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LAS ZAPATERINAS
LAS tonterías que Zapatero ensarta casi constantemente tienen un estilo especial. Son tonterías muy personales, fácilmente reconocibles e identificables, como las greguerías de Ramón, las jinojepas de Gerardo, las boludinas de don Pedro o las doloras de Campoamor. De aquí en adelante, yo las llamaré «zapaterinas». Pues entre la sarta de zapaterinas que Zapatero ha expelido esta semana figuran dos que proporcionan estupendo regocijo.

Una, esta zapaterina singularmente modesta: que él, Zapatero por la gracia de Dios, está conduciendo a España hacia los momentos mejores de toda su Historia. Dispónganse ustedes a penetrar detrás de Zapatero en el período más glorioso de nuestra Historia, desde Pelayo a Juan Carlos. Aquí, en esta accidentada piel de toro entre mares, jamás ha habido reinado, ni rey ni roque, que haya sabido enderezar el camino de los españoles a un destino comparable al que Zapatero pone al alcance de nuestra mano.

Y otra, la zapaterina del rey republicano. «Tenemos un rey bastante republicano». En España se puede ser republicano con la condición de no salirse de la monarquía. Yo mismo soy mucho más republicano, no ya que el Rey, sino que el propio Zapatero, pero de una república teórica y platónica, de una república para no traerla. Los españoles ilustres e inteligentes que se llamaron «Amigos de la República» y que la trajeron en 1931 se desilusionaron enseguida y terminaron escribiendo «terceras» en este periódico, que es un periódico monárquico desde su fundación.

Las dos experiencias republicanas que España ha sufrido resultaron mal las dos, y más que malas fueron desastrosas y catastróficas. Será tal vez que, después de una monarquía de tantos siglos, con reyes buenos, malos y regulares, con reinados fastos y nefastos, no sabemos ser republicanos. No sé. Lo que sí sé es que las dos repúblicas no pudieron salirnos peor. La Primera República, la de los federalistas, muy llena de catalanes por cierto, terminó en el cantonalismo, que fue un período no sólo enloquecido, sino pintoresco de nuestra accidentada Historia.

Solamente en mi tierra murciana nacieron el famoso Cantón de Cartagena y las dos repúblicas independientes de Murcia y de Jumilla. El cantón de Cartagena tenía la plata de las minas de La Unión y flota propia, la república de Murcia tenía la huerta y la de Jumilla el vino, y unos y otros se llevaban como perros y gatos. Jumilla amenazó una vez a Murcia con entrar en la ciudad y no dejar piedra sobre piedra.

Lo de la Segunda República fue peor. Dice Zapatero que él entiende por republicano un hombre respetuoso con las instituciones y dechado de virtudes cívicas. Pues si se refiere a los de la República del 31, lo han engañado como a un chino. Aquello fue un muestrario trágico de torpezas, crueldades y crímenes. Y además, de hermosas ilusiones traicionadas. No me lo contaron. Yo lo vi. Cataluña se declaró república independiente, Asturias montó una revolución al estilo soviético, el Gobierno asesinó a uno de los jefes de la oposición y aquel desaguisado desembocó en la Guerra Civil y en la España devastada. Y en cuanto Zapatero se ha aliado con republicanos, hemos empezado a volver a las andadas.
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