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Moriencias
A mí me pasa.
Acerca de
Livianos mundos efímeros se acercan, se rozan. Dibujan garabatos en el aire. Se unen. Explotan. No hay fórmula magistral, ni receta mágica. Simplemente hay que seguir. Fuerza de empuje o inercia. Y, un día, desaparecer a contraluz tras la linea de tu horizonte.
Sindicación
 
Rápido, rápido, lento.


Qué deprisa pasa todo. Amanece, me doy la vuelta, me arropo un poco después de meter los pies, escapistas que son, dentro de la cama. Me encojo sintiendo con pleno agrado el cosquilleo agradecido de mi cuerpo. Ese sueño de la mañana es el mejor. Últimamente tengo un despertador mental automático, que yo no he programado, que me despierta, invariablemente, a las 07:45h.

Como si mi cuerpo se llenara súbitamente de helio, salgo disparada hacia la lámpara. Como si la noche no hubiera pasado. Como si no hubiera tranquilidad, paz, como si yo no fuera nadie en mi vida ni en mi sueño, y ni muerta pudiera cerrar los ojos y descansar sin que mi reposo tuviera tiempo de caducidad.

Nada me importa tanto. Tú que me sabes desde hace un tiempo, sabes que pienso que nada es tan importante, que todo pasa, y cuanto conservo de lo pasado lo guardo en una caja en el altillo de este armario.
No me levanto ante esa alarma desconocida, que en realidad no me es desagradable. Pero mi mente, aún colgada de la lámpara, empieza a observar alrededor, y el reflejo que recibo tras mis párpados cerrados cae formando una catarata, y me vuelvo lago.

Ahora suena el despertador de verdad. Concentro cada gota de mi ser en mi mano, que alargo, palpando, buscando, encontrando. No puedo apagarlo... no tengo más remedio que abrir los ojos. En mi última desesperación, le golpeo. No se para ni así...

Me agazapo. Condenso mi mala baba floreciente, crecientemente irritada, en incorporarme. Cojo aire, me siento en la cama con mi rebelde presa atrapada. -Qué coños pasa contigo...!-

Suspirando devuelvo el ratón del ordenador a su sitio, y cojo el móvil, que estaba justo al lado, y sigue pregonando mis estúpidas órdenes de despertarme. Lo paro. Miro de reojo al mouse ( Idiota... esta no es tu hora. Pero sí... yo también te quiero ).

A partir de ahí nada está suficientemente claro. Sé que después de poner mis pies descalzos en el suelo, dar los tres pasos que me separan del balcón, abrirle, maldecir el tráfico y los niños llorones por afición, tomar mi grajea de hierro, salir a la terraza, sacar el toldo para que el déspota de las melenas rubias no queme las plantas, darme una ducha, vestirme, salir a comprar, hacer la comida a mi hijo pequeño, recoger la cocina y un poco de la casa mientras la lavadora me echa una mano, ver a mis padres, sacar un poquito a mi perro, y marcharme a trabajar... mi vida queda atrapada en esa inercia malsana que hace que tenga la sensación de que deja de ser mía.

La noche llega puntual a su cita, y yo vuelvo conmigo de su mano. Hay un momento de encanto, de magia, entonces.
Sentada al borde de la cama, con mi caja negra abierta sobre mis rodillas, repaso el contenido, pienso en el continente. Siempre me falta algo que nunca se qué es. Coloco sin mucho cuidado ni orden los tesoros del día en ella: esa sonrisa inesperada y a tiempo, esa mirada, algunas palabras, incluso retazos incoherentes de conversaciones que no lo son. Algo de simpatía. Dolor.
Cosas que me incumben, que me dan un poco, o de lleno, o me llenan, o no me dan. Mis cosas. Un poco de mi, y... es posible que algo de ti.
Quién sabe...

