Un año sin verdad
Hace un año que el terror y la ira llegaron a toda España montados en un tren con parada prescrita. Doce meses del tributo macabro que rindió a nuestra querida España un grupo de asesinos en las calles de Madrid. Un tributo que se ensañó en el pueblo; en el verdadero soporte de las suertes y desdichas de nuestra sociedad; un pueblo por el que merece la pena seguir luchando.
Se abrió una herida aún sin cicatrizar. Se sigue manteniendo una disputa política desequilibrada, injusta para los que representan a una inmensa minoría parlamentaria. La verdad no entiende de democracias y mayorías, no entiende de medios y poderes, la verdad sólo entiende de verdad. Y los españoles, aún hoy, seguimos sin saber la verdad de lo ocurrido. Se exigió en unas pocas horas que se desentrañaran los hechos, se convirtió y manipuló un error prudente en un engaño. Se presentó al pueblo la carnaza donde desfogar sus iras, con dudosa ética e ilegítimas pretensiones. Y ahora, conseguidos los objetivos a corto plazo, la verdad parece que ya no importa tanto. Comisiones y comisionados no impondrán acuerdos y consensos partidistas sobre la verdad. Es aventurado matizar lo que no tiene matices y negar lo innegable. No es prudente verter opiniones segadas y únicamente apoyadas por una mayoría, legítima pero no por ello poseedora de la verdad absoluta. La manipulación y el engaño condicionan y matizan a gobiernos y gobernantes pero no tienen fuerza para alternar ni un ápice la verdad de los hechos; esté donde esté, la verdad es inmutable.
Un año después del 11-M se mantiene la fractura social en nuestra tierra. Un año después, se sigue utilizando la desdicha para afianzar posiciones inestables. Muchos años más tarde algunos siguen recurriendo a la mentira para alejar a los ciudadanos del verdadero progreso de esta tierra. Doces meses ya; un año más sin verdad.
Se abrió una herida aún sin cicatrizar. Se sigue manteniendo una disputa política desequilibrada, injusta para los que representan a una inmensa minoría parlamentaria. La verdad no entiende de democracias y mayorías, no entiende de medios y poderes, la verdad sólo entiende de verdad. Y los españoles, aún hoy, seguimos sin saber la verdad de lo ocurrido. Se exigió en unas pocas horas que se desentrañaran los hechos, se convirtió y manipuló un error prudente en un engaño. Se presentó al pueblo la carnaza donde desfogar sus iras, con dudosa ética e ilegítimas pretensiones. Y ahora, conseguidos los objetivos a corto plazo, la verdad parece que ya no importa tanto. Comisiones y comisionados no impondrán acuerdos y consensos partidistas sobre la verdad. Es aventurado matizar lo que no tiene matices y negar lo innegable. No es prudente verter opiniones segadas y únicamente apoyadas por una mayoría, legítima pero no por ello poseedora de la verdad absoluta. La manipulación y el engaño condicionan y matizan a gobiernos y gobernantes pero no tienen fuerza para alternar ni un ápice la verdad de los hechos; esté donde esté, la verdad es inmutable.
Un año después del 11-M se mantiene la fractura social en nuestra tierra. Un año después, se sigue utilizando la desdicha para afianzar posiciones inestables. Muchos años más tarde algunos siguen recurriendo a la mentira para alejar a los ciudadanos del verdadero progreso de esta tierra. Doces meses ya; un año más sin verdad.





