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LAS MALAS COMPAÑÍAS de ZP.
ESTE chico, Zapatero, se junta con malas compañías. Parecía tan modosito y educado, y mostraba compostura en la mesa y buenas maneras con las visitas. Iba siempre lavado y repeinado, con la camisa limpia y abotonada, corbata discreta y americana planchada, que parecía un pimpollo de derechas y de buena familia. Pero en cuanto se ha visto con mando en plaza se ha juntado con los golfos del barrio y ha dado el pego a la gente de orden del partido.

Empezó a salir por las noches y a irse de puteo político con Rubalcaba, y se llevaban con ellos al pequeño Pepiño Blanco, que no tiene edad para eso. Se entretenían todos los de la banda en apedrear las ventanas de la escuela y de la Universidad, en dar masculillo a los profesores, en armar jaleo en las iglesias, hacer burla a los curas sacándoles la lengua, rompiéndoles la sotana y colgándoles muñecos de papel en la casulla. Cada día inventaban una diablura nueva. Pero lo peor llegó cuando entró en juego Moratinos, el diplomático pasmado, y comenzó a llevarse de viaje al chico y a asomarlo al exterior, que siempre puede resultar peligroso.

Las salidas de Zapatero han conseguido hacerle amigo y compinche, no ya de los golfos del barrio, sino de los golfos del globo. A lo mejor hace eso para hacer que Bush pille la rabia rabiña, en vista de que no le devuelve la llamada telefónica y en cambio se da el pico con Aznar, así se lo lleven los mengues, y más ahora que acaba de hacer un vídeo al que sólo le falta el dóberman para ser una putada de celuloide. En los extranjeros, el niño Zapatero se junta con Fidel Castro, al que llaman «El Comandante», y con Hugo Chávez, «El Bolivariano», o sea, y ha terminado por venderle navajas, tirachinas y armas negras al de Venezuela para que se haga el chulo del barrio de Suramérica. Cuando le han visto los guardias, les ha explicado que «son armas para la paz», demontre de muchacho.

Delante de las visitas europeas de orden, el puñetero recobra la compostura, se anuda bien la corbata, se alisa las greñas, pone sonrisa de san Pelayito, recita un discurso de la alianza de civilizaciones y promete enderezar entuertos. Aprovecha para hablar del centenario del Quijote y defiende a los humildes, a los marginados y a las pobres mujeres maltratadas, que ahí sí que hace una buena obra si no fuera porque luego lo echa todo a rodar con sus rectificaciones. Dijo Fraga de los socialistas que sólo aciertan cuando rectifican, pero es que estos socialistas de ahora lo que más rectifican son sus propias rectificaciones.

Los muchachos más listos de su misma banda andan preocupados por lo que haga este Zapatero de las malas compañías. No ha hecho caso de Felipe en lo tocante a desmontar el caballo, ni ha hecho caso de Alfonso en lo de la unidad nacional, ni se ha acordado del viejo profesor que avisó de que Dios siempre protege al buen marxista. Este Zapatero sólo piensa en Dios para poner la religión patas arriba. Menos mal que todavía no ha llegado a la imitación de François-Marie Arouet, o sea, Voltaire, y no se ha confesado «enemigo personal de Cristo». No ha llegado a Voltaire, ni siquiera a Largo Caballero, pero hace tiempo que se junta con malas compañías.
 
¿Una nueva forma de censura?
Los radicales quieren amordazar a quienes critican sus comportamientos e ideas. Parece ser que en España, la crítica, la opinión o simplemente la denuncia, y que ni decir tiene la burla mordaz, sólo pueden ser ejercitadas contra la derecha por parte de la izquierda.

Una reciente sentencia judicial condena al Heraldo de Aragón por informaciones publicadas en enero pasado sobre la posición de CHA y de su diputado José Antonio Labordeta en relación al Plan Ibarreche, y obliga al medio de comunicación a publicar una rectificación.

La Chunta interpuso la demanda contra Heraldo por la publicación de unas informaciones los días 3, 4 y 5 de enero, en las que aseguraba que la dirección del partido mostraba su malestar por el anuncio de su diputado en el Congreso de los Diputados, José Antonio Labordeta, de votar en contra del Plan Ibarretxe. CHA consideró que estas informaciones "faltaban a la verdad" y "perjudicaban al buen nombre y a la imagen del partido", por lo que decidió acudir a los tribunales. Ahora el fallo judicial obliga a rectificar al periódico que deberá publicar que "el rechazo público de José Antonio Labordeta al plan soberanista de Ibarreche refleja la postura mantenida por la dirección de CHA".

Según parece ERC está estudiando usar la misma táctica para judicializar las opiniones y criticas que se viertan contra ellos desde los medios de comunicación contrarios.

¿Veremos fallos judiciales que obliguen a rectificar las informaciones que faltan a la verdad y perjudican el buen nombre e imagen del PP, la Iglesia, los Legionarios de Cristo, el Opus Dei, u otros grupos minoritarios a los que se acostumbra a vapulear desde cierta prensa?.
 
Acebes: ¿La mejor forma para conseguir las ansias infinitas de paz es vender armas a Chávez?
El secretario general del PP, Ángel Acebes, preguntó este martes al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, si "la mejor forma para conseguir las ansias infinitas de paz" proclamadas por el Ejecutivo es "ir a rearmar" al presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Asimismo, el PP, en referencia al malestar expresado por Estados Unidos por la operación de venta de armamento a Venezuela, cree que es "lógico" que la misma "sorprenda a más de uno en el ámbito de la escena internacional".

Acebes realizó estas declaraciones en rueda de prensa antes de presidir, junto al presidente del PPCV y de la Generalidad valenciana, Francisco Camps, el Comité Ejecutivo Regional del PPCV. El secretario general del PP dijo desconocer "si la mejor forma para conseguir las ansias infinitas de paz, en versión Zapatero, es ir a vender armas a alguien como Chávez, con el perfil que sus políticas están llevando a cabo".

"A lo mejor eso le resulta muy coherente", añadió Acebes, pero, indicó, en "ir a rearmar a Chávez no sé si era en lo que estaba pensando cuando da ese mensaje de ansias infinitas de paz al conjunto de los españoles". Señaló que Zapatero se encuentra en Venezuela "con quienes han sido en este año sus aliados preferentes, Fidel Castro y Hugo Chávez", a lo que recalcó que hoy "habría que preguntarle al presidente del Gobierno dónde quedan esos eslóganes y la propaganda, el ansia infinita de paz" cuando "se va a vender armas a Chávez a Venezuela". Y señaló que, en relaciones exteriores, el Gobierno socialista "comenzó cediendo y se ha terminado el año cediendo en una errática política internacional".

Por todo ello, Acebes afirmó que este primer año del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha sido el de un Ejecutivo "dirigido por una empresa de publicidad", mientras que, señaló, "la realidad choca frontalmente". Acusó a los responsables del Gobierno de "engañar a los ciudadanos permanentemente" con "grandes frases hechas por un publicista", como la de "ansias infinitas de paz", dijo, "y luego se lleva en la cartera un paquete de documentos para rearmar a Chávez en Venezuela".

"Lógico" malestra de EEUU

Por su parte, el portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Eduardo Zaplana, criticó este martes al Gobierno porque, a pesar de que "defiende la paz, no tiene ningún empacho en vender armas a regímenes políticos discutibles". En referencia al malestar expresado por Estados Unidos por la operación de venta de armamento a Venezuela, afirmó que es "lógico" que la misma "sorprenda a más de uno en el ámbito de la escena internacional".

"Este Gobierno, que defiende la paz, no tiene ningún empacho en vender armas a regímenes políticos discutibles desde el punto de vista del respeto a los derechos humanos y desde el respeto a la legalidad", afirmó el portavoz popular, que añadió que España ha pasado de tener una "posición de respeto" en el escenario internacional a tener como aliados a regímenes dictatoriales como el de Cuba.

