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Moriencias
A mí me pasa.
Acerca de
Livianos mundos efímeros se acercan, se rozan. Dibujan garabatos en el aire. Se unen. Explotan. No hay fórmula magistral, ni receta mágica. Simplemente hay que seguir. Fuerza de empuje o inercia. Y, un día, desaparecer a contraluz tras la linea de tu horizonte.
Sindicación
 
Juegos de-mentes

Decía yo que las galletas no sirven como buques, ni como submarinos, porque las cucharas serían las mejores bombas aun no inventadas. Las galletas no se parecen en nada a los picatostes en el puré, o en una sopa ( ese caldito aderezado con múltiples mínimos trozos de chorizo rehogado, huevo cocido picadito menudín menudín, y un poco de arroz o pasta, según ), no, ellos flotan por mucha cuchara que les des dirección al fondo. Y empeño, y ganas...

Las diferencias entre las galletas y los picatostes las voy a poner yo mañana sobre la mesa, con esa sopa de primero, una pescadilla rebozada de segundo, y una tarta carlota de postre. Tendré que levantarme un poco antes. Me jode madrugar para no hacer más que más de lo mismo: cocinar, cocinar, cocinar. Pero si no madrugo... Veo mi imagen reflejada en el espejo de la puerta del horno y le digo a mi imagen: cómo lo hago?, a ver Num... ( me enfrento a mí misma, encarándome y exigiendo una solución ), con todo lo que tienes que hacer, precisamente mañana, y te metes en estos fregaos?, pues ahora me vas a contestar ( enfaduscada ya ) venga, tu... cómo lo harías?.

El espejo, el horno, la cocina, la luz misma... todo se desvanece en un zumbido oscuro, pesado. Cierro mis puños y descanso parte del peso de mi cuerpo sobre el respaldo de una silla. Sé que mi respiración ha cambiado súbitamente, y peleo por conseguir un poco de aire en mis pulmones.
Hay un espacio abierto a la oscuridad al otro lado de mis párpados cerrados. En el centro de mi visión, un cono de vacío baila sobre su vórtice. Se estira, merma, ensancha, contrae casi hasta desaparecer... y explota lloviendo sobre el ambiente un sonido más tranquilo, que empapa cuanto toca. Que cae. Que cae. Que me cubre mientras cae mas abajo que mis pies, que también caen...

Caigo sobre un lugar empapado en música. La llanura, las colinas al otro lado de los acantilados del mar de música, la vegetación, el aire. Al poner los pies en esa tierra siento su vibración. Es la misma que la que escucho procedente de la lluvia que me cubre. Me tranquiliza. Me relaja. Me duermo... Estaré sola?. De súbito esta idea se clava en mis sentidos espoleándolos, agudizándolos, irguiéndome. Miro alrededor.

Hay una sombra azul a mi espalda, detrás de mi hombro derecho. No es mi sombra, o no la reconozco. Pregunto: qué quieres?, contesta: a ti. Pregunto: para qué me quieres?, contesta: para mi. Contesto: no queda nada de mi para ti.
Mientras la melodía sombra azul desaparece absorbida por la tierra, en una última nota escucho: No puedo perder lo que nunca he tenido. Tu sí.
Y no sé por qué, le tiendo una mano. Y sin saber por qué, le abrazo.
Y aborrezco que en el momento en que me miró, sonara el teléfono, y mi interlocutora me comunicara que tenía la mañana siguiente libre. Todo mi tiempo para mi...

Aún con la resaca de ninguna borrachera encima, me senté y apunté cuanto recordaba.
He de confesarte que hubo más. Y decirte que, lo que hubo entre el abrazo y la mirada, no es cosa tuya.
Y aunque tampoco es cosa tuya... no hice ni sopa, ni pescado, ni carlota. Dormí. Y soñando composiciones de música azul (el despertador desactivado, el móvil apagado, el fijo desconectado), me sentí tan bien, que decidí contártelo.
No