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Rinconeras y retales de la memoria
Acerca de
Desde un lugar de la Mancha... Entre manos El Juego del Ángel de Carlos Ruiz Zafón
Sindicación
 
El cine de los sábados
Así tituló uno de sus libros, perteneciente a sus memorias El peso de la paja, Terenci Moix, una lectura obligada para los amantes del cine y de sus inmortales mitos.

Yo entiendo poco de cine, mi opinión sólo tiene valor como mera espectadora. Recuerdo mi primera película en una inmensa sala. Tendría unos cinco años, iba acompañando a mi tío y a su novia, me llevarían de cesta, imagino. La película era de Búfalo Bill, en el cine Aragonés, una sala oscura, cuyas paredes se recubrían de una tela roja, y con una gran sábana blanca que presidia aquella pared en la que empezaron a aparecer imágenes en movimiento,( creo que por entonces aún no había llegado la Tv a mi casa), con un ruido ensordecedor, que me mantuvieron pegada a mi asiento, con cara entre la fascinación y el hechizamiento, hasta que salió la última letra. Creo que fue aquel irrepetible momento el que más tarde haría del cine, o mejor dicho, de ver cine, uno de los placeres mayores de mi vida, junto con una buena canción y un buen libro.

Son muchísimas las películas de cine que he visto en Tv, hubo una época de mi vida en la que casi no hacía otra cosa. Y no sé si serán los gustos o la edad, o la programación de pésima calidad, pero hace siglos que no veo buen cine en Tv y si lo veo, al día siguiente voy arrastrándome al trabajo, porque empieza a las mil y quinientas y entre corte y corte publicitario, llegan las dos de la madrugada. ¡Reivindico buen cine en TV y a buena hora, por favor!

Tengo presentes en el recuerdo varias películas, de esas que dejan huella con el paso del tiempo, de hecho no olvido ni los títulos ni a sus protagonistas.
La fascinante Rebeca, de Hitchcock, y es que no hay cosa que me llame más la atención que el secreto que se esconde tras una puerta cerrada a cal y canto y una intrigante ama de llaves.
My fair lady, con la maravillosa Audrey Hepburn. Me encantan las metamorfosis. Cuando a lo largo de una película hay un personaje desaliñado, sucio, inculto, etc, etc...y se trasforma en bello, inteligente, pulcro, refinado... me parece una forma maravillosa de mantener la atención del espectador.
Historias de Filadelfia. No tengo palabras para esta película. La he visto cientos de veces y no me cansaría de verla, con la otra Hepburn, la Katharine y un genial Cary Grant.
Ben- hur, con el impresionante, porque en esta película merece ese calificativo, Charlton Heston. Esta película me sigue atrapando, además de por el derroche de grandes escenarios, extras y demás cosas que hacían espectacular una película antes de que llegase el ordenador con sus efectos especiales, los valores que se reflejan en ella y cómo los refleja: la amistad, la traición, la nobleza, el agradecimiento, la fe... Es otra que no me canso de ver.

He visto mucha españolada, pero también he visto películas españolas que me gustaron sin saber mucho la razón, simplemente me impactaron, ya fuese por el argumento, por algún personaje en concreto o simplemente porque no me dejaron indiferente, que al fin y al cabo de eso se trata, y es por ese motivo por el que tampoco las olvido.

Títulos como El extraño viaje, dirigida por Fernando Fernán Gomez y protagonizada por Carlos Larrañaga.

Calle Mayor, de Bardem y un José Suarez, al que yo descubrí viendo cine "rancio" en Canal Sur.

La calle sin sol, cuyo guión era de Miguel Mihura y la protagonizaba Amparo Rivelles.

Sí señor, el cine es uno de los mejores inventos después del fuego y del tampax, esto último lo diría una amiga mía.
Y en mí, al igual que en mi admirado Moix, será siempre el cine de los sábados.

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" Habría que nacer dos veces..."
No se si se debe a la crisis de los cuarenta, ¿quién dijo que sólo la sufren ellos?, pero son cada vez más numerosas las veces que me hallo en situaciones estresantes, unas veces se resuelven por sí solas y felizmente y otras da la impresión de que pueden derivar irremediablemente en "tragedia", aunque en estos casos la sangre no termine nunca de llegar al río.

En estas situaciones me acuerdo mucho de mi madre, una gran mujer y un gran ejemplo para una hija. Mi madre ha tenido siempre dos frases favoritas; una dirigida a sus hijos: " ¡Cuándo tendreís veinte años!. Y otra dirigida a ella misma: " Había (en vez de habría) que nacer dos veces".

La primera era un desesperado reclamo al tiempo, que nos hiciese mayores y maduros pronto. Qué deseo más erroneo ese de querer que pase el tiempo y cómo se le menosprecia cuando parece que sobra, o que no se va a acabar nunca. Claro que el deseo de mi madre no era que el tiempo se le fuese de las manos tontamente, sino que dejásemos de darle la lata (ahora se le llamaría estresarla ) con nuestros lloriqueos por insignificancias, -aunque aquí gustaba de otra frase: " como vaya vas a llorar por algo"-, nuestras riñas infantiles y las muchas trastadas que terminaban agotando la paciencia del mismísimo Joob.

Y cuando dice esa de " había que nacer dos veces", me acuerdo, en mi constante manía de relacionar acontecimientos de mi vida con canciones, de Julio Iglesias y su tropecé de nuevo y con la misma piedra... Tengo la impresión de que mi madre volvería a elegir vivir como ha vivido, salvo hechos muy trascendentes para ella y para toda la familia que no estuvo en su mano cambiar, porque ya se sabe, hay cosas que dependen de la voluntad del ser humano, pero hay otras muchas que sólo dependen del azar o del destino, no del presdestino, que en eso y en que sean los astros quienes determinen nuestra existencia nunca he creído, porque si ya es dificil vivir la vida conforme va viniendo, encima tener que vivirla conforme esté escrita sería una auténtica putada.

Sería una experiencia excepcional la de poder nacer dos veces, sabiendo lo que ya sabemos... ¿ y qué sabemos?

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