Zaplana criticó que la relación con estos "principales apoyos", como Cuba o Venezuela, no sea simplemente de amistad. "La venta de armamento genera perplejidad en otros países con los que sí que teníamos que tener una muy buena y fluida relación y que sin embargo la hemos perdido. Yo no quiero para mi país como amigos fundamentales en el escenario internacional dictadores y gobiernos regidos por personas que son tremendamente discutibles", señaló.
En su opinión, los intereses de España se defienden "al lado de naciones modernas y avanzadas que respetan los derechos humanos". "Me produce una profunda tristeza ver que ya no se habla de una posición de nuestro país de cierto privilegio en el escenario internacional, que no se habla del milagro español, de nuestra importancia, de nuestra influencia. Ahora se nos ubica en la amistad y en la relación con los dictadores y en operaciones como ésta tremendamente dudosas"
 
Ante las provocaciones del PSOE
La estrategia del PSOE de ZP, parece que se ha instalado en la provocación. Las izquierdas aguantan mal que les lleven la contraria y no les gusta enfrentarse a una oposición constante y tajante. Cuando usan contra ellos, exactamente los mismos métodos que ellos usaron antes contra los demás, se ofenden. Por eso prefieren una derecha de “bajo perfil”, es decir que se aguante y no meta mucho ruido.

Pero a ZP la base social de la derecha le ha salido contestona, mira por donde, después de los insultos y agresiones del “todos contra el PP”, no tragan a un gobierno que ha llegado al poder gracias a un horrible atentado que manipularon los medios afines de PRISA, y mucho menos a un gobierno que con una escasísima ventaja de escaños, pretenda imponer su sectarismo a la mitad de España.

Parece que para evitar esto desde el PSOE quieren recurrir a la vieja táctica -que tan bien aprendió la izquierda durante la transición- de usar el complejo de la derecha para poner en duda su carácter democrático, y ante el temor de ver deteriorada su imagen electoral por los descalificativos de derecha dura, extrema derecha, derechona o simplemente fascistas, abdique de una oposición dura y renuncie a defender principios y valores, para dejar el campo abierto a la izquierda neo-marxista.

El agresivo y rancio laicismo resucitado por las huestes de ZP, la discriminación a las victimas de ETA y el GRAPO, la comisión gubernamental para recordar a las victimas del franquismo y olvidar a las del marxismo, las ultimas provocaciones con las estatuas de Franco y José Antonio, a las que se les une la amenaza de desmantelar el Valle de los Caídos, parecen apuntar a un consciente deseo de reavivar los sentimientos guerra civilistas, con una política revanchista de ajuste de cuentas que carece totalmente de sentido y sensatez hoy en día, pero que sigue levantando pasiones enfrentadas, cuyas consecuencias pueden ser no controlables.

Parecería que el PSOE busca una reacción violenta, provoca en busca de la disculpa para lanzar toda su maquinaria propagandística contra la derecha para descalificarla como radical y obligarla a que afloje en su oposición contra el gobierno ZP.

Ya sabemos que ZP no tiene escrúpulo alguno en usar cualquier cosa para mantenerse en el poder, si está dispuesto a vender la unidad de España a los separatistas, ¿por qué no iba a estar dispuesto a acudir a reavivar el odio entre españoles?

La derecha debe mantenerse firme ante estas provocaciones, mantener una oposición dura y acudir a la protesta contundente frente a los atropellos del sectarismo de ZP, pero siempre pacíficamente. Del “No a la guerra” de la izquierda debemos pasar al “No al sectarismo. No al odio entre españoles”. Si el PP quisiese podría lanzar una campaña idéntica a la que sufrió, veremos si sus dirigentes tienen redaños para atreverse a plantar cara al PSOE con sus mismas armas.
 
Gobernar sin dialogar
El presidente del Gobierno ha concretado más su propuesta de alianza de civilizaciones ante la Liga Árabe; se trata de una interesante propuesta de diálogo internacional. Estos deseos chocan con una serie de cuestiones de política nacional. Un tema importante es el avance de la ley de «matrimonios homosexuales». Diversas plataformas ciudadanas, que representan a millones de familias, han solicitado hablar con el Gobierno sobre este tema, sin obtener audiencia. Se le está queriendo decir al Gobierno que el matrimonio -mujer, marido e hijos si los hay- es una realidad distinta a la unión de homosexuales y que, por tanto, un tratamiento distinto es adecuado. No hay en ello un ápice de discriminación; es más: la discriminación es contra las familias por igualar dos cosas que no son iguales. Zapatero ha dicho en Argelia que no se debe «temer a la libertad», que «la libertad ejercida en el marco de Estado de Derecho es la mejor barrera contra la intolerancia y el fanatismo». Debería aplicarse sus propias palabras: no admite el diálogo con las familias. Tampoco hay diálogo con las más de tres millones de firmas a favor de la clase de Religión equiparable a otras asignaturas en la escuela. No hay diálogo fecundo con legisladores y ciudadanos respecto a los divorcios rápidos. No hay diálogo con miles de investigadores y ciudadanos que piden que el embrión humano sea tratado con dignidad. ¿Dónde está el talante de diálogo del Gobierno? Nos encontramos ante un Gobierno estatalista que ignora que el corazón de la democracia está en saber que son los ciudadanos quienes deben elegir, consensuadamente, sus modelos de vida y valores.
 
El crédito comienza a menguar.
Sí, eso es lo que pasa al crédito obtenido por el gobierno de Zapatero, está comenzando a reducirse a marchas forzadas. Sr. Zapatero, el país que olvida su pasado, está condenado a repetirlo. Tome usted nota del apunte. Parece ser que primero empeñado en abrir heridas ya cicatrizadas, el Sr. Aznar se dedicaba a soliviantar a las izquierdas. Lo hacía con gestos y comportamientos que producían resquemor interior en una gran mayoría de españoles.

Ahora, es usted y su gobierno de mujeres poco capacitadas para ser lo que son (en política), el que está empeñado en que las heridas internas, los resquemores sangrantes se produzcan en la otra mitad de españoles. Digo otra mitad, porque desgraciadamente, en España existen dos bandos ideológicos políticamente hablando.

¿Cómo se puede ser tan torpe para que mientras dan un homenaje a uno de los sanguinarios de la guerra civil (y eso está probado), con la asistencia de sus ministros y creo que hasta de usted mismo, con la presencia de los de siempre que se apuntan a un bombardeo, repito mientras homenajean en su cumpleaños a Carrillo, permitan y den orden de desmantelar la estatua ecuestre del General Franco?

Con la torpeza de su Ministra de Fomento (otra más para apuntarle a la lista a esta señora), y lógicamente con su aprobación Sr. Zapatero, ustedes al igual que el Sr. Aznar se dedican a levantar ampollas, a abrir heridas en la otra media España.

Sr. Zapatero, la democracia debe de unir y no separar a los ciudadanos de un país. Creo que si el señor Aznar se dedicó a dañar a un sector de españoles con su comportamiento antidemocrático en infinidad de ocasiones, usted y su gobierno están haciendo lo mismo y es usted tan antidemocrático como su predecesor en la jefatura del gobierno.

¿Tanto les molestaba la estatua ecuestre?, pues también molesta a muchos ciudadanos que algunas calles de sus pueblos y ciudades, se llamen Lenin, Estalin, Mao, etc. y sin embargo, nadie pide que las quiten. Entre usted y su antecesor en el cargo, han despertado los odios y los rencores que parecían dormidos para siempre. Espero que el tiempo no me de la razón.
 
Objetivo: silenciar Telemadrid

Desactivar una de las voces de referencia del pluralismo, abrir espacio publicitario y en el share a Localia y Canal + y, sobre todo, extender una cortina de humo sobre la crisis galopante de TVE son tres de los motivos de la campaña de acoso y derribo contra Telemadrid.

Se trata de seguir paso a paso con la dirección de informativos de Telemadrid la misma hoja de ruta del descrédito que se siguió con Alfredo Urdaci en Televisión Española.

El detonante de la escalada de la ofensiva ha sido el reportaje Cuatro días que cambiaron España, dirigido por José Antonio Ovies. El pecado capital de una aséptica narración cronológica fue la recuperación de la fonoteca de la cadena SER, una especie de curioso secreto de Estado.

Sin embargo, la campaña contra Telemadrid viene de antes y se ha incrementado en relación directa con la profundización de la crisis de la TVE de Carmen Caffarel y con los planes expansivos del grupo Prisa.

Telemadrid, puesta en marcha por el PSOE, durante 15 años ha sido predio de ese partido, de IU y de los sindicatos. Ese esquema no varió en tiempos de Alberto Ruiz-Gallardón. Las cosas cambiaron con Esperanza Aguirre. Telemadrid es una voz discrepante en el monolitismo del pensamiento único.

