Esta noche acaba en ti.
Vaya horas de salir de trabajar... Podía estar en la cama. Respirando. Con los ojos cerrados. Podía estar dejando que la película de mi vida pase ante mí siendo su única espectadora. Relajar mi cuerpo. Descansar mi mente.
Qué va...
Ocurre que cuando me acuesto, molida, agotada, derrotada, mi vida aparece ante mí con más claridad que en cualquier otro momento. Veo salidas, llegadas, modos, maneras, soluciones (a veces), imposibles, deseos, incluso ansias. Todo lo que durante mi día permanece bloqueado por necesidad, explota. Y me cabreo. Y cuando me cabreo mi pensamiento subconsciente me aplasta con su lógica.
Tengo un cuaderno junto a la almohada, cargado con un bolígrafo. Cuando me despierto con algún sueño reciente, lo anoto. No enciendo la luz, apenas me muevo, así, como para no molestarme. Y empiezo a pensar: esto debería anotarlo, esto no, esto ya lo tengo, esto me vale... Me doy la vuelta refunfuñándome. Un cigarrín?. Mierda de avalanchas (Héroes del silencio aparecen entre el tumulto semi inconsciente). No, no quiero fumar tanto. No?, cuanto he fumado hoy? (hum...), demasiado para variar. Qué hora será? (otra vuelta, casi respingo, otra postura, la avalancha continúa, la alimento bien).
-Niña... son más de las tres y media de la mañana. Saliste hace una hora de trabajar. A las doce hay que estar puesta otra vez. Qué estás haciendo?.
-El idiota.
(ah! buen libro, genial obra de teatro, lo vi en Calderón hace... joder, ya estoy pensando otra vez, y mañana tenemos dos bautizos, unas bodas de oro, montones de reservas... llegarán las croquetas?, ya me veo a la puta carrera haciendo masa y moldeando sobre la marcha mientras cien personas esperan, sentados, eso sí, su comida. Bueno, por la tarde descansamos. Mañana dormiré sin pensar, aunque más me valdría hacerlo hoy, o no sé si daré de si... o no... o...)
Qué sueño... Qué cansancio... Qué llorona estás hecha, hija... Qué asco... Otra vuelta.
Qué extraño silencio... Dentro y fuera todo enmudece. Sólo queda ese silbido en mis oídos. Ha parado. El mundo ha enmudecido para mí, y yo enmudezco para el mundo. Favor que nos hacemos...
Sólo esa música mosconea de fondo sin molestar, sin interrumpir, como si no hiciera nada salvo sonar. Como si estuviera en mitad de una tempestad, pero ya no me mojara. Como si ya no me importara.
Y no puedo evitar, ni quiero, recodar aquella noche y aquellas palabras aparentemente inocentes. El bien que me hicieron, me siguen haciendo. Sonrío agradecida. Me mece su nana. Pienso en su cara leyendo esto. Río serena, alegremente: Porque fuiste tú, es a ti a quien quiero.
Cómplice de mi misma, víctima del sueño, por encima de esas notas que no tienen nada que ver, haciendo como si ahora tampoco tuviera el control, escucho encantada, hipnotizada otra vez, su voz:
-Déjate llevar...
-Escúchala, está viva...
-Tú también...
-Ahora estáis bien...
-Sólo tú y la música.
-Sólo tú y la música...
-Sólo...
...
...
...






