LAS MALAS COMPAÑÍAS de ZP.
ESTE chico, Zapatero, se junta con malas compañías. Parecía tan modosito y educado, y mostraba compostura en la mesa y buenas maneras con las visitas. Iba siempre lavado y repeinado, con la camisa limpia y abotonada, corbata discreta y americana planchada, que parecía un pimpollo de derechas y de buena familia. Pero en cuanto se ha visto con mando en plaza se ha juntado con los golfos del barrio y ha dado el pego a la gente de orden del partido.
Empezó a salir por las noches y a irse de puteo político con Rubalcaba, y se llevaban con ellos al pequeño Pepiño Blanco, que no tiene edad para eso. Se entretenían todos los de la banda en apedrear las ventanas de la escuela y de la Universidad, en dar masculillo a los profesores, en armar jaleo en las iglesias, hacer burla a los curas sacándoles la lengua, rompiéndoles la sotana y colgándoles muñecos de papel en la casulla. Cada día inventaban una diablura nueva. Pero lo peor llegó cuando entró en juego Moratinos, el diplomático pasmado, y comenzó a llevarse de viaje al chico y a asomarlo al exterior, que siempre puede resultar peligroso.
Las salidas de Zapatero han conseguido hacerle amigo y compinche, no ya de los golfos del barrio, sino de los golfos del globo. A lo mejor hace eso para hacer que Bush pille la rabia rabiña, en vista de que no le devuelve la llamada telefónica y en cambio se da el pico con Aznar, así se lo lleven los mengues, y más ahora que acaba de hacer un vídeo al que sólo le falta el dóberman para ser una putada de celuloide. En los extranjeros, el niño Zapatero se junta con Fidel Castro, al que llaman «El Comandante», y con Hugo Chávez, «El Bolivariano», o sea, y ha terminado por venderle navajas, tirachinas y armas negras al de Venezuela para que se haga el chulo del barrio de Suramérica. Cuando le han visto los guardias, les ha explicado que «son armas para la paz», demontre de muchacho.
Delante de las visitas europeas de orden, el puñetero recobra la compostura, se anuda bien la corbata, se alisa las greñas, pone sonrisa de san Pelayito, recita un discurso de la alianza de civilizaciones y promete enderezar entuertos. Aprovecha para hablar del centenario del Quijote y defiende a los humildes, a los marginados y a las pobres mujeres maltratadas, que ahí sí que hace una buena obra si no fuera porque luego lo echa todo a rodar con sus rectificaciones. Dijo Fraga de los socialistas que sólo aciertan cuando rectifican, pero es que estos socialistas de ahora lo que más rectifican son sus propias rectificaciones.
Los muchachos más listos de su misma banda andan preocupados por lo que haga este Zapatero de las malas compañías. No ha hecho caso de Felipe en lo tocante a desmontar el caballo, ni ha hecho caso de Alfonso en lo de la unidad nacional, ni se ha acordado del viejo profesor que avisó de que Dios siempre protege al buen marxista. Este Zapatero sólo piensa en Dios para poner la religión patas arriba. Menos mal que todavía no ha llegado a la imitación de François-Marie Arouet, o sea, Voltaire, y no se ha confesado «enemigo personal de Cristo». No ha llegado a Voltaire, ni siquiera a Largo Caballero, pero hace tiempo que se junta con malas compañías.
Empezó a salir por las noches y a irse de puteo político con Rubalcaba, y se llevaban con ellos al pequeño Pepiño Blanco, que no tiene edad para eso. Se entretenían todos los de la banda en apedrear las ventanas de la escuela y de la Universidad, en dar masculillo a los profesores, en armar jaleo en las iglesias, hacer burla a los curas sacándoles la lengua, rompiéndoles la sotana y colgándoles muñecos de papel en la casulla. Cada día inventaban una diablura nueva. Pero lo peor llegó cuando entró en juego Moratinos, el diplomático pasmado, y comenzó a llevarse de viaje al chico y a asomarlo al exterior, que siempre puede resultar peligroso.
Las salidas de Zapatero han conseguido hacerle amigo y compinche, no ya de los golfos del barrio, sino de los golfos del globo. A lo mejor hace eso para hacer que Bush pille la rabia rabiña, en vista de que no le devuelve la llamada telefónica y en cambio se da el pico con Aznar, así se lo lleven los mengues, y más ahora que acaba de hacer un vídeo al que sólo le falta el dóberman para ser una putada de celuloide. En los extranjeros, el niño Zapatero se junta con Fidel Castro, al que llaman «El Comandante», y con Hugo Chávez, «El Bolivariano», o sea, y ha terminado por venderle navajas, tirachinas y armas negras al de Venezuela para que se haga el chulo del barrio de Suramérica. Cuando le han visto los guardias, les ha explicado que «son armas para la paz», demontre de muchacho.
Delante de las visitas europeas de orden, el puñetero recobra la compostura, se anuda bien la corbata, se alisa las greñas, pone sonrisa de san Pelayito, recita un discurso de la alianza de civilizaciones y promete enderezar entuertos. Aprovecha para hablar del centenario del Quijote y defiende a los humildes, a los marginados y a las pobres mujeres maltratadas, que ahí sí que hace una buena obra si no fuera porque luego lo echa todo a rodar con sus rectificaciones. Dijo Fraga de los socialistas que sólo aciertan cuando rectifican, pero es que estos socialistas de ahora lo que más rectifican son sus propias rectificaciones.
Los muchachos más listos de su misma banda andan preocupados por lo que haga este Zapatero de las malas compañías. No ha hecho caso de Felipe en lo tocante a desmontar el caballo, ni ha hecho caso de Alfonso en lo de la unidad nacional, ni se ha acordado del viejo profesor que avisó de que Dios siempre protege al buen marxista. Este Zapatero sólo piensa en Dios para poner la religión patas arriba. Menos mal que todavía no ha llegado a la imitación de François-Marie Arouet, o sea, Voltaire, y no se ha confesado «enemigo personal de Cristo». No ha llegado a Voltaire, ni siquiera a Largo Caballero, pero hace tiempo que se junta con malas compañías.
Comentario:
Dime con quien andas y te diré quien eres. Malo malo malo que quiera regresar al pasado.





