Negociar con el terror.
AL final, después de tantas peripecias en las elecciones vascas, los votos necesarios para que Juan José Ibarreche siga siendo el lendakari en aquel país van a tener que darlos los socialistas. O se compone la mayoría parlamentaria con los votos sumados de PNV-EA y PSE, o lo que es peor, con la coalición de peneuvistas y proetarras. Esa es la trampa que han tendido las urnas vascas al nacionalismo radical de Ibarreche: o eres lendakari abrazado a los socialistas españolistas, o te metes en la cama directamente con los abogados de los terroristas.
Por su lado, los socialistas vascos, los socialistas de Patxi López, después de la defenestración de Nicolás Redondo Terreros, están dispuestos a cualquier solución menos a la más lógica. Para ellos, todo es bueno excepto la alianza con el PP para desalojar del gobierno a los nacionalistas. Esa es una posibilidad que los socialistas no contemplan. Todo, antes que unirse con el PP. Prefieren hacer lendakari al autor del plan Ibarreche antes que concertar un entendimiento con María San Gil y unir sus votos a los votos del Partido Popular en el País Vasco. Hasta ahí llega la inquina de los socialistas a los peperos. Consideran que ellos son sus verdaderos enemigos en el País Vasco y allá donde se encuentren. Quisieran ver a los representantes del centro-derecha desterrados del poder en todos los niveles y en todas las instancias, municipios, comunidades y gobierno nacional.
Ni siquiera han disimulado esa inquina, fingiendo que estudiaban la generosa oferta de Mariano Rajoy para formar una opción fuera del nacionalismo, dada la radicalidad del planteamiento soberanista del plan Ibarreche. En realidad, con su negativa a intentar la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas, Zapatero y sus cómplices vascos se han cargado el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Pero todavía tienen la desfachatez de acusar de esa culpa al Partido Popular. Y ni siquiera tienen la gallardía de informar confidencialmente a la otra parte del Pacto de sus contactos y conversaciones con los batasunos y tal vez directamente con los etarras.
Ya sabemos cómo han terminado siempre las negociaciones y conversaciones del Gobierno con los etarras. Exigen algo que ningún gobierno puede conceder, y si lo concediera, sería el pueblo español quien no consentiría que se entregara. Los terroristas exigen la desmembración de España, disfrazada con cualquier eufemismo a cambio de la paz, una paz que tampoco podemos considerar segura, sino engañosa. Entre tanto, la banda terrorista, que estaba acosada y reducida, ha tomado aliento, ha alcanzado a robar a los franceses explosivo para realizar unas cuantas masacres y se dispone a negociar como siempre lo ha hecho: con el bombazo debajo de la mesa.
Y naturalmente, lo mejor que le puede ocurrir a la banda etarra después de estas elecciones y en esta tesitura política es que Juan José Ibarreche siga siendo el «titularra» de la «lehendakaritza». Y eso es lo que van a facilitar los socialistas de Zapatero y López.
Por su lado, los socialistas vascos, los socialistas de Patxi López, después de la defenestración de Nicolás Redondo Terreros, están dispuestos a cualquier solución menos a la más lógica. Para ellos, todo es bueno excepto la alianza con el PP para desalojar del gobierno a los nacionalistas. Esa es una posibilidad que los socialistas no contemplan. Todo, antes que unirse con el PP. Prefieren hacer lendakari al autor del plan Ibarreche antes que concertar un entendimiento con María San Gil y unir sus votos a los votos del Partido Popular en el País Vasco. Hasta ahí llega la inquina de los socialistas a los peperos. Consideran que ellos son sus verdaderos enemigos en el País Vasco y allá donde se encuentren. Quisieran ver a los representantes del centro-derecha desterrados del poder en todos los niveles y en todas las instancias, municipios, comunidades y gobierno nacional.
Ni siquiera han disimulado esa inquina, fingiendo que estudiaban la generosa oferta de Mariano Rajoy para formar una opción fuera del nacionalismo, dada la radicalidad del planteamiento soberanista del plan Ibarreche. En realidad, con su negativa a intentar la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas, Zapatero y sus cómplices vascos se han cargado el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Pero todavía tienen la desfachatez de acusar de esa culpa al Partido Popular. Y ni siquiera tienen la gallardía de informar confidencialmente a la otra parte del Pacto de sus contactos y conversaciones con los batasunos y tal vez directamente con los etarras.
Ya sabemos cómo han terminado siempre las negociaciones y conversaciones del Gobierno con los etarras. Exigen algo que ningún gobierno puede conceder, y si lo concediera, sería el pueblo español quien no consentiría que se entregara. Los terroristas exigen la desmembración de España, disfrazada con cualquier eufemismo a cambio de la paz, una paz que tampoco podemos considerar segura, sino engañosa. Entre tanto, la banda terrorista, que estaba acosada y reducida, ha tomado aliento, ha alcanzado a robar a los franceses explosivo para realizar unas cuantas masacres y se dispone a negociar como siempre lo ha hecho: con el bombazo debajo de la mesa.
Y naturalmente, lo mejor que le puede ocurrir a la banda etarra después de estas elecciones y en esta tesitura política es que Juan José Ibarreche siga siendo el «titularra» de la «lehendakaritza». Y eso es lo que van a facilitar los socialistas de Zapatero y López.