El acoso pasa por instalar en el conflicto a la plantilla y desacreditar el trabajo de los profesionales, situados bajo la acusación de manipulación, si no se prestan a seguir las consignas del PSOE.

La estrategia es bien conocida por Miguel Ángel Sacaluga, quien en la operación contra Urdaci asumió el papel de sicario político de José Blanco.

Según Urdaci, el tipo de amenazas de Sacaluga eran del tipo "si no quieres que hagamos sangre contigo, nos tienes que colocar los mensajes que queremos difundir" o "en la Ejecutiva de mi partido hay gente que piensa que hay que llevarte a los tribunales; otros creen que es mejor no hacer nada, y hay también quien dice que lo mejor es llamar a tu casa para decir que sabemos en qué colegio estudian tus hijos".

 
EL TRANCE DEL PSOE

LOS datos son objetivos y no meros juicios de valor. Mohamed Almallah Dabas ingresó en el PSOE después de los atentados del 11-M y ahora está en prisión incondicional e incomunicada por orden del juez Del Olmo, quien le imputa un delito de integración en banda armada por su participación en los atentados de Atocha, Santa Eugenia y El Pozo. El PSOE decretó su expulsión media hora después de ser detenido. Fernando Huarte, dirigente del PSOE de Gijón y presidente de la Asociación Nacional de Amigos del Pueblo Palestino Al Fatah, visitó en tres ocasiones a Abdelkrim Benesmail, mano derecha de Allekema Lamari, antes y después del 11-M. Según parece, Huarte pertenecía o prestaba servicios al Centro Nacional de Inteligencia desde 1992. Las crípticas palabras de José Blanco -«el PP sabía los motivos de las visitas de Huarte a la prisión»- sólo han aumentado la confusión y, por tanto, la urgencia de las explicaciones.

Otros datos objetivos. Entre el 11 y 13 de marzo de 2004, dirigentes del PSOE se ufanaron de contar con información relevante sobre los atentados antes de que llegara al Gobierno de Aznar. La jornada de reflexión del 13-M finalizó con la declaración pública de un portavoz socialista que proclamó que «los españoles se merecen un gobierno que no mienta». Finalmente, también es un dato objetivo que el PSOE se opone a que la Comisión parlamentaria del 11-M indague estas novedades, que, por otro lado, alcanzan al PP en la medida en que estaba en el Gobierno entre 1996 y 2004, mientras Fernando Huarte prestaba sus servicios para el servicio de inteligencia. El PP ha pedido comparecencias que el PSOE no acepta, entre ellas las de Huarte, el ex director del CNI, Jorge Dezcállar, y del actual responsable de este órgano. En todo caso, estas peticiones no excluyen la necesidad de un pronunciamiento definitivo por parte del PP acerca de si sabía que Huarte pertenecía al CNI y si además le constaba su militancia socialista. Ayer mismo, Eduardo Zaplana, portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, manifestó el desconocimiento de su partido, en su etapa de gobierno, acerca de las actividades de Huarte.

HASTA aquí los hechos y empiezan las preguntas inevitables, esas que parecen indignar al PSOE, porque las recibe como denuncias, sin serlo, cuando lo coherente en quien desea mantener limpia su imagen sería responderlas, para que no sea la opinión pública la que se indigne, y con razón, después de que fueran los socialistas los que tomaran su bandera entre el 11 y 13 de marzo, con un llamamiento general para conocer la verdad. Las preguntas son tan sencillas como los hechos que las provocan: ¿sabía algo Huarte sobre el 11-M?, ¿cuándo lo supo?, ¿a quién y cuándo informó de lo que sabía? Hay muchas formas para conocer las respuestas con el suficiente grado de confidencialidad que siempre requiere toda indagación sobre el servicio secreto: ante el juez que investiga el caso; ante la Comisión del 11-M, a puerta cerrada; o ante la Comisión parlamentaria prevista por la Ley 11/2002, de 6 de mayo, reguladora del CNI. Sería un error alegar ahora razones de Estado para vetar la aclaración que merece este confuso asunto. Un Estado democrático no puede pasar por alto el episodio que está viviendo la sociedad española y dejar a su espalda tal cúmulo de dudas atadas al mayor atentado terrorista sufrido por nuestro país. Por ahora, sólo se está pidiendo una aclaración amplia, sincera y convincente.

La transparencia del poder público es lo que impide la especulación y disipa la sospecha. La sociedad no debe recelar de sus gobernantes en cuestiones que atañan a la integridad de los valores fundamentales. El problema para una democracia nunca está en las preguntas de la oposición, de los medios o de los ciudadanos, sino en el silencio de los gobiernos, en sus medias verdades o en sus cortinas de humo. El PSOE hizo de la verdad un valor absoluto de la tragedia del 11-M, una catarsis purgatoria del Gobierno de Aznar. Pero la verdad no está domesticada y requiere a todos por igual.

EL PP ha visto la posibilidad de encauzar el caso desde una perspectiva más favorable a sus intereses. Debería hacerlo con cautela y serenidad para que su mensaje sea mejor entendido por una opinión pública reacia a manipulaciones, pero insistente en saber la verdad. Por su parte, el PSOE está obligado a situarse en el mismo nivel de responsabilidad institucional y a atender la demanda de información que se le ha dirigido, porque esta vez, todas las miradas, sin excepción, están sobre este partido. No hay acusadores ni acusados, pero en la lógica de la democracia parlamentaria unos preguntan y otros deben responder. La Comisión del 11-M ha demostrado la capacidad de la clase política para interferir los intereses con tácticas partidistas. Este es el momento de la contención verbal y gestual, sin especular sobre responsabilidades colectivas ni descontrolar teorías conspirativas. Es el momento de que el PSOE asuma como inevitable dar respuestas y no escudarse en excusas tópicas. Rodríguez Zapatero, como jefe del Ejecutivo y secretario general del PSOE, no debe menospreciar la compleja situación en que se halla su partido, pues estas cuestiones, que no son menores, generan inquietudes e incógnitas que emplazan directamente al Gobierno de la Nación y acaban comprometiendo el crédito del sistema institucional.

 
Preocupación en el PSE: sus encuestas internas reducen sus expectativas de escaños y le sitúan por detrás del PP.
A los socialistas vascos no les salen las cuentas. Las últimas encuestas internas que manejan relegan al PSE al tercer puesto en el escenario vasco, por detrás del PP y lejos de los 20 diputados a los que aspiraban.

Las alarmas han saltado en el cuartel general de los socialistas vascos. Las encuestas electorales encargadas por ellos han supuesto un jarro de agua fría para sus expectativas. Algunos dirigentes hablaban de conseguir 24 escaños -frente a los 13 que tenían en la Legislatura ahora terminada-, pero la realidad parece ser muy distinta. Según estos sondeos, el PSE no conseguirá ni estos 24 ni los 20 que le otorgaban diversas encuestas publicadas en las últimas semanas en distintos medios de comunicación.

Sus informes internos dicen que deberán conformase con 17 diputados en el futuro Parlamento de Vitoria. Unos resultados que, aunque mejoran sensiblemente su actual representación en el Parlamento de Vitoria, les mantendrían relegados al tercer puesto del escenario político vasco, por detrás de la coalición PNV-EA y, para su sorpresa, de un PP cuya bajada es menor de lo que se vaticinaba.

La preocupación en las filas socialistas aumentó el pasado fin de semana, después de que los periódicos del Grupo Vocento publicaran los datos de otro sondeo que frustraba también las expectativas de crecimiento ‘vendidas’ por el entorno de Patxi López. Según esta encuesta, el PSE obtenía 17 escaños, frente a los 18 del PP y los 39 -mayoría absoluta- de los tres partidos que conforman el actual Gobierno tripartito de Juan José Ibarretxe.

Ayer, miembros del equipo de Patxi López comentaban a El Confidencial que ellos restaban validez a los datos publicados por Vocento e insistían en que sus encuestas aún les sitúan por encima de los 20 diputados, colocándoles incluso como primera fuerza política en Álava.

Según fuentes políticas consultadas por este diario, estas encuestas han reactivado la oposición interna al actual líder del PSE. “Patxi no tiene tirón y, además, está jugando un papel ambiguo que está perjudicando al partido, ya que los electores no saben aún con quién pactaría. Lo que está claro es que ese mensaje que repite machaconamente de que él va a ser el lehendakari después del 17 de abril no se lo cree nadie”, apunta un político vasco consultado.

