Blogs.ya.com Quitar publicidad
Diario de una au pair bollo en USA
¿Qué mejor para entender un país que cuidar de sus futuros votantes? E hice las maletas
Primera family
Anne (alias Morticia): Es mi primera madre de acogida en este extraño y curioso pais. Divorciada y republicana al cien por cien, aunque a veces bromea con un supuesto pasado liberal. Color favorito, el rosa.

Lorena: Es una de las dos criaturas que cuido, la mas inhumana. Siete agnitos. Aprendiz de arpia. Adora las Bratz, los cuentos de princesas y el color rosa tambien. Quiere ser cool y popular. No lo consigue. A veces nos soportamos.

Tommy: Segunda de las criaturas humanas que cuido. Cuatro añitos. Rubio, ojos azules, cute. Muy majo. No lo entiendo muy bien, tiene siempre el pulgar metido en la boca.

Dylan: Padre de las criaturas humanas que cuido. Recuerda a un cowboy cada vez que aparece para recoger a los niños de fin de semana con su sombrero a lo Lucky Luck. Aficionado a los interrogatorios y a freir los nervios de Anne.
Acerca de

Los Neider

Betty: La mama. Bajita a morir. Muy amable, pero parca en palabras. Despues de mi primera madre de acogida (Anne), Betty me parece el colmo del saber estar. Dice que Bush esta loco.

Jeremias: El papa. Ciclotimido. Lo veo de pasada. Lleva tatu en el brazo y tiene cds de Bob Marley, asi que decido que no puede ser mal tipo.

Samuel: Ya once añitos, aspirante a hombrecito, chiquitin de estatura, lo sabe hacer todo solo, no me habla. Adicto a los videojuegos. Siempre digo que su autentica nanny es la Nintendo.

Allison: Siete años. Una princesita que me reclama constantemente para jugar juntas. Odia a las Bratz y los cuentos de princesas. Decido que me cae bien.

NumberNine: Mas conocida como chacha Onthedot. Metepatas ocasional, de complexion grande. Nueva adquisicion de la familia, probablemente la numero nueve.
Sindicación
 
PERSONAJES ENTRAñABLES (2)
  • Cuando los veo pelearse, ignorarse, revolcarse o besuquearse pienso inevitablemente en un viejo matrimonio, pero sólo son los gatos de la casa.

  • Mi amiga guanaquita dice que si ella viviera en mi host-casa saldría por alguna ventana del otro lado para no cruzarse a las rusas pues parecen resultarle un agobio de vecinas. Este fin de semana una de ellas la tomó por banda y le contó la historia de los abuelos de los vecinos de cuatro casas down the street.
    -It's nice to listen to all these stories -les cortó la guanaquita muy diplomáticamente a los veinte minutos de monólogo Zhivago-, maybe I will come back other day to listen to them better.
    Pero pesadas o no las rusas, sé que siempre las tendré ahí para lo que sea, dejarme la llave, regar las flores o criticarme.

  • El chico del cibercafé de South Avenue es tremebundamente feo, pero todo corazón. A mí me cae muy bien porque soporta estoicamente a las maduras maleducadas que le espetan "are you on drugs?" para que se dé más prisa. El, como un elefante, va lento pero aplastante. Cada vez que me ve aparecer, sabe que quiero escanear fotos y, a veces, me pregunta por el blog.

  • La segunda planta de la biblioteca de este pueblo cualquiera del condado de la Unión debe de ser esa tumba laboral en la que entierran a las bibliotecarias grises, malhumoradas y cascarrabias. Estas señoras tienen además pinta de hacer cookies en sus horas libre y venderlas para la beneficiencia. Mi relación con ellas es cordial, pero no me inspiran confianza.

  • Cuando veo a Pasqualina le digo siempre "buon giorno, come stai?", porque es italiana y muy salada. También porque es mi banquera favorita y me encanta chapurrear su idioma.
    -I'm leaving soon -le dije el otro día. Y Pasqualina, morena y bajita como una metralleta, me dijo le encantaría venirse conmigo a Europa.
    -In that case, come over with me, I have enough room in my suitcase!
    En este punto, por alguna razón que desconozco, sentí que la magia de nuestra relación se hizo añicos. Pasqualina sólo trataba de hacer un chiste políticamente correcto y mi respuesta pareció exceder la jugosa vaselina de la cortesía. Desde entonces esta mujer me mira un pelín raro, desorientada, evaluando hasta qué punto mis palabras iban en serio.
  • No