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Los efectos de la luna
Acerca de
Soy un personaje surrealista que adora los chimos lilas,la comida libanesa,audrey hepburn y lo más extraño, aún creo en el amor. Horóscopo del día para Cáncer
Sindicación
 
Poema de Cristina Peri Rossi
REMINISCENCIA

No podía dejar de amarla porque el olvido no existe
y la memoria es modificación, de manera que sin querer
amaba las distintas formas bajo las cuales ella aparecía
en sucesivas transformaciones y tenía nostalgia de todos los lugares
en los cuales jamás habíamos estado, y la deseaba en los parques
donde nunca la deseé y moría de reminiscencias por las cosas
que ya no conoceríamos y eran tan violentas e inolvidables
como las pocas cosas que habíamos conocido.

"Diáspora" 1976

 
Tus manos.
Imagino tus manos, volviendo hojas desandando las frases que quisiera decirte y ya están escritas, tal vez deteniéndote en un verbo que no te lleva a mi, acariciándolo despacio con la yema de tus dedos como si fuera una boca, deseo que sea la mía, cierro los ojos, noto ese cosquilleo ascendente de insecto de azúcar que trepa, y beso tu ausencia de puntos suspensivos.
 
El comercial , una historia real
El vendedor transfer conduce un “Mondeo”, lleva unas gafas de sol “Ray-ban” y calcetines de ejecutivo. Me abre la puerta como un chofer inglés y me mira las piernas como un paleta español. Me cuenta su vida mientras el coche va tragando asfalto, tres niños, una mujer con la que, me aclara, no se lleva muy bien y un caniche que se hace pipí en la alfombra del comedor. ¡Que vida más apasionante!. Me sonríe de lado a lo “John Wayne” y mete la quinta, yo voy haciendo que le escucho y disfruto del paisaje, el sol se enrosca en mi regazo como un perro gandul y me pican las rodillas debajo de mis medias de espuma negra talla mediana. El vendedor transfer me pregunta si tengo novio, le respondo que si, me dice que no sea tonta, que disfrute de la vida, que si él volviera atrás otro gallo cantaría…. ¿Qué hago yo aquí con este vejestorio al que le huele el aliento a leche agria?, vaya si sé lo que hago, vendiendo de tienda en tienda un suavizante capilar bautizado con el estúpido nombre de “brillolín”, ”que da más brillo y huele a jazmín”, ¡ay el dinero!. El vendedor transfer detiene el coche delante de una droguería, el freno de mano emite un rugido seco, el tipo me mira: -¡Tu primer cliente!. Me deja salir delante de él para mirarme el culo, ¡lo siento chaval lo tengo plano! pienso y me tiro de la falda. La tienda tiene aspecto de cueva, es oscura y huele a humedad, los productos se agolpan en las estanterías metálicas, en el suelo cortando el paso y colgados del techo como murciélagos etiquetados. -¡Sra. Piñata!, le presento a mi colaboradora, viene a enseñarle el nuevo suavizante “Brillolín”, ”que da más brillo y huele a jazmín”. Dice el vendedor con un tono estridente y sobreactuado.
La Señora Piñata, como su nombre indica, tiene unos dientes largos y en desacuerdo, me sonríe y el labio superior se le queda trabado en la encía. Me tiende la mano, fría y mustia y le doy un apretón generoso para ver si despierta de su letargo, abre mucho los ojos, creo que le he clavado los anillos. -¡Encantada! Miento como una bellaca. -¡Usted dirá! dice escondiendo las manos tras el mostrador. -Bueno, más o menos él ya lo ha dicho todo. Miro al vendedor a ver si pilla la indirecta y la próxima vez me deja hablar a mí, pero él sonríe satisfecho. ¡Es un suavizante que aparte de facilitar el peinado del cabello le aporta un brillo excepcional y… La señora Piñata me corta. -Es que suavizantes para el pelo tengo muchos y no me interesa. -Si pero este es el mejor, además está prevista en televisión una campaña publicitaria en la que se han invertido… La señora Piñata vuelve a cortarme. -Si maja, pero ya te he dicho que no me interesa. Se pone seria y rígida. -Ahora además le sale muy bien de precio, por ser un lanzamiento. Insisto yo, tragándome las ganas de decirle: -¿No lo quieres?, pues venga, ¡a tomar por culo! -No de verdad niña, será muy bueno y todo lo que tu quieras pero no lo quiero. -Pues no se hable más. Sentencia el vendedor con una sonrisa de oreja a oreja. -¿Qué le hace falta señora Piñata? ¿Desodorantes? ¿Depilatorios? Añade sacando de un maletín de cuero negro un bloc de notas. -Sí, ponme una caja de doce “Depila-ya”. Dice la señora con la mirada clavada en la estantería. Subimos al coche, el vendedor me sonríe y me dice: -Ya sabía yo que la señora Piñata no te iba a comprar, es muy desconfiada con los productos nuevos, no le gusta arriesgar. Le sonrío pensando que me podía haber avisado antes y me cago en su padre, mentalmente, claro. -Ahora vamos a visitar al señor Caspín, este tampoco te comprará, es muy tacaño, ¡como es catalán! Añade guiñándome un ojo, me cago otra vez en su padre y esta vez en catalán.