Es esa supuesta falta de ‘tiron’ de su candidato lo que ha obligado a los estrategas socialistas a jugar la baza del ‘efecto ZP’. José Luis Rodríguez Zapatero lo ha acompañado en una ocasión y volverá a hacerlo en otros tres actos de campaña. Algo que también han hecho y harán varios ministros del Gobierno de Madrid.

Paradójicamente, el PSE ha tenido que pedir en las últimas semanas la ilegalización de Aukera Guztiak, supuesta ‘lista blanca’ de Batasuna, a pesar de que su ‘no concurrencia’ a los comicios le perjudica electoralmente, según todos los sondeos. De hecho, tanto su encuesta interna como la del Grupo Vocento fue realizada bajo la premisa de que las listas de la plataforma sean finalmente rechazadas por la Justicia, y en ambas la mayoría absoluta está al alcance de la mano del tripartito precisamente por esta ausencia.

“No les quedaba más remedio que pedirla, si no querían que el PP les siguiera arañando votos constitucionalistas, pero estoy convencido de que están deseando que el Tribunal Constitucional permita finalmente concurrir a Aukera Guztiak a los comicios”, asegura un miembro del actual Gobierno de Vitoria.
 
La ruina ideológica de la izquierda.
Felipe González arrió la bandera del marxismo en el PSOE a finales de la década de los setenta. Con esa claudicación ideológica prestó sin duda un gran servicio a España, pero de forma muy especial a su propio partido. El PSOE se situó desde ese momento en una socialdemocracia que tenía como dos principios básicos la igualdad y la libertad. Treinta años después, Zapatero pretende arriar esa bandera e izar una nueva, la del socialnacionalismo, sobre dos principios alternativos: el nacionalismo y el radicalismo.

El compromiso del PSOE de Felipe González con la democracia arranca de la propia experiencia histórica de los socialistas en el exilio y en el interior durante el régimen de Franco. La lucha por la democracia se convirtió en la gran arma para acabar con la dictadura y poder volver así como partido al juego político. Esta defensa de la democracia llevó al PSOE a solidarizarse con otros pueblos oprimidos en su lucha por la libertad. Es cierto que siempre atacó con mucha más virulencia los autoritarismos de derechas, como el Chile de Pinochet, que a los totalitarismos de izquierda, como la Cuba de Castro. Pero en los años de gobierno de González nunca se buscó la complicidad con las dictaduras comunistas de la Europa del Este. En la división entre democracias y tiranías, el PSOE de Felipe siempre supo situarse del lado de la libertad.

El PSOE de Zapatero parece haber claudicado de esta defensa universal de la democracia. Tenemos varios ejemplos, pero el más llamativo es la defensa activa que está ejerciendo el Gobierno español de la dictadura cubana. Así, España está maniobrando todo cuanto puede en la Unión Europea para levantar las sanciones contra Castro. Pero aún más, desde la izquierda social se está montando una campaña de apoyo y reivindicación de este sangriento anacronismo histórico poco menos que como reserva espiritual de la izquierda y faro ideológico del socialismo universal. Es lamentable observar cómo el PSOE dilapida su patrimonio de partido democrático con una acción de gobierno que parece haber hecho de la alianza con las tiranías el eje fundamental de su política exterior. Es triste ver cómo el gobierno de un partido históricamente comprometido con los derechos humanos se dedica ahora a armar a un régimen digno de toda sospecha, como el autoritarismo bolivariano de Chávez, defiende activamente levantar el embargo de armas a China o evita incomodar a Putin en su deriva autoritaria.

Pueden esgrimirse tres razones para explicar esta involución del socialismo español. En primer lugar, la generación de dirigentes actuales no vivió la clandestinidad y probablemente haya perdido la referencia de lo que significan la libertad y la tiranía. En segundo lugar, el zapaterismo se mueve en un relativismo moral absoluto en el que el bien y el mal se definen más en función de los intereses, esencialmente de las rentas electorales, que por ningún otro principio. Finalmente, este es un gobierno asentado sobre el rencor a Aznar y en el rechazo a Bush, adalides ambos de la defensa de la libertad. Ese rencor les impide ver las implicaciones de situarse al lado de las tiranías.

El segundo principio del que parece claudicar el PSOE de Zapatero, entre los estruendosos bramidos del ministro Bono, es el de la igualdad. La alianza de la izquierda con el nacionalismo para derribar al PP ha contaminado hasta tal punto a los socialistas que la línea ideológica que los separa se ha difuminado. Maragall o Patxi López han dejado de ser socialistas para pasar a ser nacionalistas de izquierda. Las exigencias de ERC para firmar un pacto de legislatura, como la publicación de las balanzas fiscales entre comunidades o la revisión del modelo de financiación, rompen de forma estrepitosa con el principio ideológico de igualdad y solidaridad que se encuentra en el origen mismo del pensamiento socialista.

Esta deriva nacionalista de Zapatero, criticada desde dentro no sólo por Bono, sino por el conjunto del socialismo andaluz, extremeño y manchego, tiene como única justificación la necesidad de mantenerse en el poder a toda costa, pero a largo plazo no sólo supone la quiebra ideológica y territorial del PSOE, sino que puede resultar letal para el gran caudal de votos que históricamente ha recibido el PSOE de esas regiones menos desarrolladas.

Este gran vacío ideológico en el que se asienta el PSOE de Zapatero justifica la obsesión de su Gobierno por remover de forma irresponsable las heridas del pasado. Ese retrotraerse a nuestras experiencias más dolorosas no busca sólo ocultar con humo sus actuales carencias, sino sobre todo buscar en el pasado las señas de identidad, más basadas en sentimientos que en ideas, que a pasos agigantados está perdiendo el PSOE como proyecto de futuro.
 
Zapatero, con la venia real, dobla ante Fidel la rodilla de una izquierda nostálgica y revanchista.
Yo tenía catorce años cuando murió el dictador, y mi único recuerdo fue una maravillosa semana de vacaciones de excursión por el Pirineo aragonés. A mí, inocente escolar entonces, que quiten la estatua de Franco de la Plaza de San Juan de la Cruz en Madrid, me la trae al pairo. Es más, ayer pasé por delante de donde había estado hasta ahora, y ni me fijé. Sólo unos minutos más tarde, pensando en las primeras líneas de este artículo, me dije a mí mismo, “si acabo de pasar por allí y ni me he enterado”.

Supongo que la responsable es la indiferencia de muchos españoles hacia la República, la Guerra y la Dictadura, pasajes históricos y no motivos de enfrentamiento. Ahora bien, dicho esto, no conviene olvidar algunas cosas que pasaron, porque sólo no olvidándolas es como podemos evitar que se repitan. Yo creía que, en lo que llevamos de Transición, esto estaba más o menos asumido, pero va a ser que no por culpa de un Gobierno empeñado en resucitar viejos fantasmas y en provocar enfrentamientos tardíos, retorciendo la Historia hasta ese punto estalinista de borrar a Trotsky de la foto.

Demasiados acontecimientos en pocos días que ponen de manifiesto, de una forma casi hasta violenta, el carácter sectario y revanchista del Gobierno que nos gobierna. Y, si les soy sincero, no lo entiendo. No sé qué beneficio encuentra Zapatero en amparar con su cínica sonrisa a quienes buscan el conflicto y la confrontación, aunque lo cierto es que él mismo ha entrado en esa dinámica después de lo dicho en el País Vasco a cuenta de los “separatistas” y los “separadores”. La forma en que se ha retirado la estatua del dictador, con nocturnidad, con engaños –el Ayuntamiento no lo sabía-, desnuda sin ambages el ánimo revanchista de la decisión.

¿Alguien cree que Gallardón hubiera denegado el permiso para hacerlo? ¿Cabía temer la presencia de algún puñado de nostálgicos, casi fósiles, en su último adiós al general? Entonces, ¿por qué no se hizo a las claras? De esta forma se le ha visto el plumero a un Gobierno que quiere volver a abrir viejas heridas que creímos cerradas. No era casualidad que sólo unas horas antes en el homenaje a Santiago Carrillo -un hombre cuyo pasado en la Guerra fue el que fue y pasado está, pero que sin embargo hizo una importante aportación a la concordia y la convivencia tras el franquismo-, nada menos que Peces Barba afirmara eso de que “aquí estamos los buenos y los menos buenos, pero por suerte no están los malos”, en referencia al PP. Y Zetapé le escuchaba con una sonrisa de satisfacción de oreja a oreja.

