar a los clientes..."
A mi me ha dejado traumatizada. A mi chico más. Ayer se quedó dormido en el sofá, y entre ronquido y ronquido juraría que pude entender:
-"No, Pepa, no me pegues, que no te he traído con retraso la película..."
Es que creo que la dependienta del videoclub de debajo de mi casa está mal. A ver, que os pongo en antecedentes para ilustraros mis temores.
Estamos a final de mes, y ni mi chico ni yo tenemos un duro (como el ochenta por ciento de la sociedad española a estas alturas del ciclo lunar...). Además, tengo el último examen a la vuelta de la esquina y a ver si lo apruebo de una puta vez que me esta costando. Por eso, este fin de semana, de salir poca leñe. Por eso decidimos montarnos un maratón de cine de diversos géneros para pasar las noches del viernes y del sábado. Solemos dedicarnos a la sana práctica del pirateo desde el emule, por lo que cada vez visitamos menos el videoclub. Pero este finde no hemos dado un homenaje y nos hemos sacado un bono de 10 euros en el video, así, tirando la casa por la ventana, que sólo se vive una vez.
La cosa es que la dependienta del video, una chica de unos 28 o 29 años, pero que aparenta doce dado su poca estatura y extremada delgadez, es más rara que un perro verde. Eso siempre lo he creído. Un día la pillas de malas y te monta un pepito almendrao por entregar la película tarde. A la semana siguiente, se siente compasiva y te perdona la multa. Yo ya estoy acostumbrada, no así mi chico que tiene verdadero pavor a ir al videoclub sólo. Me cuenta que cuando va sin mí, la tía le tira los trastos y que hasta ha llegado a regalarle los paquetes de revueltos, cosa realmente extremecedora.
Pero lo de este fin de semana ha sido pa llamar a Iker Jiménez. Llegamos el viernes a eso de las diez y media. Eso a ella le suele molestar, porque como cierra a las once, no le gusta que lleguemos tan tarde porque sabe que nos tiramos un montón y cierra tarde. Así ya me ves a mí:
-"Cari corre, acelera, mira que hora es, que nos va a gritar la Pepa"
- "¡¡Ya voy!!, no puedo darme más prisa, si me he saltao tres semáforos!"
Así llegamos los dos, jadeantes. Y para nuestra sorpresa nos recibe sonriente ofreciéndonos una "buena" película que acababan de entregar. (Yo, "Ésta ha follao"). Dudamos en si coger o no la peli, porque llevaba yo preparadas las cuatro primeras del maratón, pero al final decicimos pillarla, Ésta está muy empeñada, y no es cuestión de tentar a la suerte, dice mi chico.
Cuando vamos a pagar su sonrisa se diluye como por arte de magia, y me suelta como un gruñido:
- "Es la cuarta vez que alquilas Pulp Fiction", ¿es que no sabes coger novedades?, claro, como son más caras...
Mi chico sale en mi defensa, y con el tono más dulce de su voz le explica que soy muy cinéfila y que, extrañamente para él, me gusta Tarantino. Ella le mira cándidamente y le ofrece Four Rooms gratis, que también es antigua y nos hace 2X1.
Para mayor sorpresa, deleíta nuestros oídos con un chiste. ¡¡Un chiste!! No me lo puedo creer. De repente, los ojos se le inyectan en sangre, nos mira con cara sicópata y suelta:
-"Ala, los dos pa la puta calle, coño, que son las once ya, siempre jodiendo estáis".
El sábado mi novio me ruega que vaya yo a devolver las pelícualas y a coger las nuevas, que a él la Pepa le produce terrores nocturnos. Me apiado de él, y consiento.
Cuando llego al video, la Pepa sonríe extasiada. Por lo visto estaba esperándome, porque un cliente le acababa de pedir una de las películas que el día anterior me había llevado. Me presenta al hombre, y me incita a aconsejarle. Yo, alucinando, y el caballero, no muy ducto en cine, me pide consejo sin parar sobre, esta, aquella, la otra... Le recomiendo "Café sólo o con ellas", que seguro que le gusta a su señora esposa. El señor dice que de cine español nada, que no soporta a Almodóvar (¿?¿?¿ como si Almodóvar fueses el único director español). Yo le ofrezco El Padrino, El Sexto Sentido, Con la Muerte en Los Talones o algo así. La Pepa permance a mi lado aplaudiendo mis indicaciones, "Si es que Vi entiende de cine...", "Es que es muy cinéfila ella, le gusta Tarantino...".