Mi tiempo viaja a lomos de mi vida, mi vida trastocada y desbocada. Y enfadada con los amaneceres, abismos a los pies de mi cabalgadura ciega, nerviosa, asustada, incontrolable. Mis ojos quieren abrirse más para seguir viendo. Quiero tener mis ojos abiertos para... Más tiempo de... Mis ojos castaños bordeados de negro, con sus párpados. Mis párpados, se me caen...
He puesto el despertador en hora?
Sí...

Buenas noches.

 
Ponle un color, si quieres.


Dominantes. Dominados.
Caprichos emparejados.
Combatientes retados.
Campo de batalla.
Ganas.

Antes de nada, mirar.
Mirar, alejar, atraer, cautivar, incitar, y vuelta a empezar...
( pecho, cintura, caderas, piernas... )

Hablar.
Hablar, provocar, olvidar, acariciar, desear besar, morder, desear...
( Manos ansiosas de piel boca sobre boca, dientes apretando labios )

Desnudar.
Jugar... lamer, humedecer, soplar, gemir, ansiar, descansar sin querer...
Explorar, recorrer...
( Y no querer parar... )

Comer.
Devorar, protestar, complacer, obedecer, poseer...
( Frenético afán de prolongar el momento... y no poder )

Hacer.
Entrar, gemir, salir, gozar, volver...
Sufrir...
...Si!
...No!
Latir...
Arder...
Morir...
Respirar...
Ganar o perder.
Descansar...


...O volver a empezar.
 
Supuestas perspectivas


Se habla de sueño, de sueños. Y ciertamente pudiera ser que estemos dormidos y no lo sepamos. O que nos sepamos despiertos, de ahí ese ansia por soñar...
Sueña si quieres, es cosa tuya. Yo me alegraré si te hace bien. Cosa mía es sembrar la semilla de la duda:
Dormidos, o despiertos, o muertos o vivos de sueño, o aplastados por su peso, qué es realidad y qué no?.
Tú, lo sabes...? Porque me digan lo que me digan ( me digáis lo que me digáis ), diga lo que diga, nada es absolutamente cierto. Ni real...
Nunca nada es todo, ni casi. Siempre habrá un mundo fuera del corto alcance de nuestra vista, vendas aparte.
Ojalá nos veamos, en los tuyos o en los míos, el día que despertemos.
Queremos.

Shhh... Sepulcros, tumbas, nichos: silencios.
La Humanidad duerme, el Hombre sueña.
 
Dirigentes, dirigidos, dirigibles, y yo.

En serio:
Hablar, tanto hablar sin decir nada. Repetir. Reiterar... y exigir la misma actitud en los demás. Vueltas, vueltas, vueltas... persiguiendo su rabo, autoerigidos maestros, líderes, sabios, montan en cólera si sus loables palabras dirigidas a semejantes gusanillos ignorantes, manipulables, no son repetidas como lo hicieron ellos cuando aprendían, como loritos.
Preguntan. Preguntan y exigen respuestas precisas en las que la respuesta sea su propia e impoluta imagen volcada al mundo fortuitamente. Genuinamente.
Afirman. Afirman con la rotundidad, la violencia, de un libro cerrado bruscamente.
Pide explicaciones, pide...

Sonrisas bajo bigotes. Muecas entre barbas. Miradas estudiadas. Gestos aprendidos. Máscaras sobre la nada. Vacío emperifollado. Manzanilla envenenada.

Llámense a sí mismos políticos o personas. Deberían ser el último bastión de las hordas del esperpento, y no son más que la nana que envuelve los engendros que paren las ratas.
No lo odio. No les odio. Me da igual. Me dan igual. ( Quizá me das igual... )
Esto no es más que un desganado reflejo en un espejo. Mi espejo. Pero al fin y al cabo, reflejo (y qué demonios es mi espejo, y quien diablos soy yo para tener uno...?)

Ellos son la única realidad tangible, palpable, demostrable.
Yo No.