Es como si Zapatero y los suyos quisieran pasar factura por la derrota del 39 y, en fin, aquello está más cerca de cumplir un siglo que medio. Y en esa misma actitud de izquierda dolida y doliente, se enmarca ese otro empeño casi enfermizo de hincar la rodilla ante el mayor dictador de los que en el mundo habitan en la actualidad: Fidel Castro. Siendo yo estudiante de Periodismo, el régimen cubano liberó a un poeta y preso político llamado Armando Valladares. Pude verle en Madrid, a los pocos días de su liberación, y comprobé in situ las huellas, dolorosas huellas, de las torturas en las cárceles de Castro y de sus heridas en su cabeza y torso.

En el haber del régimen de Castro hay miles de presos políticos en las cárceles, decenas de miles de torturados, cientos de miles de desaparecidos, y millones de desplazados. Valladares me enseñó entonces el altísimo precio que hay que pagar por la libertad. Pero ahora es como si nuestra izquierda se sintiera en deuda con la Revolución y necesitara colocarse la camiseta del Che Guevara debajo de la camisa y la corbata. Cuba tendrá siempre un lugar en el alma de los españoles, y por eso izquierdas y derechas han venido haciendo un ademán de mirar hacia otro lado ante los excesos del régimen castrista –lo hizo Franco, merece la pena recordarlo-, hasta que vino Aznar y le puso al dictador los puntos sobre las íes, eso sí, sin llegar nunca a la ruptura diplomática.

Es comprensible, por tanto, un cierto margen de entendimiento con La Habana, aunque sólo sea por los lazos tan fuertes que nos unen con la isla. Pero de ahí a amparar al régimen dictatorial va un paso excesivo que lo único que logra es dar alas al tirano que, como todo sátrapa, necesita algún respaldo internacional para sostener la tiranía. El problema, por tanto, no radica en el mantenimiento de unas relaciones mínimas con la dictadura –se hace también con otras como China, Corea o algunos países árabes, todos presentes en la ONU-, sino en la coincidencia ideológica entre esta izquierda de aquí y la revolución de allí y lo que eso tiene de ruptura con lo que ha sido hasta ahora la política exterior de la Transición.

En aquellos años de la liberación de Valladares, Alfonso Guerra –vicepresidente del Gobierno entonces- afirmaba que en Cuba no había libertad, que allí el idioma oficial era el ruso y que La Habana era un barrió de Moscú. Y no sería ni una ni dos veces, si no más, las que le escuchamos a González abogar por los derechos humanos en la isla. Eran otros tiempos y otra izquierda, que nos van a hacer añorar a Guerra y a González, que al menos tenían clara una idea de España y sentido de Estado. Pero ahora, después de ocho años de derechas, lo que llevamos es uno de revancha y sectarismo. Y con el consentimiento real, que tiene bemoles.
 
MARÍA SAN GIL
TIENE la rara grandeza de esas personas cuya fortaleza moral sólo puede ser vencida por la muerte, por el crimen, por la barbarie. De hecho está en la diana. Han matado a compañeros suyos y pueden hacerlo en cualquier momento con ella. Pero con eso cuenta María San Gil. Con lo que no contaba esta caña pensante, este nervio de acero, esta mujer apasionada, es con la traición de los socialistas. Se han pasado a los bárbaros. Basta ya del 49 frente al 51 por ciento, ha dicho el estratega Zapatero. Ésta es la ocasión de la victoria frente al PNV. Pero ¿cómo podría el PSE derrotar al PNV si no le ganó con la compañía del PP? Los socialistas han decidido presentarse con un programa tan independentista como el del PNV, tan antiespañol como el del PNV y además solos, sin la compañía de los españolistas del PP, de los «separadores» del PP.

Basta ya de «separatistas» y «separadores». Los socialistas creen superado ese binomio. Creen que tan sólo quedan los «separadores» ya que ellos, por su parte, han decidido incorporar a su programa lo que hasta ahora ha definido a los separatistas. Este término corresponde a un viejo lenguaje propio de franquistas, de unitaristas.

El Partido Socialista ha decidido tender un puente con los nacionalistas en Cataluña, en el País Vasco y mañana, cuando caiga Fraga, en Galicia. Naturalmente con sus propias cartas, con su propio programa, con el plan de Patxi, esto es, con una propuesta tan audaz como la de Ibarretxe, sin la confusión que implica la fórmula del Estado libre asociado. Zapatero y Patxi López y Eguiguren piensan que al reivindicar al País Vasco como una «comunidad nacional» desbordarán electoralmente al PNV. Hasta ahora habían ido plegándose a las exigencias del PNV y por eso no eran creíbles. Ahora han decidido presentarse con el mismo programa que el PNV y con la fuerza, además, del que manda en Madrid.

PERO para ser creíbles necesitaban abjurar del pasado, renegar de las malas compañías, en su día de Jaime Mayor, hoy de María San Gil. Sólo conseguirán la confianza de una parte de los votantes del PNV cuando éstos vean con toda claridad que no tienen nada que ver con la derecha española, la heredera de Franco.

LOS populares han estado hasta ahora en la diana. Jaime Mayor junto a Nicolás Redondo. Ahora el sucesor de éste se ha retirado y ha dejado sola a María San Gil. En el disparadero, de momento electoral. María San Gil figura sola frente a la barbarie. Ella, «separadora». Porque los socialistas se han ido a los enemigos de antes. Se han pasado a los «separatistas» de tal manera que han conseguido romper esa división tradicional entre los que eran constitucionalistas y los que no, entre los que eran separatistas y los que no. Han cambiado el inoperante fifty fifty por la mayoría clara frente a la minoría. Nacionalistas y socialistas frente a los populares. Patxi e Ibarretxe frente a María San Gil. Es un genio Patxi resolviendo situaciones históricamente embarazosas. Dialogas con el enemigo, te pasas al enemigo y ya está.

María San Gil se ha quedado sola frente al peligro, sola frente a ETA, sola frente al separatismo, sola frente al racismo, pero con dignidad, con fortaleza, con grandeza. Y no hago retórica. Describo simplemente una situación política. Me temo que aun siendo dramática la situación de María San Gil y la del PP como partido, será mucho peor la de Patxi López la noche electoral: cuando posiblemente ni siquiera le alcancen los votos para pedir ayuda a María San Gil, al PP.

Yo espero que ese día no tenga compasión María San Gil. Que les explique a los socialistas que no hay política sin dignidad.
 
Un año de ZP: degenerando.
Las anécdotas es lo que tienen, que se atribuyen a unos y a otros y nunca se sabe muy bien quién es el protagonista. Por eso no le voy a atribuir a nadie aquello que cuentan de un matador de toros retirado a quien comentaban que un antiguo banderillero suyo, también retirado, había llegado a concejal: ¿Cómo fulanito ha llegado de banderillero a concejal?, preguntaron al matador. Pues ya ves, degenerando, contestó.

Son semanas de balance y de analizar lo que ocurrió aquellos días de marzo del pasado año. Por un lado, la gestión del PSOE en el poder y los logros del gobierno de Rodríguez Zapatero; por otro, la política de oposición del PP de Rajoy. El término "degenerando" se viene a la boca del periodista con demasiada soltura.

Dice el Presidente del Gobierno, imitando una frase de Felipe González, que las cosas funcionan razonablemente bien. Es la ventaja de los adverbios, que son muy polivalentes, algo así como la Ministra de Cultura que fue "fraila" antes de ser ministra. No se sabe muy bien lo que es razonable para el señor Rodríguez Zapatero, pero mucho me temo que su sentido de lo que va bien y de lo que es razonable no se concilia con la idea que tienen muchos españoles.

Al PSOE se le vino el Gobierno a las manos sin esperarlo. El PP estaba degenerando. Los últimos cuatro años de Aznar fueron prepotentes, autistas y confiados y culminaron en una campaña electoral sin despeinarse. "Esto está chupao", pensaban en Génova, y fueron acortando distancias con un PSOE incrédulo ante sus posibilidades electorales pero que no hacía las cosas mal y que decía lo que muchos querían oír sobre Bush, sobre la guerra de Iraq y sobre las relaciones internacionales.