Cuando por fin voy a pagar, aparece mi chico. Se le ha antojado una tarrina de helado de Ben & Jerrys y como no me he llevado en móvil a bajado a avisarme.
La Pepa sufre otra de sus transformaciones y se convierte en Mr. Hyde.
-"Pero ¿es qué no puedes dejar a la pobre sola ni un momento? ¿Qué te crees, que no sabe elegir ella?, ¿o qué se va a ir con otro mientras tanto?
-"No... si yo solo venía a por helado..."
- "¡Pues a ver si comes más verduras, que están echando tripa!"
Nos marchamos y me despido del caballero, que finalmente se llevaba la última de Rocky, en fin. Cuando llegamos a la puerta, la versión amable de Pepa nos grita:
-"¿Hoy no lleváis revueltos? Anda, coged un paquete rápido, antes de que venga el jefe, que hay que mimar a los clientes..."
A mi me ha dejado traumatizada. A mi chico más. Ayer se quedó dormido en el sofá, y entre ronquido y ronquido juraría que pude entender:
-"No, Pepa, no me pegues, que no te he traído con retraso la película..."
Dulces sueños
Voy corriendo por un extraño prado, y extraño porque la hierba es de color rosa. El cielo ha perdido su azul añil para teñirse de un verde pistacho que dan ganas de comérselo. Al fondo, un edificio. No lo veo bien, no sé lo que es, pero algo me empuja a acercarme corriendo. Cuanto más cerca estoy más me llega un dulce olor. Es un olor conocido, de infancia. Huele... huele... a ¡¡¡nube de caramelo!!! Pero, ¿qué ven mis ojos? Una casita de un solo piso, con el tejado de chocolate, las paredes de nube y los cristales de caramelo. ¡¡Estoy en el cuento de Hansel y Gretel!! Me acerco a la casita, casi puedo tocarla. Me da miedo extender mi mano y robar un poco de alféizar, que es de turrón. Cuando por fín me decido a hincar el diente, me decanto por el lacasito gigante que hace las veces de pomo en la puerta. Acerco mi boca, la abro, la abro. más, más y
- Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Mierda. El puto despertador. Abro los ojos y hace un frío de mil demonios. A fuera caen chuzos de punta. Hace la hostia que no veía llover así. Me levanto renqueando y entre tos y tos me dispongo a tomar mi desayuno diario: Un cigarillo con una cocacola. Enciendo el agua de la ducha y la dejo correr para que se caliente mientras me fumo otro cigarro.
Hoy va a ser un gran día, un día importante. Voy a subir a la universidad después de casi dos meses que no paso por allí, para elegir el destino de mis prácticas. El broche final a cinco años de absurdos estudios. Si soy afortunada, conseguiré una plaza en una empresa en la que no me paguen, pero que tampoco me puteen mucho. Si no lo soy... me van a dar por culo cuatro meses.
Cuando llego a la parada del autobús me doy cuenta de que a algún edil del ayuntamiento se le ha ocurrido la brillante idea de quitar la marquesina. ¡¡Con la que está cayendo, por Dios Santo Bendito!! No me queda más remedio que esperar al raso a que el autobús se digne a venir. Me fumo otro cigarro mientras intento esquivar los chorros de agua que me lanzan los coches al rodar sobre los charcos. Nota mental: cómprate un paraguas. Nota mental 2: mañana quédate en la cama.
Cuando por fin llega el autobús me doy cuenta de que han vuelto a subir las tarifas. Tengo que empezar a coger el coche. Son las nueve y media de la mañana, estoy empapada, congelada, y muerta de sueño.
A las dos y media entro por la puerta de casa. Sigo empapada, congelada y muerta de sueño, pero por lo menos, ya tengo plaza. Una televisión local estará encantada de contar con mis servicios de redactora. Deseadme suerte. Hoy ha sido el día de los dulces sueños: uno del que me he despertado, y otro, el que está a punto de comenzar.
- Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Mierda. El puto despertador. Abro los ojos y hace un frío de mil demonios. A fuera caen chuzos de punta. Hace la hostia que no veía llover así. Me levanto renqueando y entre tos y tos me dispongo a tomar mi desayuno diario: Un cigarillo con una cocacola. Enciendo el agua de la ducha y la dejo correr para que se caliente mientras me fumo otro cigarro.
Hoy va a ser un gran día, un día importante. Voy a subir a la universidad después de casi dos meses que no paso por allí, para elegir el destino de mis prácticas. El broche final a cinco años de absurdos estudios. Si soy afortunada, conseguiré una plaza en una empresa en la que no me paguen, pero que tampoco me puteen mucho. Si no lo soy... me van a dar por culo cuatro meses.
Cuando llego a la parada del autobús me doy cuenta de que a algún edil del ayuntamiento se le ha ocurrido la brillante idea de quitar la marquesina. ¡¡Con la que está cayendo, por Dios Santo Bendito!! No me queda más remedio que esperar al raso a que el autobús se digne a venir. Me fumo otro cigarro mientras intento esquivar los chorros de agua que me lanzan los coches al rodar sobre los charcos. Nota mental: cómprate un paraguas. Nota mental 2: mañana quédate en la cama.
Cuando por fin llega el autobús me doy cuenta de que han vuelto a subir las tarifas. Tengo que empezar a coger el coche. Son las nueve y media de la mañana, estoy empapada, congelada, y muerta de sueño.
A las dos y media entro por la puerta de casa. Sigo empapada, congelada y muerta de sueño, pero por lo menos, ya tengo plaza. Una televisión local estará encantada de contar con mis servicios de redactora. Deseadme suerte. Hoy ha sido el día de los dulces sueños: uno del que me he despertado, y otro, el que está a punto de comenzar.
Sensaciones
El 2008 ha irrumpido en mi vida decidido a hacerme reaccionar. Lo que el 2008 no sabe, es que soy de ideas fijas y si yo digo que no me levanto, pues no me levanto.
La noche del 31 no fue nada del otro mundo. Como todos los años, hacía un frío de mil demonios, así que, como todos los años, renuncié a ponerme monísima de la muerte con un súpermodelito, y terminé con unos vaqueros y unos zapatos planos para no cansarme. Cené lo justo, porque como debido a las copichuelas que te tomas con la cuadrilla antes de cenar llegué medio bolinga a casa, tuve que hacer un esfuerzo para comerme dos langostinos.
Había decidido el itinerario de esa noche al dedillo, pero al final las cosas se tuercen, no hay taxis... en fin. Me quedé en mi barrio con una pareja de amigos y llegué a casa a eso de las cuatro de la mañana. ¡Por Dios! Me estoy haciendo vieja a pasos agigantados. Las últimas nocheviejas había salido a beber y drogarme (un poquito, que un día es un día) hasta quemar la ciudad, y llevaba años sin poder levantarme al día siguiente para comer con la familia. Este año, sin embargo, a las once de la mañana en pie. Como una niña buena. y no ha estado nada mal la experiencia. Sin embargo, me he quedado con las ganas de correrme una buena juerga, pero hay muchos fines de semana más.
El día tres de enero recibí una gran noticia: voy a ser madrina. Llevo años esperando este bebé, y ahora que ya había perdido la esperanza de serlo, me encuetro con que en menos de ocho meses voy a tener que empezar a cambiar pañales. Me mola lo de ser madrina porque tengo un instinto maternal cero, y creo que difícilmente tendré hijos. Aunque quién sabe, cosas más raras he visto.
He tenido días mejores. Este principio de año ha traído consigo una melancolía azul oscura que va tiñendo poco a poco todos los aspectos de mi vida. Al contrario que a la mayoría de la gente, a quien el inicio de año les llena de ilusión por lo que estos meses les depararán, a mí no hace más que recordarme el año que ha terminado. Un año agridulce al principio, (como la salsa de los chinos) y tremendamente amargo después. Quizá el más amargo de mi vida hasta ahora.
Pero no me apetece pensar en las cosas nuevas que vendrán, porque luego no llegan, y la decepción es peor.
