Miedo...
Poco antes de irme a la ciudad más viva en la que he estado, tuve miedo. De ese atroz que paraliza y da ganas de correr en sentido contrario hasta agotarse.
El primer día, aprendí que por muy perdida que estuviera, en medio de la oscuridad, sin una sola estrella ni posibilidades de ayuda, siempre podía encontrar el camino correcto si me tranquilizaba. Y además, literalmente.
El segundo, entendía el idioma con 7 acentos distintos, me contagié de la vida que hervía en la ciudad y sorteé varios intentos de atraco con un éxito que todavía no me creo. Y además, me convertí en el ojito derecho de un profe, que me buscaba por las aulas (y aún no sé la razón :P)
El tercero, me impermeabilicé contra la hipocresía y el interés para empaparme de cariño del de verdad y poder desprenderlo sin temer ser juzgada. Y mientras, cantaba a pleno pulmón que "I just wanna live while i'm alive...'cause it's my live"
Semanas después, lo que más añoraba era la tortilla de patata.
Cuando fui a la ciudad del castillo de cuento, en la tierra verde, con ecos de libertad en cada esquina, temía sentirme fuera de lugar, no encontrar mi sitio. Perderme.
Y me encontré.
Me conocí, y acepté que no callaba para evitar unas calabazas, si no por temor a escuchar lo que sentía saliendo de mis labios.
Descubrí que la inocencia más pura estaba a sólo 18 horas de distancia, vuelo vía Manchester.
Lloré, como nunca. Con rabia incontenible saliendo por mi boca. Hice preguntas que sigo tratando de contestar. Porque no podía hacer nada, ni creo haberlo hecho.
Pero crecí.
Crecí con la certeza de que absolutamente nada me presionaba, de que eran mis fallos y mis aciertos, que nadie podía juzgar (otra vez, juzgar)
Susurré en aquella parada de bus, pidiendo entre consignas un abrazo que llegó días después, cuando algo de mí se escapaba hacia el Sur envuelto en eses suaves, haches aspiradas y bromas sin sentido que todavía me dibujan una sonrisa, un tanto amarga, el recuerdo de lo que nunca llegó a suceder.
Repetimos que sólo era un hasta luego, prometimos escribir, volver y no cambiar. Como en las mejores películas de ilusiones de verano, pero en ellas, no hay miedo.
Miedo absurdo, a lo desconocido tan solo. Miedo que superaré, lo sé.
Y sin embargo, a pocos días de empezar la universidad, me pregunto quien coño me ha mandado meterme aquí.
El primer día, aprendí que por muy perdida que estuviera, en medio de la oscuridad, sin una sola estrella ni posibilidades de ayuda, siempre podía encontrar el camino correcto si me tranquilizaba. Y además, literalmente.
El segundo, entendía el idioma con 7 acentos distintos, me contagié de la vida que hervía en la ciudad y sorteé varios intentos de atraco con un éxito que todavía no me creo. Y además, me convertí en el ojito derecho de un profe, que me buscaba por las aulas (y aún no sé la razón :P)
El tercero, me impermeabilicé contra la hipocresía y el interés para empaparme de cariño del de verdad y poder desprenderlo sin temer ser juzgada. Y mientras, cantaba a pleno pulmón que "I just wanna live while i'm alive...'cause it's my live"
Semanas después, lo que más añoraba era la tortilla de patata.
Cuando fui a la ciudad del castillo de cuento, en la tierra verde, con ecos de libertad en cada esquina, temía sentirme fuera de lugar, no encontrar mi sitio. Perderme.
Y me encontré.
Me conocí, y acepté que no callaba para evitar unas calabazas, si no por temor a escuchar lo que sentía saliendo de mis labios.
Descubrí que la inocencia más pura estaba a sólo 18 horas de distancia, vuelo vía Manchester.
Lloré, como nunca. Con rabia incontenible saliendo por mi boca. Hice preguntas que sigo tratando de contestar. Porque no podía hacer nada, ni creo haberlo hecho.
Pero crecí.
Crecí con la certeza de que absolutamente nada me presionaba, de que eran mis fallos y mis aciertos, que nadie podía juzgar (otra vez, juzgar)
Susurré en aquella parada de bus, pidiendo entre consignas un abrazo que llegó días después, cuando algo de mí se escapaba hacia el Sur envuelto en eses suaves, haches aspiradas y bromas sin sentido que todavía me dibujan una sonrisa, un tanto amarga, el recuerdo de lo que nunca llegó a suceder.
Repetimos que sólo era un hasta luego, prometimos escribir, volver y no cambiar. Como en las mejores películas de ilusiones de verano, pero en ellas, no hay miedo.
Miedo absurdo, a lo desconocido tan solo. Miedo que superaré, lo sé.
Y sin embargo, a pocos días de empezar la universidad, me pregunto quien coño me ha mandado meterme aquí.
Comentario:
Pero si tu puedes con todoooo!!! q lo se yo!! :-D y si necesitas algo ya sabes donde estamos :-p q x aqui puedes conocer a gente de todas partes!
A todo esto, q siento haber estado un poco desaparecido, pero q mañana acabo y ya vuelvo a ser personita!! :-)
Un beso!
A todo esto, q siento haber estado un poco desaparecido, pero q mañana acabo y ya vuelvo a ser personita!! :-)
Un beso!
Comentario:
Ya verás como todo va a ir bien.. Es lógico tener miedo, pero las cosas suelen imaginarse peores de como luego realmente son...
Ánimoooo
Un besazooo
Ánimoooo
Un besazooo
Comentario:
¿Quién te ha mandado meterte aquí? Tus sueños y las ganas que tienes de cumplirlos. Al principio te sentirás perdida y hasta sola, pero poco a poco irás encontrando tu camino, no solo en la uni, sino también en la vida y en la gente. Los libros están llenos de puntos y seguidos, puntos y finales y puntos de fin de capitulo, y de comienzos nuevos. Tu que escribes ya sabes como va. Ánimo y que no desaparezca la sonrisa que posteaste hace unos meses!
Un petonàs!!
Un petonàs!!
Comentario:
Precioso.
Un besazo, corazon.
Un besazo, corazon.





