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Moriencias
A mí me pasa.
Acerca de
Livianos mundos efímeros se acercan, se rozan. Dibujan garabatos en el aire. Se unen. Explotan. No hay fórmula magistral, ni receta mágica. Simplemente hay que seguir. Fuerza de empuje o inercia. Y, un día, desaparecer a contraluz tras la linea de tu horizonte.
Sindicación
 
La otra cara.
Ante el silencio y la soledad, impenitentes guardianes del pensamiento humano, el miedo se explica, con o sin razones. Con o sin movimientos, con coacciones o falsas libertades, casi siempre en compañía... con palabras y gestos ajenos que a veces hacemos propios.

La noche cae sobre el pellejo humano a las doce de la mañana. Los niños juegan, o almuerzan, en el patio del colegio ajenos a la fuerza de la corriente subterránea por la que irremediable, involuntariamente, serán arrastrados.

En medio de la oscuridad lo mejor es ajustar las gafas de sol. Tanta risa, tanta inocencia, tal capacidad para dar la vuelta y a otra cosa... y seguir sonriendo.
Y seguir adelante, paso tras paso, traspiés, paso, aguantar la nausea, tragar el vértigo, enderezar o no, escupir la bilis, encerrar la rabia en un puño, liberar el corazón, llevarle al puente, volver a ajustar las gafas, seguir adelante sin ahogar una sonrisa, paso tras paso, infancia tras madurez, comprensión tras estupidez, traspiés...

La meta es la salida.
La salida volver a empezar.
El enemigo es el único compañero fiel de viaje.
La noche el bálsamo, el alivio, el momento en que el sol no hace llorar los ojos; es cuando los guardianes se retiran a descansar.

( Ah...! Volar... )
 
Comentario:
Hum.
No