Por la puerta falsa
¡Ay! el talante, el diálogo y el consenso. Todavía resuenan en los oídos de sus interlocutores de la Conferencia Episcopal aquellas tranquilizadoras palabras de la ministra de Educación, María Jesús San Segundo, sobre su voluntad firme de alcanzar acuerdos con la Iglesia sobre la delicada cuestión de la Ley Orgánica de Educación (LOE). La ministra se mostró persuasiva y cercana para tranquilizar el desasosiego de la jerarquía eclesiástica y el de millones de familias católicas ante una norma que oficializaba el ninguneo de la asignatura de Religión y apuntillaba un sistema de enseñanza de calidad cimentado sobre el esfuerzo, la exigencia y la disciplina. De hecho, los representantes de la Conferencia salieron satisfechos y con una nueva cita con la ministra concertada para ayer. Pero María Jesús San Segundo debe andar floja de memoria, frágil de palabra o liviana de seriedad, porque la dialogante ministra coló la aprobación de la LOE en el Consejo de Ministros el mismo día en que debía reunirse con los obispos para debatir el proyecto. Alevosía y nocturnidad para aprobar la norma por la puerta falsa. Rodillo y no consenso para pasar por encima de la opinión de una inmensa mayoría de la sociedad. La imposición tendrá seguro consecuencias, porque no se puede legislar contra el pueblo y el sentido común y esperar que no pase factura. San Segundo debe prepararse para pagarla.





