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Moriencias
A mí me pasa.
Acerca de
Livianos mundos efímeros se acercan, se rozan. Dibujan garabatos en el aire. Se unen. Explotan. No hay fórmula magistral, ni receta mágica. Simplemente hay que seguir. Fuerza de empuje o inercia. Y, un día, desaparecer a contraluz tras la linea de tu horizonte.
Sindicación
 
Veo veo...


Si esta fuera una noche normal, me asombraría de lo que soy capaz de pensar. Si yo fuera capaz de hacer invocaciones, esta noche estaría invocando, casi sin querer, a la muerte. A la muerte de un momento, de una circunstancia, la muerte de todo lo acumulado, de todo lo opresor, de todo lo demente... Aunque fuera mi propia vida la que muriera en el intento.
Pero no. No es eso lo que ellas quieren? Las dos? encontrarse, gozarse, deleitarse a mi costa o a causa de lo mío, de los míos.
No... No mataré al dragón. No permitiré que salve a princesa imaginaria alguna. No facilitaré el romance de semejantes bestias.
Vida y muerte y viceversa.

Ya casi llego.
Ya casi he aprendido a amar la sangre que compone arabescos decorados con perlas lacrimosas en mis paredes:
A esa luz que invade todo y a todos y no ilumina a nadie, que a todos ciega, y tantos imponen.
A esa marea de amor que, lejos de empapar, ni siquiera moja. Marea que no sube ni baja porque no hay luna en su cielo, porque no tiene cielo, porque no es luna.
Al ideal color irreal de la frustración justificada.
A las cuencas vacías de miradas sinceras, espejos pulidos, delatores de corazones ególatras.
Al metal bruñido de la superficie del agua mansa.
Al erotismo manifiesto de un cuerpo sin alma.
A las caricias infectadas.
A este brutal juego.
A ti.
A mí.
A nada.

Los combatientes en duelo a espada, de obra o de palabra, pisan fuerte sobre el suelo. Y sigo viendo que la noche y su frío a nadie agrada.
Todos sabemos, en fin, que llegará el alba...



Ánimo. Falta poco. Lo se. Lo se porque, mirando al final, la tranquilidad me espanta.
 
Comentario:
Animal nocturno y de costumbres soy, ya dijo mi abuelo que las noches eran para los lobos y las putas, a lo que yo respondia con gracia infantil picarona que tetas no tenía, y él me respondia con una sonora carcajada que entonces de lobezno mucho tenía, y si ya de joven era lobezno avezado..., ¡¿de mayor cómo llegaría a ser!? Pues aquí sigo, siendo un pequeño lobo de mar de tierra adentro, pero que la fría y dura noche me encanta, me hace sentir vivo, porque en la dureza y en la frialdad se despierta mi interior alerta, esperando el golpe fatídico que hay que esquivar y contraatacar, pero hermano, huye hoy para luchar mañana, asesta un golpe que lo atonte y continua tu caminar pasivo, sin prisa, sin pausa, ¡pero marcando huella, que venga a buscarme! Venderé caro mi pellejo puesto que suyo siempre ha sido....
No