Punto y aparte
No creo que sea cuestión de hormonas. Aunque el hecho de que los hombres, entendiendo esta palabra como concepto que engloba a la humanidad, no como sexo, juzguen, condenen, y ejecuten libremente, con la frente alta. Que se justifiquen, que aleguen. Que hagan de sus excusas sus razones y las impongan en nombre de ( espacio reservado para publicidad ), o pretendan hacerlas causa común a toda la raza, con las implicaciones que esto supone individual y colectivamente, es lo más humano que ha ocurrido a lo largo de la historia. La misma historia que no entendemos por qué se repite reiteradamente, asombrosamente, peligrosamente.
Al hombre le gusta jugar a ser dios. El hombre tiene un concepto, previamente inculcado, de ese dios, por llamarlo de alguna manera. El hombre cree que dios está ahí para él, que es un modelo a seguir, un ejemplo a imitar. Y habla de él. Y habla con él. Y olvidándose de si, el hombre cree haber sido hecho a imagen y semejanza de dios. El hombre es dios, luego... dios, es como el hombre.
Y todo sigue adelante entre razonamientos lógicos, encasillamientos, comparaciones, modificaciones, alegatos interminables, conflictos que derivan en irracionalidades que llevan al conflicto, que arrastran en su caída, destrozan todo lo habido, y dictan a quien queda la verdadera historia desde los auténticos principios éticos y morales de su deidad.
De su propia deidad. Cada cual, desde la suya.
Pensamientos, sentimientos, y emociones, no sirven. No se pueden pesar, medir, ni contar. No se pueden comparar. No hay dos iguales. Y el hombre decide que científicamente, no sirven porque no se pueden demostrar ( acaso van a ser tus sentimientos mejores que los míos? tu amas más que yo? mejor que yo? crees que yo voy a consentir que eso llegue a imaginarse siquiera? ).
El hombre inculca su frustración, sus miedos, su rabia, y su ignorancia; viste de velos de vaporosa, transparente, profundidad su superficialidad... y la humanidad lo asume como verdad.
Y proclama clemencia divina, aplicando justicia humana.
Y todo vuelve a empezar.
Consciencia de dios en la conciencia del hombre. Sin viceversa.
( Cerrando los ojos miro un poco más allá, y no sé si es dios lo que siento, pero es paz. Una paz de espaldas, pero en perfecta comunión, con un mundo caótico en declive. Una oscuridad universal que abrazándome me convence. Y me dejo mecer, me dejo llevar. El silencio besa mi frente y suspiro al pensar, tranquilamente, qué pasará el día en que ratas y cucarachas aprendan a hablar )






