...
Tampoco esta vez hubo encuentro con Eva.
Estoy exhausta, pero no especialmente triste. Al contrario, estoy contenta… ¿eso es malo?
Lo he dejado con Bea.
Me muero por volver a enamorarme.
Tengo muchas ganas de ser feliz.
Me río de la vida, jamás podrá conmigo.
Me voy de viaje. Lejos, muy lejos.
Volveré pronto, muy pronto, con fuerzas renovadas, para comerme el mundo.
P.D. Te espero en el baño, niñata sevillana ;)
CÓMO SER IMBÉCIL Y NO MORIR EN EL INTENTO
“Eres la enfermedad y el enfermero…”
No inventes excusas, hoy te regalo una muy buena para que no tengas que pensarla.
Tus argumentos son inteligentes, pero yo no me los trago. Tus cuentos no parecen de ficción. Me atraviesas con tus abrazos virtuales, tanto que confundo qué es lo real, si tu amor o mi imaginación.
No ha habido encuentro, ni rincones andaluces, ni besos tiernos ni sexo salvaje. No existe más que el vacío de mis tonos de llamada, cansados, exhaustos de tanto esperar. Mira que lo sabía. Mira que me lo advertí. Mira que me convencí para no crearme falsas ilusiones. Cómo se aprende a no tropezar con la misma piedra…
Nadie me ha empujado al precipicio, me tiré yo solita. Me rompí el cuerpo y el alma en mil pedazos de ansiedad. Pero abajo encontré una colchoneta de aire, que me impulsó hacia arriba situándome nuevamente al borde del abismo.
Supongo que en el amor siempre albergamos esperanzas, aunque sean de mentira.
Y después del jarro de agua fría, otro plan, otro intento. Próxima parada: Martes 24 en Madrid. Si esta vez no sale bien… prometo retirarme… o no.
ENCUENTRO
Ha vuelto a aparecer.
Me dice tantas cosas… que me quiere, que me ama, me desea y me adora. Que me echa de menos, que se muere por besarme y dormir entre mis brazos.
Con cuidado, me esmero en llevar a la práctica toda clase de estrategias para que no se vuelva a marchar, pero no me sale más táctica que dejarme llevar y decirle cien veces por minuto cuánto la quiero, cuánto la espero.
No quiero predecir por nada del mundo el día que desaparezca, de repente, sin dejar rastro.
Me dice, me afirma, me convence para que nos veamos en un rincón de Andalucía los próximos días. He perdido demasiados billetes en el último segundo. He viajado muchos kilómetros para encontrarme la puerta cerrada. He explotado mi paciencia durante años.
Y ahora no sé si se arriesgará. O si horas antes anulará un encuentro más.
Yo me lanzo al precipicio… ¿alguien se atreve a decirme si, esta vez, ella también lo hará?

¿OLVIDANDO?
Sí, esta vez ligué, pero no triunfé.
Sólo acerté a dar besos de mentira pensando en nada. Es una de las sensaciones más tristes que he experimentado. Abrazar a alguien al mismo tiempo que perderme en mi soledad, mirando al infinito, sin una palabra para regalar ni un gesto que ofrecer. Rodeada de gente y una mujer para mí que no deseaba y de la que ni siquiera recuerdo su nombre. Ella agarrada a un árbol muerto, yo enganchada a un resquicio de aire.
Como una canción sin emoción, como un encuentro con despedida premeditada.
En un intento por olvidar la ansiedad, descubro, una vez más, que sigo enamorada, y que haría lo que fuera por tenerla a mi lado.
Eso sí que sería un triunfo.






