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Moriencias
A mí me pasa.
Acerca de
Livianos mundos efímeros se acercan, se rozan. Dibujan garabatos en el aire. Se unen. Explotan. No hay fórmula magistral, ni receta mágica. Simplemente hay que seguir. Fuerza de empuje o inercia. Y, un día, desaparecer a contraluz tras la linea de tu horizonte.
Sindicación
 
Suelos. Cielos.


A medida que ha avanzado el día, las nubes han ido ganando terreno. Ya hace un rato que nos envuelve la noche. Una noche ventosa, fría, húmeda. La primera.
Sí, hace frío ahí fuera.

Hace frío en mi calle, en la plaza en la que nací, y en la otra que ahora llaman "de la fuente". La fuente lleva todo el verano cantando la misma solitaria canción de agua. La escucho cuando paso, como ahora. Canta himnos prohibidos, necesitados: secretos a voces.
Mientras camino despacio, en silencio, mis pasos tienen un eco diferente al habitual: son el coro de la lluvia solista que me empapa. Sonrío al pálido cielo nocturno, depositario de mis pensamientos, guardián de mi confianza. Me detengo. La fuente también. Un suspiro-barco se me escapa, y atraca en la superficie del pilón, aun revuelta. Dejaré que pase la noche ahí.
El camino paralelo a la antigua carretera, en parte aún de tierra, es una alfombra de brillantes. Voy...
Cuando llego al punto de retorno fijado para el paseo, la lluvia arrecia.

La lluvia va pulsando cada cuerda arrancando notas imposibles: canalones, césped, cipreses, tierra, losas.
Agarrada a las verjas de forja, la prisionera que hay en mi musita un réquiem con los ojos cerrados.
Un traqueteo producido por un golpe de viento me hace abrirlos. Aquí nadie se queja del frío o la lluvia. Aquí, la perfecta horizontalidad de los silencios, solo ensombrecida por la compleja verticalidad de las sombras, persigue, seduce, atrapa, abraza, besa, enamora... cuando el humano calla.
Y callo, y me doy la vuelta.

Dejando atrás el cementerio, las luces de la ciudad amarillean sobre el ambiente negro. Hay quien corre como si esto fuera lluvia de piedras, o lluvia de escorpiones, o lluvia ácida.
Corren maldiciendo. Maldiciéndose: como has podido olvidar el paraguas?.
Y los maldigo. Y los olvido. Y con las gafas, inútiles por empapadas, sobre mi cabeza, avanzando sin prisa, el cielo me devuelve un deseo.

(Y me doy cuenta del frío que hace ahí fuera... y aquí dentro).

 
Comentario:
-NiBuenoNiMalo:

... Y es que esa es la única forma de disfrutar realmente: sin prisa, sin agobio, sin "tengoqué". Aunque esta fórmula es practicamente una utopía, así que... a degüello.

Un saludo.
Gracias.

>>>*<<<

-Ballesta:

Los paragüeros no entienden de indios, los caballos sí , pero esos en cuanto caen cuatro gotas abandonan mis parques y mis esquinas. Vente, y bailamos juntas la danza de la lluvia ( que nosotras de hacer el indio podríamos impartir masters ). Lo de mojarme, mojarnos... es el pan nuestro de cada día.
Jau! :-P

Ese besísimo de vuelta estampao en tu mejilla.
 
Comentario:
Me da a mí que los paragüeros no hacen negocio con nosotros tres. Mójate todo lo que quieras, pero no olvides venir a calentarte después.

Un besísimo del trasto.
 
Comentario:
No me gusta correr bajo la lluvia, no desprecio lo que nos viene regalado de las nubes. A veces incluso creo que llega a respetarme, que muchas de las gotas que venían hacia mí se apartan tímidamente para que disfrute de la carícia del resto de sus compañeras sin agobios, sin saturarme de sus besos. (Eso sí, reconozco que me gusta mas cuando ya regreso del trabajo)
No