Mi familia, harta de verme taciturna últimamente, me increpa para que reaccione. El otro día mi madre me llamó vaga. Pero yo no soy vaga. Lo que estoy es cansada. Estoy cansada desde dentro. Todo el día. Me levanto cansada y durante todo el día no veo el momento de que llegue la hora de volver a la cama. Mi novio se calla, porque muchas veces se siente culpable de mi sufrimiento. Lo que no sabe es que la culpa es sólo mía, mía y de la vida que me ha enseñado su lado más gris.
Muchas tardes me tumbo en el sofá dispuesta a vegetar tranquilamente, en paz. Pero entonces, suena el teléfono. Alguien que quiere hablar, que quiere verme. Alguno que necesita un consejo. Bad, comiéndome el tarro con sus seúdoprblemas. El ex Bad, que me llama porque está harto de ella y me implora que haga algo. Nadie me deja en paz. Cada vez que suena el téléfono se me escapa un suspiro y respondo apática, rezando para que se hayan confundido.

Mi madre me llama vaga... Yo sólo quiero que me dejen en paz.
Pedonad por este post autocompadeciente. Será que tengo la regla... El próximo os lo prometo más alegre.
La noche del 31 no fue nada del otro mundo. Como todos los años, hacía un frío de mil demonios, así que, como todos los años, renuncié a ponerme monísima de la muerte con un súpermodelito, y terminé con unos vaqueros y unos zapatos planos para no cansarme. Cené lo justo, porque como debido a las copichuelas que te tomas con la cuadrilla antes de cenar llegué medio bolinga a casa, tuve que hacer un esfuerzo para comerme dos langostinos.
Había decidido el itinerario de esa noche al dedillo, pero al final las cosas se tuercen, no hay taxis... en fin. Me quedé en mi barrio con una pareja de amigos y llegué a casa a eso de las cuatro de la mañana. ¡Por Dios! Me estoy haciendo vieja a pasos agigantados. Las últimas nocheviejas había salido a beber y drogarme (un poquito, que un día es un día) hasta quemar la ciudad, y llevaba años sin poder levantarme al día siguiente para comer con la familia. Este año, sin embargo, a las once de la mañana en pie. Como una niña buena. y no ha estado nada mal la experiencia. Sin embargo, me he quedado con las ganas de correrme una buena juerga, pero hay muchos fines de semana más.
El día tres de enero recibí una gran noticia: voy a ser madrina. Llevo años esperando este bebé, y ahora que ya había perdido la esperanza de serlo, me encuetro con que en menos de ocho meses voy a tener que empezar a cambiar pañales. Me mola lo de ser madrina porque tengo un instinto maternal cero, y creo que difícilmente tendré hijos. Aunque quién sabe, cosas más raras he visto.
He tenido días mejores. Este principio de año ha traído consigo una melancolía azul oscura que va tiñendo poco a poco todos los aspectos de mi vida. Al contrario que a la mayoría de la gente, a quien el inicio de año les llena de ilusión por lo que estos meses les depararán, a mí no hace más que recordarme el año que ha terminado. Un año agridulce al principio, (como la salsa de los chinos) y tremendamente amargo después. Quizá el más amargo de mi vida hasta ahora.
Pero no me apetece pensar en las cosas nuevas que vendrán, porque luego no llegan, y la decepción es peor.
Mi familia, harta de verme taciturna últimamente, me increpa para que reaccione. El otro día mi madre me llamó vaga. Pero yo no soy vaga. Lo que estoy es cansada. Estoy cansada desde dentro. Todo el día. Me levanto cansada y durante todo el día no veo el momento de que llegue la hora de volver a la cama. Mi novio se calla, porque muchas veces se siente culpable de mi sufrimiento. Lo que no sabe es que la culpa es sólo mía, mía y de la vida que me ha enseñado su lado más gris.
Muchas tardes me tumbo en el sofá dispuesta a vegetar tranquilamente, en paz. Pero entonces, suena el teléfono. Alguien que quiere hablar, que quiere verme. Alguno que necesita un consejo. Bad, comiéndome el tarro con sus seúdoprblemas. El ex Bad, que me llama porque está harto de ella y me implora que haga algo. Nadie me deja en paz. Cada vez que suena el téléfono se me escapa un suspiro y respondo apática, rezando para que se hayan confundido.

Mi madre me llama vaga... Yo sólo quiero que me dejen en paz.
Pedonad por este post autocompadeciente. Será que tengo la regla... El próximo os lo prometo más alegre.