Bono desata la polémica. Monumento a las víctimas del Yak-42.
La escultura se colocará frente al Cuartel General del Aire, en Moncloa
El ministro de Defensa, José Bono, discrimina entre los militares muertos en servicio erigiendo una estatua sólo para los del Yakolev. ¿Y los demás?.
El ministro de Defensa, José Bono, va a erigir un monumento en recuerdo a las 62 víctimas del Yakolev, discriminando al resto de militares caídos en acto de servicio, como los 17 muertos de Afganistán. La estatua será colocada frente al Cuartel General del Ejército del Aire en el madrileño barrio de Moncloa para ser inaugurada, en principio a mediados del mes de octubre.
Los militares están que trinan porque los homenajes y los reconocimientos no se miden por el mismo rasero. “Por los muertos en el helicóptero de Afganistán el 16 de agosto no se ha hecho tanto ruido como por los del Yak, y eso que los primeros fueron enviados a Herat (Afganistán) a encomiendas de Zapatero”, dice un alto mando del Ejército de Tierra.
Pero es que, además, la idea ha partido del único ministro de Defensa que se ha propuesto y “autoimpuesto” la medalla militar de mayor distinción, por la rapidez con la que se hizo el repliegue de las tropas españolas en Irak.
El ministro Bono se olvida de los 17 fallecidos en helicóptero en Afganistán; de los siete del CNI abatidos de Irak y de muchos otros -no menos importantes- de los tres ejércitos que han perdido la vida en acto de servicio.
A los fallecidos en el avión Yakolev y a los del helicóptero Cougar se les impuso la Cruz al Mérito Militar con distintivo amarillo. A los tiroteados en Irak, la misma pero con distintivo rojo y a Bono, la Gran Cruz al Mérito Militar (reservada para generales y vips civiles) y con distintivo blanco.
Según el ministro de Defensa, le fue concedida por el presidente Rodríguez Zapatero en el Consejo de Ministros (junio de 2004), pero él dijo haberla rechazado (no consta en el BOE).
En una entrevista en la COPE, el ministro afirmó: “He dicho no tener los oídos tapados, he escuchado las críticas, soy persona que está en política, creo no ser soberbio, y he renunciado, sencillamente, porque creo que fue un error aceptarla”.
La realidad es que 122 militares españoles han muerto en acto de servicio en misiones extranjeras, pero no todos tienen su homenaje. En mayo pasado, en la sede del Ministerio de Defensa, José Bono inauguró una escultura piramidal conmemorativa por las víctimas del Yakolev en el primer aniversario de su muerte. El año anterior, el titular de Defensa hizo lo propio en las localidades turcas de Macka -muy cercana a la montaña contra la que se estrelló el avión-, y en Trebisonda se levantó un mural y una escultura encargada por el anterior ministro de Defensa, Federico Trillo.
A excepción de los monumentos levantados al soldado desconocido, los que fueron erigidos en los distintos cuarteles o los inaugurados con motivo de la Guerra Civil, en España no hay ninguna estatua en honor a los militares muertos en acto de servicio.
Ahora que hay una buena oportunidad para rendir homenaje a todos los militares fallecidos, el ministro Bono prefiere limitar el homenaje a los 62 del Yakolev que se estrelló en Trebisonda en 2003, un año negro de fallecimientos para las Fuerzas Armadas. Además de los militares que regresaban a casa tras su trabajo en Afganistán, ese año fallecieron en acto de servicio otros 19.
El ministro de Defensa, José Bono, discrimina entre los militares muertos en servicio erigiendo una estatua sólo para los del Yakolev. ¿Y los demás?.
El ministro de Defensa, José Bono, va a erigir un monumento en recuerdo a las 62 víctimas del Yakolev, discriminando al resto de militares caídos en acto de servicio, como los 17 muertos de Afganistán. La estatua será colocada frente al Cuartel General del Ejército del Aire en el madrileño barrio de Moncloa para ser inaugurada, en principio a mediados del mes de octubre.
Los militares están que trinan porque los homenajes y los reconocimientos no se miden por el mismo rasero. “Por los muertos en el helicóptero de Afganistán el 16 de agosto no se ha hecho tanto ruido como por los del Yak, y eso que los primeros fueron enviados a Herat (Afganistán) a encomiendas de Zapatero”, dice un alto mando del Ejército de Tierra.
Pero es que, además, la idea ha partido del único ministro de Defensa que se ha propuesto y “autoimpuesto” la medalla militar de mayor distinción, por la rapidez con la que se hizo el repliegue de las tropas españolas en Irak.
El ministro Bono se olvida de los 17 fallecidos en helicóptero en Afganistán; de los siete del CNI abatidos de Irak y de muchos otros -no menos importantes- de los tres ejércitos que han perdido la vida en acto de servicio.