En estas llegó el 11-M con su carga de muerte y volcó las encuestas de forma definitiva. Las actuaciones del día de reflexión o los que se aprovecharon de los terroristas también lo hicieron degenerando. Todo contribuyó y Rodríguez Zapatero se encontró con una criatura en los brazos sin saber cómo ni por qué. Y se dispuso a gobernar

Y siguió degenerando. Y degeneró en una política exterior desastrosa cuyo acto más reciente, la cumbre sobre el terrorismo, ha sido una muestra de esa degeneración. Ni americanos, ni franceses, ni alemanes. Una cumbre del Tercer Mundo y poco más. Alianzas de risa y de cuarto o quinto orden. Y el Presidente norteamericano sigue sin dar señales de vida

El modelo de España degenera a pasos agigantados. Ibarretxe sigue en sus delirios de cara a las elecciones, y los catalanes se aprovechan y se seguirán aprovechando de la "cabeza dura" del Lehendakari que se estrella contra todo lo que le pongan por delante.

Degeneran las relaciones con la sociedad y muy concretamente con la Iglesia Católica. Las clases de religión, los ataques indiscriminados a la familia, a las creencias más arraigadas de la inmensa mayoría de los españoles...

Y degenera el partido que sustenta al Gobierno, que batalla contra el Presidente de las Cortes que ellos mismos han nombrado y se les va de las manos el asunto de los idiomas, y la reforma de la Constitución, y la Ley de Calidad de la Enseñanza, y el Comité de Sabios de RTVE y hasta algunos de los Delegados del Gobierno en capitales autonómicas.

Y en el colmo de la degeneración, la Ministra de Cultura se declara "cocinera antes que fraila". Para que luego digan que el Plan Ibarretxe no tiene virtualidad entre los vascos y vascas, españoles y españolas, ministros y ministras, y frailes y frailas.

Y degenera la oposición. Con una Izquierda Unida que, de pura degeneración, se ha quedao en la nada más absoluta y un Partido Popular timorato que no sabe aún qué es hacer oposición.

Lo único que a Rodríguez Zapatero le funciona "razonablemente bien" es el Barça.
 
Zapatero y el 14-M
La sociedad española en su conjunto acaba de dar, con motivo del primer aniversario del brutal atentado terrorista del 11-M en Madrid, otra muestra más de fortaleza moral, de pueblo que sabe sufrir y estar al lado de los directamente afectados por la barbarie y la sin razón del terrorismo, que no son otros que las víctimas.

Pero al 11-M del 2004 le siguieron tres días muy convulsos en la historia reciente de España, que desembocaron en la inesperada victoria del PSOE y de Zapatero el 14-M. Digo inesperada, porque antes del atentado terrorista, ninguna encuesta, ninguna, le daba como vencedor. Por lo tanto, negar a estas alturas que los que planificaron el atentado, tuvieron la clara intención y voluntad de incidir en ese resultado, cambiando lo que iba a ser un triunfo del Partido Popular y de su candidato a la Presidencia, Mariano Rajoy, puede ser un ejercicio de cinismo o de ceguera política, pero en ningún caso de análisis objetivo de lo que pasó.

Así lo pone de relieve una encuesta de "Sigma Dos" publicada el domingo por El Mundo: el 69% de los encuestados creen que Zapatero no hubiera ganado las elecciones sin el atentado del 11-M. Es más, el 47,9% consideran que el PP hubiese obtenido mayoría simple y el 21,2%, mayoría absoluta, si no se hubiese producido el atentado. Sólo el 20,5% piensa que el PSOE hubiese ganado esas elecciones por mayoría simple y el 4,5% por mayoría absoluta en esas circunstancias.

Esta es la triste realidad en la que vive Zapatero y su Gobierno pasado un año de las elecciones. Ellos y sus palmeros mediáticos no se cansan de repetir que mientras que el PP no acepte los resultados del 14-M no tendrán posibilidad de recuperación y de intentar volver a gobernar. Argumentación claramente peligrosa, porque por los mismos motivos se le puede reprochar al PSOE y al actual Presidente del Gobierno que mientras ellos no acepten que su victoria estuvo cimentada en la tragedia, en el impacto emocional y en la manipulación que algunos hicieron del atentado terrorista, tendrán toda la legitimidad que se quiera, pero no tendrán la autoridad moral necesaria para dirigir y gobernar un País que fue sometido al mayor atentado terrorista de su historia.

Por eso es por lo que los ciudadanos tenemos todo el derecho a seguir exigiendo que se llegue al fondo de lo que pasó el 11-M y los días posteriores. ¿Quién fue el autor intelectual del atentado? ¿dónde se planificó? ¿qué mente perversa decidió que fuera precisamente tres días antes de las elecciones generales? ¿hubo participación, por acción u omisión, en la masacre de países extranjeros supuestamente amigos, de sus Servicios de Inteligencia?

Las víctimas de aquella masacre tienen el derecho de saber la verdad. Es algo de estricta justicia. Y el resto de los españoles queremos también saber la verdad. Fue muy grave lo que pasó. Desde luego, lo más terrible, la pérdida de 192 vidas humanas y varios miles de personas heridas. Pero también, en otro plano de gravedad, no podemos conformarnos con que los terroristas, sus inductores, se hayan salido con la suya, en el sentido de condicionar, de modificar, la voluntad de los ciudadanos.

Por eso, Zapatero, que llegó a la Presidencia del Gobierno en esas condiciones, es el primero, que por una obligación ética, moral y democrática, debe de impulsar el que se llegue al fondo de la cuestión y que se conozca toda la verdad. Hasta ahora, ni él, ni su partido, han dado muestras de quererlo. Su actitud obstruccionista en la comisión de investigación del 11-M, deja mucho que desear. Su política de dividir a las víctimas del terrorismo, aupando a un primer plano a las del 11-M en detrimento de las víctimas de ETA, resulta rechazable.

Seguramente, el líder del PSOE, en lugar de facilitar ese conocimiento de toda la verdad, optará por seguir viviendo en un mundo feliz, propugnando tonterías "intelectuales" como la de la "alianza de civilizaciones". Pero siempre le acompañará la certeza ciudadana de que su victoria electoral estuvo cimentada sobre los rescoldos de un brutal atentado terrorista y sobre la manipulación que algunos de su entorno político y mediático hicieron de esa tragedia. ¿Merece la pena? Depende de las prioridades, y de los principios éticos y morales que cada uno tenga.
 
Los rotos de Zapatero.
Una constante inalterable en los líderes del PSOE es que cuando se las ven frente a los suyos en el Comité Federal del partido se crecen como niños. Ya le sucedió a Felipe González, que, ante tan rendida audiencia, acostumbraba a desvariar a placer y sin complejos. Zapatero no podía ser una excepción. Despachó la reunión que mantuvo ayer en Ferraz con los mandarines socialistas con un discurso triunfalista, fantasioso y autocomplaciente. Lo de siempre pero para incondicionales de aplauso fácil y cara de circunstancia.

El presidente, lejos de dotar al encuentro del obligado tono sosegado que impone la fecha que vivimos, aprovechó para hacer un somero balance de su primer año de gobierno. Y he aquí la trampa. Porque hacer balance el día 12 es sintomático del lugar que estos días de marzo tienen para el secretario general del PSOE. No ha esperado, como cabría suponer, al mes próximo para evaluar sus primeros 365 días al frente del Ejecutivo. Zapatero, y junto a él todo el partido, es consciente de que si están en el Gobierno es por la convulsión que siguió al atentado, luego, nada mejor que vincular esa fecha a su entronización como presidente del Gobierno. La consigna, repetida hasta la saciedad desde hace un año, debe mantenerse al precio que sea. El brutal atentado fue contra el Gobierno de Aznar no contra la Nación, y se produjo por la errática política del Partido Popular. De que la mayor parte de la opinión pública suscriba esa tesis depende toda su credibilidad.

