Me gustaría...
Nació.
Desde entonces, y hasta hace un puñado de años, no existía para mí.
Casi cuatro años, es el tiempo que llevo por la red, y no sé cuántos personajes, gente, antifaces, disfraces, cáscaras vacías, manzanas preñadas de gusanos... y Personas he tratado. Y eso que cuando empecé no pensaba...
Por equivocación, estas cosas pasan, entré en una sala de chat que, todo hay que decirlo, no tenía nada que ver con mi ciber lugar de destino. Ella estaba allí, entre todos aquellos Nick que con el tiempo me fueron tan familiares como las personas que había detrás de ellos.
Pronto fueron habituales los saludos de rigor. En aquel altar al sarcasmo y la ironía era costumbre ir desnudo. Así me lo explicó uno de los componentes. Así se lo explicaba a toda mujer que llegaba cierto usuario al que aun tengo un peculiar aprecio.
Dios los cría y ellos se juntan, dicen.
Había un nutrido grupo con unos valores, unos sentidos. Con inquietudes comunes. Había más grupos, más gente... más común, más banal. Más como lo que hay ahora: superficialidad, forma sin fondo, guerreros, camorristas, incordiantes. Tampoco faltan los interrogadores, esos, en una sala de chat temática, no pueden faltar: los que, como no saben nada, lo suponen todo, haciendo de esta filosofía suya el amoroso credo a imponer.
Yo no sabía. No sé. No quiero saber, porque ese sería el fin del juego. Y jugar, es la única forma de aprender.
Nunca pertenecí a ningún grupo de aquellos. Yo fui y soy la duda.
Las cosas han cambiado dentro y fuera de la sala, para todos. Y todo aquello acabó. Pero hay Personas con las que de una u otra forma, mantengo contacto. Pocas: Izel, Chinaski, Dark Never Cry, Vincent Vega, Sheran, Hayt, Brida, Ouróboros... y ella: Ballesta.
Todos, lo mire desde donde lo mire, me pillan lejos. Muy lejos...
Y hoy echo de mucho de menos a alguien muy especial para mí. Alguien a quien quiero. Alguien que está más aquí dentro que ahí fuera, tan allá, tan lejos.
Acabo de hablar con ella por teléfono. Su voz, siempre alegre, dulce, campanilleaba más que nunca.
Me hubiera gustado darla un tirón de orejas, abrazarla.

Este es un medio cruel: no llego, pero...
Feliz cumpleaños, Ballesta mía.
//copa por muchos más contándonoslo.
Desde entonces, y hasta hace un puñado de años, no existía para mí.
Casi cuatro años, es el tiempo que llevo por la red, y no sé cuántos personajes, gente, antifaces, disfraces, cáscaras vacías, manzanas preñadas de gusanos... y Personas he tratado. Y eso que cuando empecé no pensaba...
Por equivocación, estas cosas pasan, entré en una sala de chat que, todo hay que decirlo, no tenía nada que ver con mi ciber lugar de destino. Ella estaba allí, entre todos aquellos Nick que con el tiempo me fueron tan familiares como las personas que había detrás de ellos.
Pronto fueron habituales los saludos de rigor. En aquel altar al sarcasmo y la ironía era costumbre ir desnudo. Así me lo explicó uno de los componentes. Así se lo explicaba a toda mujer que llegaba cierto usuario al que aun tengo un peculiar aprecio.
Dios los cría y ellos se juntan, dicen.
Había un nutrido grupo con unos valores, unos sentidos. Con inquietudes comunes. Había más grupos, más gente... más común, más banal. Más como lo que hay ahora: superficialidad, forma sin fondo, guerreros, camorristas, incordiantes. Tampoco faltan los interrogadores, esos, en una sala de chat temática, no pueden faltar: los que, como no saben nada, lo suponen todo, haciendo de esta filosofía suya el amoroso credo a imponer.
Yo no sabía. No sé. No quiero saber, porque ese sería el fin del juego. Y jugar, es la única forma de aprender.
Nunca pertenecí a ningún grupo de aquellos. Yo fui y soy la duda.
Las cosas han cambiado dentro y fuera de la sala, para todos. Y todo aquello acabó. Pero hay Personas con las que de una u otra forma, mantengo contacto. Pocas: Izel, Chinaski, Dark Never Cry, Vincent Vega, Sheran, Hayt, Brida, Ouróboros... y ella: Ballesta.
Todos, lo mire desde donde lo mire, me pillan lejos. Muy lejos...
Y hoy echo de mucho de menos a alguien muy especial para mí. Alguien a quien quiero. Alguien que está más aquí dentro que ahí fuera, tan allá, tan lejos.
Acabo de hablar con ella por teléfono. Su voz, siempre alegre, dulce, campanilleaba más que nunca.
Me hubiera gustado darla un tirón de orejas, abrazarla.

Este es un medio cruel: no llego, pero...
Feliz cumpleaños, Ballesta mía.
//copa por muchos más contándonoslo.
Comentario:
¿Dónde se ha visto una ballesta con lágrimas en los ojos? Es más, ¿dónde se ha visto una ballesta con ojos? ;o)
Tú sabes qué hay más allá del trasto porque me quieres, como yo a ti. Y no te preocupes, que me llegó tu achuchón sacatripas y aún tengo las orejas metafóricamente calientes.
Gracias por tu llamada, gracias por estar ahí, por compartir conmigo tantas y tantas cosas. Una vez más, GRACIAS.
//copa Salud, micaniwapa!!
Tú sabes qué hay más allá del trasto porque me quieres, como yo a ti. Y no te preocupes, que me llegó tu achuchón sacatripas y aún tengo las orejas metafóricamente calientes.
Gracias por tu llamada, gracias por estar ahí, por compartir conmigo tantas y tantas cosas. Una vez más, GRACIAS.
//copa Salud, micaniwapa!!