A los fallecidos en el avión Yakolev y a los del helicóptero Cougar se les impuso la Cruz al Mérito Militar con distintivo amarillo. A los tiroteados en Irak, la misma pero con distintivo rojo y a Bono, la Gran Cruz al Mérito Militar (reservada para generales y vips civiles) y con distintivo blanco.
Según el ministro de Defensa, le fue concedida por el presidente Rodríguez Zapatero en el Consejo de Ministros (junio de 2004), pero él dijo haberla rechazado (no consta en el BOE).
En una entrevista en la COPE, el ministro afirmó: “He dicho no tener los oídos tapados, he escuchado las críticas, soy persona que está en política, creo no ser soberbio, y he renunciado, sencillamente, porque creo que fue un error aceptarla”.
La realidad es que 122 militares españoles han muerto en acto de servicio en misiones extranjeras, pero no todos tienen su homenaje. En mayo pasado, en la sede del Ministerio de Defensa, José Bono inauguró una escultura piramidal conmemorativa por las víctimas del Yakolev en el primer aniversario de su muerte. El año anterior, el titular de Defensa hizo lo propio en las localidades turcas de Macka -muy cercana a la montaña contra la que se estrelló el avión-, y en Trebisonda se levantó un mural y una escultura encargada por el anterior ministro de Defensa, Federico Trillo.
A excepción de los monumentos levantados al soldado desconocido, los que fueron erigidos en los distintos cuarteles o los inaugurados con motivo de la Guerra Civil, en España no hay ninguna estatua en honor a los militares muertos en acto de servicio.
Ahora que hay una buena oportunidad para rendir homenaje a todos los militares fallecidos, el ministro Bono prefiere limitar el homenaje a los 62 del Yakolev que se estrelló en Trebisonda en 2003, un año negro de fallecimientos para las Fuerzas Armadas. Además de los militares que regresaban a casa tras su trabajo en Afganistán, ese año fallecieron en acto de servicio otros 19.
Comentario:
El Gobierno se va encontrando en situaciones que debe aclarar a los ciudadanos, si pretende frenar la caída de credibilidad que ya se está produciendo, y a un ritmo creciente. Resulta que, tras dos meses del «suceso» de Afganistán, en el que fallecieron 17 militares, el Ejecutivo sigue sin dar respuesta definitiva a las causas que lo produjeron. Pero hete aquí que el padre de uno de los militares que viajaba en el segundo, ha revelado que no había viento –causa oficial del «suceso»–, y que, sin embargo, sí hubo disparos y dos árabes corriendo tras la caída del primer Cougar. Esto, de ser cierto –que probablemente lo sea– convierte el «accidente» en una acción de guerra, o de sabotaje terrorista.
Y no sólo eso, sino que denuncia la «ley del silencio» impuesta por el Ministerio de Defensa sobre el tema, que ha impedido a cualquier militar implicado informar sobre lo ocurrido.
Ello vuelve a poner al Gobierno entre las cuerdas, por varias razones. En primer lugar, porque estaría ocultando la verdad a los españoles, en un tema de extrema gravedad. La «mentira», de la que tanto acusaron en su momento al anterior Gobierno, parece que se va instalando de manera habitual en el Gobierno de Zapatero (11-M, Guadalajara, Ley TDT, Estatuto catalán, negociación con ETA...). En segundo lugar, porque se demostraría que dichos militares no están allí haciendo labores humanitarias, sino que están en zona de guerra y, por tanto, con riesgo real. Ello no pondría contentos precisamente a los votantes de izquierdas, pues recordemos que dicha guerra fue promovida por los EE.UU y, por tanto, no difiere mucho de la de Iraq. Ya va siendo hora de que ciertos políticos de vía estrecha dejen de pensar que los españoles somos como las ovejas, y que no nos vamos a tragar todo lo que ellos quieran que nos traguemos, con tal de mantenerse en el poder.
Y no sólo eso, sino que denuncia la «ley del silencio» impuesta por el Ministerio de Defensa sobre el tema, que ha impedido a cualquier militar implicado informar sobre lo ocurrido.
Ello vuelve a poner al Gobierno entre las cuerdas, por varias razones. En primer lugar, porque estaría ocultando la verdad a los españoles, en un tema de extrema gravedad. La «mentira», de la que tanto acusaron en su momento al anterior Gobierno, parece que se va instalando de manera habitual en el Gobierno de Zapatero (11-M, Guadalajara, Ley TDT, Estatuto catalán, negociación con ETA...). En segundo lugar, porque se demostraría que dichos militares no están allí haciendo labores humanitarias, sino que están en zona de guerra y, por tanto, con riesgo real. Ello no pondría contentos precisamente a los votantes de izquierdas, pues recordemos que dicha guerra fue promovida por los EE.UU y, por tanto, no difiere mucho de la de Iraq. Ya va siendo hora de que ciertos políticos de vía estrecha dejen de pensar que los españoles somos como las ovejas, y que no nos vamos a tragar todo lo que ellos quieran que nos traguemos, con tal de mantenerse en el poder.