El Sr. Caspín me cuenta el vendedor mientras conduce cometiendo todas las infracciones posibles y las que son casi imposibles, me cuenta que el susodicho está forrado pero que le cuesta soltar un duro al muy cabrón, desde que su mujer le dejó colgado y se largó con la mitad de sus ahorros y con el encargado del súper, desde entonces dice el vendedor, pues normal, el pobre hombre está muy quemado porque mira que tu mujer te abandone pues aún, pero que lo haga por irse con un mocoso de tres al cuarto, eso tiene que ser jodido, aunque bueno su mujer siempre ha sido un poco puta, a mi cada vez que me miraba me comía con los ojos… No soporto a este machista engreído, estoy histérica y le pregunto si puedo fumar, me responde con un no rotundo y luego suaviza su actitud añadiendo que si quiero nos podemos tomar un cafelillo. No sé qué tendrá que ver, lo que me faltaba, un “cafelillo”. Llegamos al bar, un letrero torcido reza “Entre pitos y flautas”, La mujer que hay detrás de la barra lleva una bata a cuadros con volantes en los hombros, me mira con tristeza, le pido un cortado y el vendedor pide un vaso de vino y un bocadillo de anchoas y me dice: - No me eches mucho de menos, voy al lavabo. Me guiña un ojo y se aleja. La dueña del bar se acerca y me dice en voz baja: - ¿Cuánto tiempo has de estar con este cabrón?-Una semana. Le contesto removiendo el azúcar en el cortado. - Que no te pase ná… Dice secándose sus manos regordetas en el filo de la bata. La otra vendedora le denunció por acoso secsual ¿sabes?, yo a los tíos como este los estilizaba. Sonrío por el mal uso del verbo y asiento con la cabeza.

 
Y ahora...
Ahora camino, irremediablemente, a veces sin rumbo, con la mirada fija en un horizonte que es elástico y engañoso, la vida no es más que un salto a ninguna parte, una via muerta con un final desgastado, disfrutad de aquello que tenéis, mañana podeis perderlo todo, lo que amais o sólo lo que necesitais.
 
"la mujer de arena"
“La mujer de arena”

Acaba de salir el sol tras la gran duna, sin embargo la mujer lleva un calor de atrás quemándole los pies desnudos, la frente, los días…
“las distancias están para vencerlas, un paso más, un paso más”
La mujer sueña que camina sobre la nieve de Ifrane y eso apacigua los latidos que ruedan por sus tobillos y se detienen en sus empeines,” como arañas secas que mueren abrazándose”
El oasis de Hassi Labiad aparece de repente ante sus ojos, como una diminuta mota verde, la mujer alarga la mano para tomar esa imagen, cierra sus dedos, flores de henna parecen enrojecer sobre sus nudillos tirantes y ahora gime como un cachorro a cada paso. A cada golpe vacilante de sus talones sobre la arena, le cae el pañuelo y aunque nadie puede verla, ella se empeña una y otra vez en ocultar sus rizos abiertos al calor como hilos de azafrán.
"Si el escorpión te pica usa su veneno para curar la herida".
Le llega desde la infancia la voz débil de su abuela Aisha, llena de altibajos, mientras tropieza una y otra vez sobre las piedras distingue la mitad del cuerpo de un escorpión negro, pero ya no tiene fuerzas para tener miedo, el palmeral cada vez más cerca, las risas de los niños que el aire acerca y aleja a ritmo de ola, y la sed, la hacen ser tan valiente como una mujer de arena.