conjuros
A veces ponía tu perfume en mi almohada, era la manera más segura de viajar de nuevo a ti, otras tomaba piedras de los caminos y les confería el poder de los talismanes, andaba pidiéndote a la vida a cada paso, soplando dientes de león, esperando la caída de las estrellas durante horas hasta que mis ojos veían sobre el cielo una ficticia danza de luz, recurrí a todo lo sobrenatural para encontrar respuestas, curanderas de ojos hundidos rezaban oraciones y pasaban sus manos por mi frente para correr el velo de mi alma, maestros de la hipnosis me llevaban por laberintos de colores estridentes, con el riesgo de perderme para siempre. Sobre las dunas de Merzouga escribí tu nombre en la arena, a escondidas, temiendo que el dios que no era mi dios se riera en voz alta.
Un pastor berebere conocido por su destreza para encalar corazones me ungió con aceite de anís estrellado y mirra, me dio a beber soledades y pintó cruces con arcilla en mis articulaciones, me dijo que debía aprender a abrazar de nuevo.
Una anciana del Atlas se ofreció a tatuarme con henna en la espalda una malla de flores para llevar mis penas recogidas.
Me hicieron recitar frases interminables en lenguas que no entendía, soltar mi rabia a saltos con la salida del sol, bailar con los ojos cerrados, sonreír sin convencimiento.
Nada parecía funcionar, pero un día dejé de verte en todas partes.
Ha pasado el tiempo, puede que ya no te espere que se me quedara la costumbre de mirar al cielo y remover la arena del mar con los pies desnudos.
. y final
"El amor no es nada, es algo tan volátil como las primeras notas de un perfume, luego se queda el dolor amaderado y seco, con una fijación que tarda demasiado en desaparecer".
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"El más terrible de todos los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta".
Federico García Lorca