El repaso a sus diez meses pelados de gestión no pudo, sin embargo, ser más delirante. Asegura Zapatero que, básicamente, se ha dedicado en todo este tiempo a “arreglar algunos rotos notables” del anterior Gobierno. En especial los tocantes a la política exterior y a la económica. Aunque parezca mentira, el presidente está plenamente convencido de que la situación internacional de España ha mejorado. Si para Zapatero mejorar nuestra posición global es figurar en la lista negra de Washington, convertirse en el nuevo paria europeo y flirtear con dictadores como Hugo Chávez o Mohamed VI es que, o vive al margen de la realidad o algo no funciona del todo bien en su gabinete de asesores. El Gobierno ha dilapidado la espectacular renta exterior que heredó de Aznar. No sólo pintamos menos en el mundo sino que, si siguen así las cosas, pintaremos aún menos. Quizá el fatuo y embebido Zapatero no se quiera dar por aludido, pero España es la nueva apestada en la Casa Blanca en sustitución, curiosamente, de Alemania y Francia, nuestros presuntos aliados. En Europa, tras la ratificación del Tratado Constitucional, nuestros representantes tienen menos capacidad de decisión y maniobra. En Iberoamérica hemos pasado de apoyar al colombiano Uribe a entregarnos sin rechistar a Chávez y Castro. Y en el mundo árabe muchos se frotan las manos con eso de la alianza de civilizaciones, una pueril fantasía que lleva la marca ZP grabada a fuego.

En lo relativo a la política económica, Zapatero canta victoria antes de tiempo porque el partido se encuentra aún en el primer cuarto. La buena marcha de la economía se debe, como bien se ha apuntado desde distintos foros, a la inercia de las reformas que llevaron a cabo los gabinetes populares, bastante sensatos en este aspecto. Ese modelo, y ya lo han anunciado los especialistas en varias ocasiones, se agota este mismo año. Lo único reseñable que el heterogéneo y mal avenido equipo económico de Zapatero ha hecho hasta la fecha es enredar. Enredar en las empresas privadas para ponerlas al servicio del Gobierno. Enredar en el mercado laboral elevando el salario mínimo y enredar con los presupuestos para garantizar el déficit a final de ejercicio. Desmantelar una juiciosa política económica como la del PP le va a llevar a los socialistas algo más de tiempo, pero seguro que, si tienen oportunidad, terminan por poner al país al borde de la quiebra. Y, en esto, a la secular tradición socialista de dejar la economía en el esqueleto nos remitimos.

En lo que Zapatero ha ganado a Aznar por goleada en estos pocos meses de gobierno ha sido en petulancia, envanecimiento y, sobre todo, en cursilería, arte para la que tiene dotes sobradísimas. Pero en gestión, a España, en suma, le sentaba mejor el roto de Aznar que el cosido de Zapatero.
 
Un año sin verdad
Hace un año que el terror y la ira llegaron a toda España montados en un tren con parada prescrita. Doce meses del tributo macabro que rindió a nuestra querida España un grupo de asesinos en las calles de Madrid. Un tributo que se ensañó en el pueblo; en el verdadero soporte de las suertes y desdichas de nuestra sociedad; un pueblo por el que merece la pena seguir luchando.
Se abrió una herida aún sin cicatrizar. Se sigue manteniendo una disputa política desequilibrada, injusta para los que representan a una inmensa minoría parlamentaria. La verdad no entiende de democracias y mayorías, no entiende de medios y poderes, la verdad sólo entiende de verdad. Y los españoles, aún hoy, seguimos sin saber la verdad de lo ocurrido. Se exigió en unas pocas horas que se desentrañaran los hechos, se convirtió y manipuló un error prudente en un engaño. Se presentó al pueblo la carnaza donde desfogar sus iras, con dudosa ética e ilegítimas pretensiones. Y ahora, conseguidos los objetivos a corto plazo, la verdad parece que ya no importa tanto. Comisiones y comisionados no impondrán acuerdos y consensos partidistas sobre la verdad. Es aventurado matizar lo que no tiene matices y negar lo innegable. No es prudente verter opiniones segadas y únicamente apoyadas por una mayoría, legítima pero no por ello poseedora de la verdad absoluta. La manipulación y el engaño condicionan y matizan a gobiernos y gobernantes pero no tienen fuerza para alternar ni un ápice la verdad de los hechos; esté donde esté, la verdad es inmutable.
Un año después del 11-M se mantiene la fractura social en nuestra tierra. Un año después, se sigue utilizando la desdicha para afianzar posiciones inestables. Muchos años más tarde algunos siguen recurriendo a la mentira para alejar a los ciudadanos del verdadero progreso de esta tierra. Doces meses ya; un año más sin verdad.
 
Queja judicial: sólo 22 de los 74 encausados por el 11-M están en prisión porque la fiscal no lo ha solicitado.
Menos de la tercera parte de los imputados por la masacre terrorista del 11 M están en prisión, concretamente 22 de los 74 encausados, una situación que está provocando perplejidad en ámbitos judiciales y policiales. La explicación que se da a esta anomalía es que la fiscal del caso, Olga Sánchez, no ha planteado más autos de prisión.

Según fuentes judiciales consultadas por El Confidencial Digital, el malestar es especialmente fuerte en el entorno del juez instructor, Juan del Olmo, que al parecer ha llegado a comentar en privado que él no puede enviar a la cárcel a más imputados mientras no lo solicite la fiscal. Su intención, en cualquier caso, es dictar auto de procesamiento antes del verano.

Actualmente, el sumario 20/04, que tiene 74 personas imputadas, acumula 111 tomos y más de 38.000 folios. De los 74, tan sólo 22 están ingresados, en situación de prisión incondicional. Otros 17 tienen obligación de presentarse periódicamente ante el Juzgado de la Audiencia Nacional, mientras que 2 se encuentran en la cárcel por otras causas. Hay 33 personas en libertad sin obligación de comparecer ante el Juez. El único menor imputado, G.M,.V., fue condenado el 16 de noviembre a 6 años de internamiento y otros 5 de libertad vigilada.

A la pregunta de por qué solamente hay 22 personas en prisión incondicional, desde el Juzgado de Juan del Olmo se insiste en que es la fiscal quien no pide prisión para los demás imputados.

Las quejas por la actuación de la fiscal Olga Sánchez se han escuchado también en ámbitos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, donde consideran que su intenso trabajo de investigación y detención de implicados en el 11-M se ha visto desaprovechado en determinados casos. El enfado es más visible en algunos mandos. Esta confidencial ha podido constatar quejas sobre la falta de preparación y el escaso conocimiento del sumario.

Uno de los casos que más han llamado la atención, sobre las decisiones de la fiscal, tiene que ver con la puesta en libertad de un marroquí, tras el interrogatorio de la policía de Marruecos a sus familiares, quienes afirmaron que su pariente estaba con ellos en marzo del pasado 2004. Se preguntan por qué no se pidió en este caso una comisión rogatoria, de modo que efectivos españoles hubieran estado presentes durante la citada diligencia judicial.

En ámbitos judiciales ha sorprendido también que Olga Sánchez esté compareciendo en medios de comunicación y haciendo declaraciones sobre el 11-M, cuando se trata de un sumario en el que ella actúa como fiscal.

 
Flores, silencio y emoción en las estaciones de Madrid
El redoblar de las campanas de más de 650 iglesias ha despertado la memoria de los madrileños a las 7.37 de la mañana. Justo cuando hace un año comenzaba la cadena de explosiones que se cobró la vida de 191 personas y dejó malheridas a casi 2.000. En la jornada de luto oficial han vuelto a las estaciones de tren los altares improvisados de velas y flores colocados por cientos de ciudadanos silenciosos.


Bajo el sonido de las campanas, la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, ha depositado ante la fachada del Gobierno regional, en la Puerta del Sol, una corona de laurel. Y lo ha hecho ante la placa que recuerda a todos los que prestaron su ayuda solidaria en los atentados del 11-M. El silencio ha sido tan impresionante que sólo fue roto por el sonido de los pasos de Aguirre, vestida de riguroso negro; el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Francisco José Alcaraz, y la presidenta de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, María Ángeles Domínguez.

Además asistieron al acto, entre otros, el delegado del Gobierno en Madrid, Constantino Méndez; el coordinador general de IU, Gaspar Llamazares; todos los consejeros del Gobierno regional; los portavoces de los grupos de la Asamblea de Madrid, Rafael Simancas, Fernando Marín y Antonio Beteta, numerosos diputados madrileños y embajadores y alcaldes de los países y municipios a los que pertenecían algunas de las víctimas mortales.

A la misma hora, el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón ha guardado un minuto de silencio en la estación de Atocha, mientras que sus concejales han hecho lo propio en Atocha, a las 7.39 horas; Santa Eugenia, a las 7.41 horas, y El Pozo, a las 7.43 horas, donde explotaron los trenes de la muerte. En muchos de sus rincones los ciudadanos han vuelto a improvisar altares de homenaje y recuerdo a las víctimas con velas y flores, como ya ocurriera inmediatamente después de los atentados.

