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Los efectos de la luna
Acerca de
Soy un personaje surrealista que adora los chimos lilas,la comida libanesa,audrey hepburn y lo más extraño, aún creo en el amor. Horóscopo del día para Cáncer
Sindicación
 
El comercial , una historia real
El vendedor transfer conduce un “Mondeo”, lleva unas gafas de sol “Ray-ban” y calcetines de ejecutivo. Me abre la puerta como un chofer inglés y me mira las piernas como un paleta español. Me cuenta su vida mientras el coche va tragando asfalto, tres niños, una mujer con la que, me aclara, no se lleva muy bien y un caniche que se hace pipí en la alfombra del comedor. ¡Que vida más apasionante!. Me sonríe de lado a lo “John Wayne” y mete la quinta, yo voy haciendo que le escucho y disfruto del paisaje, el sol se enrosca en mi regazo como un perro gandul y me pican las rodillas debajo de mis medias de espuma negra talla mediana. El vendedor transfer me pregunta si tengo novio, le respondo que si, me dice que no sea tonta, que disfrute de la vida, que si él volviera atrás otro gallo cantaría…. ¿Qué hago yo aquí con este vejestorio al que le huele el aliento a leche agria?, vaya si sé lo que hago, vendiendo de tienda en tienda un suavizante capilar bautizado con el estúpido nombre de “brillolín”, ”que da más brillo y huele a jazmín”, ¡ay el dinero!. El vendedor transfer detiene el coche delante de una droguería, el freno de mano emite un rugido seco, el tipo me mira: -¡Tu primer cliente!. Me deja salir delante de él para mirarme el culo, ¡lo siento chaval lo tengo plano! pienso y me tiro de la falda. La tienda tiene aspecto de cueva, es oscura y huele a humedad, los productos se agolpan en las estanterías metálicas, en el suelo cortando el paso y colgados del techo como murciélagos etiquetados. -¡Sra. Piñata!, le presento a mi colaboradora, viene a enseñarle el nuevo suavizante “Brillolín”, ”que da más brillo y huele a jazmín”. Dice el vendedor con un tono estridente y sobreactuado.
La Señora Piñata, como su nombre indica, tiene unos dientes largos y en desacuerdo, me sonríe y el labio superior se le queda trabado en la encía. Me tiende la mano, fría y mustia y le doy un apretón generoso para ver si despierta de su letargo, abre mucho los ojos, creo que le he clavado los anillos. -¡Encantada! Miento como una bellaca. -¡Usted dirá! dice escondiendo las manos tras el mostrador. -Bueno, más o menos él ya lo ha dicho todo. Miro al vendedor a ver si pilla la indirecta y la próxima vez me deja hablar a mí, pero él sonríe satisfecho. ¡Es un suavizante que aparte de facilitar el peinado del cabello le aporta un brillo excepcional y… La señora Piñata me corta. -Es que suavizantes para el pelo tengo muchos y no me interesa. -Si pero este es el mejor, además está prevista en televisión una campaña publicitaria en la que se han invertido… La señora Piñata vuelve a cortarme. -Si maja, pero ya te he dicho que no me interesa. Se pone seria y rígida. -Ahora además le sale muy bien de precio, por ser un lanzamiento. Insisto yo, tragándome las ganas de decirle: -¿No lo quieres?, pues venga, ¡a tomar por culo! -No de verdad niña, será muy bueno y todo lo que tu quieras pero no lo quiero. -Pues no se hable más. Sentencia el vendedor con una sonrisa de oreja a oreja. -¿Qué le hace falta señora Piñata? ¿Desodorantes? ¿Depilatorios? Añade sacando de un maletín de cuero negro un bloc de notas. -Sí, ponme una caja de doce “Depila-ya”. Dice la señora con la mirada clavada en la estantería. Subimos al coche, el vendedor me sonríe y me dice: -Ya sabía yo que la señora Piñata no te iba a comprar, es muy desconfiada con los productos nuevos, no le gusta arriesgar. Le sonrío pensando que me podía haber avisado antes y me cago en su padre, mentalmente, claro. -Ahora vamos a visitar al señor Caspín, este tampoco te comprará, es muy tacaño, ¡como es catalán! Añade guiñándome un ojo, me cago otra vez en su padre y esta vez en catalán.

El Sr. Caspín me cuenta el vendedor mientras conduce cometiendo todas las infracciones posibles y las que son casi imposibles, me cuenta que el susodicho está forrado pero que le cuesta soltar un duro al muy cabrón, desde que su mujer le dejó colgado y se largó con la mitad de sus ahorros y con el encargado del súper, desde entonces dice el vendedor, pues normal, el pobre hombre está muy quemado porque mira que tu mujer te abandone pues aún, pero que lo haga por irse con un mocoso de tres al cuarto, eso tiene que ser jodido, aunque bueno su mujer siempre ha sido un poco puta, a mi cada vez que me miraba me comía con los ojos… No soporto a este machista engreído, estoy histérica y le pregunto si puedo fumar, me responde con un no rotundo y luego suaviza su actitud añadiendo que si quiero nos podemos tomar un cafelillo. No sé qué tendrá que ver, lo que me faltaba, un “cafelillo”. Llegamos al bar, un letrero torcido reza “Entre pitos y flautas”, La mujer que hay detrás de la barra lleva una bata a cuadros con volantes en los hombros, me mira con tristeza, le pido un cortado y el vendedor pide un vaso de vino y un bocadillo de anchoas y me dice: - No me eches mucho de menos, voy al lavabo. Me guiña un ojo y se aleja. La dueña del bar se acerca y me dice en voz baja: - ¿Cuánto tiempo has de estar con este cabrón?-Una semana. Le contesto removiendo el azúcar en el cortado. - Que no te pase ná… Dice secándose sus manos regordetas en el filo de la bata. La otra vendedora le denunció por acoso secsual ¿sabes?, yo a los tíos como este los estilizaba. Sonrío por el mal uso del verbo y asiento con la cabeza.

 
Comentario:
“El comercial estilizado” ciertamente es lo único que obliga a esbozar una sonrisa en semejante bodevil agridulce.
¿A cuántos de esos “sujetos” se conocen desgraciadamente en la vida?
¿Cuantos nos traen a la memoria, avisos, advertimientos de nuestras progenitoras en lo referente a los hombres? “Hija, qué no quieren más que eso... que una vez ¡zás!, ni se acuerdan de quien eres...” ¡Y quedan, duran, perduran y asustan, siguen asustándome...!

Un abrazo muy protector, cariño.
Nos abrazamos mutuamente y nos protegemos la una a la otra ¿sí?
No