Tú sabes...
En el vacío, una silueta desdibujada, irradiando una luz mortecina, va y viene en zig zag.
Lenta e inexorablemente se acerca. A un palmo de la nariz detiene su sin rostro, su sin gesto, su sin forma.
Cuando el silencio se hace tan denso como la crispación el miedo y la impotencia, cuando las formas desestabilizan cualquier convencimiento, cualquier seguridad, alguna esperanza, creencia, fe... el mundo se para. Y todo explota.
Lanzados fuera de si, en la desesperación de su propia búsqueda a tientas, van recuperando retales de sus cielos. De sus tierras. De sus infiernos.
No hay más remedio que componer el puzzle con lo que queda.
Y todo sin dejar de ver, sin parpadear siquiera...

(Daría algo por que nos diéramos cuenta de que en ningún momento nos hemos perdido, ni hemos perdido, ni ganado, ni cerrado los ojos. Que nada cambia aunque el universo nos deje fuera. Que se puede dar la espalda a la razón sin levantar un pie del suelo. Que no se ha perdido ni roto ninguna pieza.
Si supiéramos parar, respirar, sentir sin necesidad de preguntar.
Si antes de nada dispusiéramos un tiempo de cuarentena para observar, y comprobar si se acerca o no el atolondrado de la borrachera...
Ay si supiéramos que no estamos ciegas, compañera.)
Comentario:
Muchas veces es soñado con parar el tiempo y flotar por encima de la realidad para analizar todo desde otra perspectiva, sin prisas, con pausas.
Un saludo. Vento.
Un saludo. Vento.





