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Moriencias
A mí me pasa.
Acerca de
Livianos mundos efímeros se acercan, se rozan. Dibujan garabatos en el aire. Se unen. Explotan. No hay fórmula magistral, ni receta mágica. Simplemente hay que seguir. Fuerza de empuje o inercia. Y, un día, desaparecer a contraluz tras la linea de tu horizonte.
Sindicación
 
Lunes: mi día libre.



Aunque no es como otros. Es cierto que no he parado, pero el ritmo de los Lunes, aunque no pare, es mucho menos vertiginoso que el resto de mis días.
La lluvia, bendita sea, sea como sea, cuando sea ( "puesto está donde caer... que caiga!" decía mi abuela ), ha hecho que mi paseo interminable de los lunes haya consistido en venir de casa de mi madre a la mía: medio cigarrillo.

Me he sentado a cenar tranquilamente ( eso es un lujo, créeme ), con tantas horas por delante que he encendido la TV, un punto de luz de referencia, la estufa, un cigarrillo, y me he acomodado en el sofá ( otro lujo excepcional que se me da bien de ciento en viento ).
Mi compañerillo, mi perro, me miraba raro. Yo le sonreía. Él miraba alrededor buscando a los amitos. Yo le explicaba que no están, que sólo estábamos nosotros dos... y los tatos ( le enseñé a asociar esa palabra "tatos" con los hámster enanos rusos; ya tengo siete ). Él olisqueaba el aire, digo yo que buscando a los amitos. Y le he explicado que no están, que se han ido de vacaciones con su padre, que no volverán hasta el Domingo. Y que me alegraba de que no reconociera las brechas que abre el tiempo, que, alguien, no sea consciente, víctima, de su paso. Él se iba acomodando muy pegado a mi pierna izquierda, sin dejar de mirarme, sin dejar de mover las orejillas, sin dejar de abrir mucho los ojos. Te vas a dormir?. Tienes mucho sueño?. Bosteza. Se arrima más. Mil vueltas después se acurruca. Me lanza una mirada que me sugiere: te vas a callar un rato y dejarme dormir? luego seguimos hablando, eh, mami?. Relamiéndose esconde su cabecita entre las patas. Suspira ruidosamente. Nos tapo con la manta, cortesía del Ayuntamiento de mi pueblo, y me dispongo a empaparme de lo que pasa en el mundo con las noticias de las nueve.

No sé cuanto he aguantado, cinco minutos quizá, antes de venirme al ordenador realmente empapada hasta los huesos. Qué manera de lloverme recuerdos, sensaciones, emociones, que inmediata y automáticamente han desembocado en rabia, ira, frustración, asco...

Que si el Ibarretxe, que si el Otegi, que si una patada en salva sea la parte... No. No me engaño ni te engaño: esa lluvia no llega siquiera a mojarme. Ha sido ese señor del foro de Hermua que hablaba a los medios de comunicación de su confianza en atrapar al agresor. Ese señor que ha manifestado, tan infantil como abiertamente, que allí hay quien cree en la Constitución. Y esa señora que repetía continuamente: "Son siete contra mil".

Y esa sensación amarga relegada al olvido ha vuelto a mi boca. He empezado a hacerme preguntas dirigidas a ellos. A los vascos. Pero ha sido sólo un momento. Acto seguido el peso mis experiencias en los ocho años que viví allí me ha aplastado, y ya sólo he podido ver aquella luz, aquellas caras, mientras mi mente generaba una sentencia, y otra, y otra...

Entre medias, la cara del bedel del colegio al que iban mis hijos, la del director, las de los profesores, las de mis vecinos y amigos allí, en Irún y San Sebastián, y Oiarzun, y Loyola, y Astigarraga, y Fuenterrabía, y... volvían a la locura compartiendo conmigo, mano con mano, manifestaciones silenciosas por esa ¿aclamada? paz por un lado, y por otro las ausencias por detención de las mismas personas en las otras manifestaciones, según ellos, también pacíficas y, sobre todo, justas.

Cuando mi ex marido llegaba a casa, le hablaba de estas cosas. Lo hacía en tono distendido, sin preocupaciones, y casi sin más intención que "dar el parte del día". Poco a poco todo aquello se me fue echando encima. Él empezó a prohibirme hablar según con quien, saludar según a quien, y, machaconamente, tener cualquier contacto con cualquiera que tuviera algo que ver con los vascos. Poco después, hablar con cualquiera que no fuera él, era despreciarle. Y confié. Y obedecí. Y caí, caí, caí... Entre las enfermedades de mis hijos, los días y las noches sola, lejos de casa, de mi gente. Entre el no entender lo que me pasaba, ni lo que nos pasaba, ni lo que pasaba, llegué a no reconocerme y, por ende, a no aceptarme. A no reconocer el medio en el que me movía si no como hostil, y no aceptarle.
Aquella depresión. Aquella agorafobia. Aquella situación...

Me levanté entonces como me he levantado hoy del sofá ante esa noticia: con el estómago revuelto, desorientada, tragando hiel. Con decisión, firmeza, con ganas de mandar todo a tomar por donde amargan los pepinos y hacer cuanto sé: sobrevivir.
Y, como entonces, mis pasos me parecen pesados, lentos, inseguros. Mi mente, una ciénaga.

Ahí fuera llueve deliciosamente.

Aquí dentro, una vez más, mi corazón vuelve al infierno volviendo a congelarse al volver a descubrir que, por mucho tiempo que pase, para los hombres, la Ley seguirá ignorando a la Justicia.
 
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Para qué decir nada si ya sabemos lo que pensamos y si nuestras palabras no son mejor que el silencio, a callar, pero gritando con ese gesto tan sumamente poderoso, me podrán quitar mi vida pero nunca me quitarán mi honor.
Sabemos dónde estamos, sabemos que nos leemos, que nos veremos, todo a su debido tiempo, como la lluvia o el fuego, que para purificar, primero tiene que destruir. Luego sembramos, que llueva, y que sea lo que tenga que ser.....
Nos vemos, nos iluminamos....
 
Comentario:
Apenas veo televisión, aparte de alguna peli mil veces repetida o capítulos sueltos de alguna que otra serie como "House".
No me interesa lo que me intenten meter en las noticias, o las mentiras que unos u otros cuenten.
Me entristece pensar que pueda existir el miedo a vivir con libertad en tu propia tierra, y que lo tengamos tan próximo.
Pero he decidido que tengo a gente mucho mas cercana a la que le debo mi atención,por la que preocuparme, por compartir mis cosas con ellos y disfrutarlos mientras pueda, y casi ha llegado el punto en que el resto del mundo me parece tan lejano que ya no me interesa.
Tal vez esa sea la única solución a todos los problemas del mundo, que nos ocupemos cada uno de hacer bien a las personas que queremos, y al final el circulo será tan amplio que no habrá conflictos... pero es sólo una idea.
Pd: Ahora rozas mi círculo así que espero que esos ánimos cotizen al alza, que disfrutes de la lluvia, y que los nubarrones que ves en tu vida, (que no en el cielo) desaparezcan para dejar un día claro...
ese beso Num...
No