Rápido, rápido, lento.
Qué deprisa pasa todo. Amanece, me doy la vuelta, me arropo un poco después de meter los pies, escapistas que son, dentro de la cama. Me encojo sintiendo con pleno agrado el cosquilleo agradecido de mi cuerpo. Ese sueño de la mañana es el mejor. Últimamente tengo un despertador mental automático, que yo no he programado, que me despierta, invariablemente, a las 07:45h.
Como si mi cuerpo se llenara súbitamente de helio, salgo disparada hacia la lámpara. Como si la noche no hubiera pasado. Como si no hubiera tranquilidad, paz, como si yo no fuera nadie en mi vida ni en mi sueño, y ni muerta pudiera cerrar los ojos y descansar sin que mi reposo tuviera tiempo de caducidad.
Nada me importa tanto. Tú que me sabes desde hace un tiempo, sabes que pienso que nada es tan importante, que todo pasa, y cuanto conservo de lo pasado lo guardo en una caja en el altillo de este armario.
No me levanto ante esa alarma desconocida, que en realidad no me es desagradable. Pero mi mente, aún colgada de la lámpara, empieza a observar alrededor, y el reflejo que recibo tras mis párpados cerrados cae formando una catarata, y me vuelvo lago.
Ahora suena el despertador de verdad. Concentro cada gota de mi ser en mi mano, que alargo, palpando, buscando, encontrando. No puedo apagarlo... no tengo más remedio que abrir los ojos. En mi última desesperación, le golpeo. No se para ni así...
Me agazapo. Condenso mi mala baba floreciente, crecientemente irritada, en incorporarme. Cojo aire, me siento en la cama con mi rebelde presa atrapada. -Qué coños pasa contigo...!-
Suspirando devuelvo el ratón del ordenador a su sitio, y cojo el móvil, que estaba justo al lado, y sigue pregonando mis estúpidas órdenes de despertarme. Lo paro. Miro de reojo al mouse ( Idiota... esta no es tu hora. Pero sí... yo también te quiero ).
A partir de ahí nada está suficientemente claro. Sé que después de poner mis pies descalzos en el suelo, dar los tres pasos que me separan del balcón, abrirle, maldecir el tráfico y los niños llorones por afición, tomar mi grajea de hierro, salir a la terraza, sacar el toldo para que el déspota de las melenas rubias no queme las plantas, darme una ducha, vestirme, salir a comprar, hacer la comida a mi hijo pequeño, recoger la cocina y un poco de la casa mientras la lavadora me echa una mano, ver a mis padres, sacar un poquito a mi perro, y marcharme a trabajar... mi vida queda atrapada en esa inercia malsana que hace que tenga la sensación de que deja de ser mía.
La noche llega puntual a su cita, y yo vuelvo conmigo de su mano. Hay un momento de encanto, de magia, entonces.
Sentada al borde de la cama, con mi caja negra abierta sobre mis rodillas, repaso el contenido, pienso en el continente. Siempre me falta algo que nunca se qué es. Coloco sin mucho cuidado ni orden los tesoros del día en ella: esa sonrisa inesperada y a tiempo, esa mirada, algunas palabras, incluso retazos incoherentes de conversaciones que no lo son. Algo de simpatía. Dolor.
Cosas que me incumben, que me dan un poco, o de lleno, o me llenan, o no me dan. Mis cosas. Un poco de mi, y... es posible que algo de ti.
Quién sabe...
Mi tiempo viaja a lomos de mi vida, mi vida trastocada y desbocada. Y enfadada con los amaneceres, abismos a los pies de mi cabalgadura ciega, nerviosa, asustada, incontrolable. Mis ojos quieren abrirse más para seguir viendo. Quiero tener mis ojos abiertos para... Más tiempo de... Mis ojos castaños bordeados de negro, con sus párpados. Mis párpados, se me caen...
He puesto el despertador en hora?
Sí...
Buenas noches.

Comentario:
joer......me dices que demasiado serio...pero es que....me da no se que entrar en tu blog....y llenarte el suelo de barro.
Ahi te dejo unos ripios a modo de soneto mal traido.
Asumamos que el tiempo real es la noche,
escribamos el caos con tinta de plata,
y optaremos por hacer de la nada un derroche
admirando el poder de catarsis del habla.
Solo de narrar las caricias del aire,
suena codicioso algun íntimo fragor,
surge y unifica lo que no es de nadie,
rigidez letal, clamoroso rubor.
Despierte el encanto de sonrisas tristes
y, aproando bajeles al viento del sur
perdamos la razon que a veces nos viste
amuremos navios al intimo azul.
Depresion, sol y luna y penoso eclipse
y sudor y la apnea y la falta de luz.
busca algo ahi........besos
santol-javier
Ahi te dejo unos ripios a modo de soneto mal traido.
Asumamos que el tiempo real es la noche,
escribamos el caos con tinta de plata,
y optaremos por hacer de la nada un derroche
admirando el poder de catarsis del habla.
Solo de narrar las caricias del aire,
suena codicioso algun íntimo fragor,
surge y unifica lo que no es de nadie,
rigidez letal, clamoroso rubor.
Despierte el encanto de sonrisas tristes
y, aproando bajeles al viento del sur
perdamos la razon que a veces nos viste
amuremos navios al intimo azul.
Depresion, sol y luna y penoso eclipse
y sudor y la apnea y la falta de luz.
busca algo ahi........besos
santol-javier
Comentario:
espero ser un okupa de algun momento de tus noches...................
besos .......santol
besos .......santol
Comentario:
¿Monotonía?
El tiempo es un preciado tesoro imposible de retener, sólo podemos recordarlo....
A mi me cuesta mucho el levantarme, algo parecido a lo que has descrito fielmente.... eso sí, una vez despierto no aguanto nada en la cama...
El día a día, a veces se hace rutinario... creo que debemos hacer lo posible porque cada día sea especial.... diferente.... pues no suelen volver...
Un beso. Vento.
El tiempo es un preciado tesoro imposible de retener, sólo podemos recordarlo....
A mi me cuesta mucho el levantarme, algo parecido a lo que has descrito fielmente.... eso sí, una vez despierto no aguanto nada en la cama...
El día a día, a veces se hace rutinario... creo que debemos hacer lo posible porque cada día sea especial.... diferente.... pues no suelen volver...
Un beso. Vento.
Comentario:
A mí me gusta esperarte para que me dés un beso. Entonces cojo mi espada y mi cazo, y me voy a la cama con paso decidido.
Me gusta compartir contigo esas horas en las que, a veces, llegamos a ser realmente nosotras.
Un beso, micaniwapa.
Me gusta compartir contigo esas horas en las que, a veces, llegamos a ser realmente nosotras.
Un beso, micaniwapa.





