Blogs.ya.com Quitar publicidad
Cosas que siempre te dije...
... y que nunca quisiste escuchar
Acerca de
Aquí te cuento lo que siempre te dije y no quisiste escuchar. Te cuento mi día a día contigo y sin ti, cuando me amas y me odias, cuando me gritas y enmudeces. Cuando desapareces y vuelves para marcharte otra vez. Te cuento mis caos, mis vacíos, el desastre de vida que he construído sin ti. Aquí os cuento todo lo que se me pasa por la cabeza y el alma, lo que callo porque ya me cansé de gritarlo. Dudas, sugerencias, preguntas y respuestas en: nuukgroen@hotmail.com
Sindicación
 
CERRADO TEMPORALMENTE POR OPOSICIONES

Me voy y no precisamente de vacaciones. Estoy en plena Oposición, así que dejo de leer, escribir, comentar y curiosear por unos días.

Se aceptan apoyos, fuerzas, ánimos, moral y mimos, que buena falta me hacen.

Y quien sea que reparta suerte, templanza y lucidez.

Un abrazo enorme para tod@s, desde los mares del sur.
 
¡¡ QUE OS DEN !!

Ana, la novia de mi querida Eva, me llama desesperada contándome su vida en verso y sus problemas con Eva. Que si mira lo que me ha hecho, que si no me habla, que si lleva cinco días sin darme un beso…

Lo que le digo: No te preocupes Ana, esta noche hablo con Eva y le canto las cuarenta.
Lo que pienso: tiene narices que tenga que aguantar las historias de la novia de mi ex. Pues la verdad, no se me ocurriría llamar a la ex de mi ex, pero en fin, veremos a ver qué podemos hacer, que la chica me cae bien y no quiero que pase por lo que yo pasé.

Llamo a Eva, primero escucho su versión, después le monto el pollo:

Yo: Pero qué estás haciendo con Ana, está sufriendo, eres una egoísta. Reflexiona y hazme el favor de pedirle perdón porque bla bla bla…
Eva: Lo sé, soy lo peor, ya sé, eres la única que me dice las cosas claritas y me siento fatal, voy a colgar, no aguanto que me digas las verdades…
Yo: Va, no seas tonta, venga, ya sé, ya sé…

Y así, hasta las 8 de la mañana. Las dos nos confesamos, nos sinceramos y despertamos a nuestros corazones, que hasta ahora permanecen dormidos por miedo a herirlos más. Y nos confesamos tanto que nos declaramos amor eterno, tanto que nuestras almas se encuentran, se complementan y se hacen felices. Fue como hacer el amor, fue como volver a tener quince años, fue como enamorarme otra vez de la persona que más he querido en mi vida. Colgamos cuando ha salido el sol, borrachas de amor.

Al día siguiente me llama Ana. No tengo valor para cogerle el teléfono, me siento culpable. Durante el día, Eva me colapsa el móvil con mensajes de amor, de los que ya no se escriben. Y paso otra noche subida en una nube que me transporta al más allá. Hablamos de proyectos, de vernos, de viajes, de sueños, de ilusiones. Hablamos de compartirnos, por fin.

Descubro que mis sentimientos siguen ahí y que durante todo este tiempo no he hecho otra cosa que apartarlos y esconderlos por puro instinto de supervivencia.

De nuevo, Ana me reclama:

Ana: Jo, no veas qué bien, gracias por todo. Eva me ha pedido perdón, parece que ha vuelto en sí. Desde que habló contigo está súper cariñosa, de hecho nos hemos pegado unos homenajes que no veas (mi cara mientras me lo contaba no tiene precio).
Lo que digo: pues niña, no sabes cuánto me alegro, de verdad, bla bla bla…
Lo que pienso (en shock): mírala, entre mensaje y mensaje de ‘enamorada’ echando polvos con la otra. ¿Se puede saber por qué cojones me lo tiene que contar a mí? ¿Quiere matarme a disgustos?

Llamo a Eva, no me lo coge, le mando sms, no me contesta. La encuentro en el messenger y no habla, le pregunto y no responde. Constantemente me esquiva. Y por fin se atreve a teclear: que si se siente culpable por haber llegado tan lejos conmigo, que claro que me quiere pero no sabe cómo hacer para que Ana desaparezca de su vida, que si es una cobarde, que me marche si no quiero que me haga más daño, que si yo tengo a Leo, que si tiene miedo de perder a Ana (¿¡Y a mí no!?), que no quiere arriesgar.

Lo de siempre. Tendría que estar curtida de estas batallas, porque SIEMPRE me hace lo mismo, pero bueno, una vez más se me olvidó sacar el chaleco antibalas.

Y si Leo me produce un sentimiento constante de ira y rabia, Eva me provoca una tristeza que no tiene palabras.

¿Que dónde está Leo? Ni lo sé ni me importa.

Así que hoy me voy a permitir el lujo de gritar:

QUE TE DEN, EVA (por empujarme otra vez al abismo de la tristeza)
QUE TE DEN, ANA (por los daños colaterales)
QUE TE DEN, LEO (por todo)
QUE OS DEN A TODAS, QUE ME DEJÉIS EN PAZ

Amén.