Trascendiendo
Algún día me encontrarás, al principio te costará reconocerme, la espera me habrá restado tantos sueños…
Hay algo en la mirada de las personas, una especie de llama, un punto de luz rodeando la pupila o que sale de ella, tal vez solo ese efecto de espejo microscópico, un azogue que tiembla y nos hace temblar a un tiempo, algo indescriptible y casi mágico que nos vuelve irrepetibles.
Yo nunca olvidaré la forma en que lo hacías, fijamente, casi acariciándome a cada parpadeo que vestía tu realidad de puntos suspensivos, ¿cómo esconder la ternura y el amor? Y ¿cuándo se convirtió en otra cosa?
Hay preguntas que se quedan a flotar en el tiempo, como cometas trabadas en aristas de nubes, algún día me encontrarás, tal vez hayas olvidado todas las respuestas que no supiste darme, o los años lo hayan cubierto todo como una tormenta de arena sigilosa. No espero que me digas otra cosa que mi nombre, en voz baja como una oración, como un ruego, o un deseo secreto.
Comentario:
¡Qué pocas veces sucede!
¡Qué pocas veces te atrapa el imán de una mirada, de tal manera, que ya pueda temblar la tierra que vosotros sois una lÃnea firme, segura, inamobible a prueba de todo y todos!
A mà me asusta tan siquiera establecerla...
Cuando algo me advierte del peligro, cuando mi piel ya ha elegido y me lo ha hecho saber, huyo cobarde, intuyendo que abandono el tesoro, que me asustó solo el pensar que podÃa abrir el cofre.
Temà los destellos fulgurantes de tanta riqueza... y preferÃ
las baratijas de una cobarde.
Un beso
¡Qué pocas veces te atrapa el imán de una mirada, de tal manera, que ya pueda temblar la tierra que vosotros sois una lÃnea firme, segura, inamobible a prueba de todo y todos!
A mà me asusta tan siquiera establecerla...
Cuando algo me advierte del peligro, cuando mi piel ya ha elegido y me lo ha hecho saber, huyo cobarde, intuyendo que abandono el tesoro, que me asustó solo el pensar que podÃa abrir el cofre.
Temà los destellos fulgurantes de tanta riqueza... y preferÃ
las baratijas de una cobarde.
Un beso