En la estación de Atocha, una veintena de autoridades, encabezadas por el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, y acompañadas por policías y bomberos, rindieron homenaje a las víctimas en el andén 2, donde estalló una de las bombas. La emoción contenida se desbordó en la concejal socialista Trinidad Jiménez, que no pudo evitar las lágrimas.

Una mujer que perdió a su hija en Santa Eugenia llora desconsolada en la estación. (REUTERS)

También en la calle Téllez, en las proximidades de la estación de Atocha, los vecinos recordaron a las víctimas del 11-M. La concejal de Empleo y Servicios, Ana Botella, y otros ediles de la corporación municipal acudieron al lugar. Unos minutos después igualmente se acercó la ministra de Sanidad, Elena Salgado, que vive en el barrio.

Un centenar de madrileños se ha congregado, además, en la estación de Cercanías de El Pozo, en el distrito de Puente de Vallecas, para recordar en absoluto silencio a las 67 personas que perdieron la vida allí. Un joven ha lanzado claveles sobre las vías del tren, mientras una mujer recordaba a su marido con un ramo de flores y otra vecina homenajeaba a una víctima con un pequeño escrito.

Antes de entrar en la estación de Santa Eugenia , un altar con una veintena de ramos de flores y fotos de las víctimas recuerda lo sucedido el 11 de marzo de 2004. El primer teniente de alcalde, Juan Bravo, guardó un minuto de silencio, mientras los pasajeros entraban y salían con la misma fluidez que un día normal.

En Leganés, donde el 3 de abril se suicidaron algunos de los responsables del 11-M, la corporación municipal, diputados de la Asamblea de Madrid y medio centenar de vecinos rindieron también su homenaje a los 191 fallecidos en los trenes del 11-M y al 'geo' Francisco Javier Torronteras, muerto en aquella operación policial.
 
Recuerdo a las victimas del terrorismo.
En un día como hoy, sólo hay espacio para el recuerdo de los que no están y para mostrar nuestro cariño a sus familiares.

No envejecerán, como nosotros los que quedamos:
No les pesará la edad ni les condenaran los años.
Al ponerse el sol y por la mañana
nos acordaremos de ellos.

Ya no estarán rodeados de los alegres compañeros;
ya no se sentarán a las mesas de los suyos;
ya no tendrán parte en nuestros afanes diurnos;
duermen lejos …

Pero si nuestros deseos y esperanzas profundos
son como un manantial oculto a las miradas,
el secreto corazón de su tierra los conoce
como la noche conoce a las estrellas.

Como estrellas que seguirán brillando cuando seamos polvo,
avanzando por la llanura celestial;
como las estrellas que alumbran nuestros periodos de tinieblas,
permanecerán, permanecerán hasta el final.

(Laurence Binyon.)

En memoria de todos los caídos víctimas del terrorismo de ETA, GRAPO y radicales islámicos.
 
UNA TEORÍA SOBRE EL 11-M.
HACE unos días, hablando con una de las personas con más responsabilidad en la magistratura, me contaba su teoría sobre el terrorismo en España y dejaba abierta la causa del porqué de la virulencia, ahora, del terrorismo islámico en nuestro suelo. Pero eso, como él no podía decírmelo debido a su información privilegiada, se lo conté yo, limitándose mi interlocutor a un expresivo silencio.

Durante treinta años el terrorismo nacionalista vasco se alimentó en España de una única fuente de aprovisionamiento: Francia. Nuestro querido y admirado vecino actuó como Afganistán con Bin Laden y el terrorismo islámico. Ahí, allende los Pirineos, estaban sus cuarteles, ahí eran protegidos los terroristas por su policía y servicios secretos, ahí los «del sur» se paseaban como Pedro por su casa. Y sólo de vez en cuando, cuando tenían que organizar más ruido para su entrenamiento, se iban a Argelia o a algún país de América del Sur. A nadie de la comunidad internacional le importaba un bledo lo que ocurría en España y, bala a bala, bomba a bomba, fueron cayendo, una tras otra, casi mil personas, ¡mil personas!, con la complacencia y colaboración silenciosa del Estado francés. Y eso sólo comenzó a acabarse cuando, inteligentemente, Felipe González puso sobre la mesa de Mitterrand pingües contratos -como el del AVE- a cambio de colaboración para desmantelar el terrorismo. Terrorismo que había llegado a su apogeo en la siniestra etapa de la presidencia de Giscard, tan siniestra que incluso el ministro del Interior de entonces, Martín Villa, contempló la posibilidad de atacar las bases terroristas etarras en territorio francés, ¡que estaban perfectamente localizadas!

España, mientras tanto, fue progresando económicamente, pero siempre bajo la tutela de Francia. Hasta que llegó al poder la criada respondona, que se había hartado de hacer una política de vasallaje, de enterrar a los muertos a escondidas y de ocultar a las víctimas como si estuviesen apestadas. José María Aznar cambió los parámetros de la posición española en el tablero internacional, advirtió premonitoriamente del peligro terrorista y, encima, el país alcanzó cumbres de bienestar insospechadas; tan altas, que si no es por la fatalidad del 11 de marzo y del resultado electoral del 14, hoy España estaría en el G-8. «¿Pero fue una fatalidad lo del 11 de marzo?» Creo que no. Todo estaba bastante bien calculado. El horrible atentado lo organizaron indirectamente desde los servicios secretos de Marruecos, que, como todo el mundo sabe, son una especie de epígono de los franceses. Y España, otra vez, ha vuelto a ser el país lacayo, el Rey de Marruecos vendrá aquí a darnos su más sentido pésame, las víctimas han sido cuarteadas y divididas, y el nacionalismo rampante vuelve a enseñar sus garras amenazantes. ¿Y quién fue el responsable de todo lo que ocurrió?: pues el señor Aznar, que nos metió -«¡asesino!»- en la guerra de Irak contra el Islam. Y, mientras tanto, el diario «El País», al tiempo que diariamente lanza sus invectivas directas o subliminales contra la Iglesia Católica, dedica tres páginas de su «domingo» a mostrarnos la cara más amable de la religión islámica. Pero ¿por quién doblan las campanas?
 
EL ESTATUT O «ENTRE BOBOS ANDA EL JUEGO».
«QUEJA, que muero de amor! ¡Iras, que rabio de celos! Honra, ¿qué andáis titubeando? Dudas, ¿qué andáis discurriendo? ¡Pero yo lo sabré todo, que entre bobos anda el juego!» Así discursean varios personajes de la conocida comedia de Francisco de Rojas Zorrilla. Lejos de «hombre falto de entendimiento», el bobo del teatro clásico español era el figurón, el personaje cuya inocencia provocaba efectos cómicos, cuando trataba de actuar con malicia. Los colegas de la época acusaban a Rojas de ser el protegido de Felipe IV y de haber ingresado en la orden de Santiago sin haber probado ni su hidalguía ni su limpieza de sangre. Y no le perdonaron las sátiras que continuamente vertía contra ellos. Así que una noche, el autor de «Entre bobos anda el juego» apareció herido de varias cuchilladas que lo llevaron al borde la tumba.

La crisis abierta en Cataluña por el rifirrafe entre Maragall y Mas va camino de dejar chica la parodia de la sociedad española del siglo XVII que reflejó con crudeza Rojas Zorrilla. Pujol entró en liza acusando a Maragall de provocar la ruptura del país con una insinuación que dejará herida. Los socialistas catalanes cerraron filas y dijeron que su líder no tiene por qué hacer ninguna rectificación. Y los convergentes aseguraron que no irán a las cumbres para la reforma del Estatuto, a menos que Maragall tenga la humildad de rectificar en toda regla. Uno de los personajes de «Entre bobos...», el figurón, dice en las últimas estrofas de la obra: «Presto me lo pagarán y sabrán pronto lo que es, sin olla una voluntad.» ¿Se han dado cuenta los protagonistas del conflicto catalán, perdidos como están entre quejas, iras, honras, celos, facturas por pagar, boberías y cuchilladas que pueden llevarles al borde de la tumba, de que sin olla de poco va a servirles la voluntad, y de las diferencias que hay entre el puchero y el cazo, el entendimiento y la porfía