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Moriencias
A mí me pasa.
Acerca de
Livianos mundos efímeros se acercan, se rozan. Dibujan garabatos en el aire. Se unen. Explotan. No hay fórmula magistral, ni receta mágica. Simplemente hay que seguir. Fuerza de empuje o inercia. Y, un día, desaparecer a contraluz tras la linea de tu horizonte.
Sindicación
 
Punto y aparte


No creo que sea cuestión de hormonas. Aunque el hecho de que los hombres, entendiendo esta palabra como concepto que engloba a la humanidad, no como sexo, juzguen, condenen, y ejecuten libremente, con la frente alta. Que se justifiquen, que aleguen. Que hagan de sus excusas sus razones y las impongan en nombre de ( espacio reservado para publicidad ), o pretendan hacerlas causa común a toda la raza, con las implicaciones que esto supone individual y colectivamente, es lo más humano que ha ocurrido a lo largo de la historia. La misma historia que no entendemos por qué se repite reiteradamente, asombrosamente, peligrosamente.

Al hombre le gusta jugar a ser dios. El hombre tiene un concepto, previamente inculcado, de ese dios, por llamarlo de alguna manera. El hombre cree que dios está ahí para él, que es un modelo a seguir, un ejemplo a imitar. Y habla de él. Y habla con él. Y olvidándose de si, el hombre cree haber sido hecho a imagen y semejanza de dios. El hombre es dios, luego... dios, es como el hombre.

Y todo sigue adelante entre razonamientos lógicos, encasillamientos, comparaciones, modificaciones, alegatos interminables, conflictos que derivan en irracionalidades que llevan al conflicto, que arrastran en su caída, destrozan todo lo habido, y dictan a quien queda la verdadera historia desde los auténticos principios éticos y morales de su deidad.

De su propia deidad. Cada cual, desde la suya.

Pensamientos, sentimientos, y emociones, no sirven. No se pueden pesar, medir, ni contar. No se pueden comparar. No hay dos iguales. Y el hombre decide que científicamente, no sirven porque no se pueden demostrar ( acaso van a ser tus sentimientos mejores que los míos? tu amas más que yo? mejor que yo? crees que yo voy a consentir que eso llegue a imaginarse siquiera? ).

El hombre inculca su frustración, sus miedos, su rabia, y su ignorancia; viste de velos de vaporosa, transparente, profundidad su superficialidad... y la humanidad lo asume como verdad.

Y proclama clemencia divina, aplicando justicia humana.
Y todo vuelve a empezar.

Consciencia de dios en la conciencia del hombre. Sin viceversa.

( Cerrando los ojos miro un poco más allá, y no sé si es dios lo que siento, pero es paz. Una paz de espaldas, pero en perfecta comunión, con un mundo caótico en declive. Una oscuridad universal que abrazándome me convence. Y me dejo mecer, me dejo llevar. El silencio besa mi frente y suspiro al pensar, tranquilamente, qué pasará el día en que ratas y cucarachas aprendan a hablar )
No