Tiempo muerto
Las calles siguen siendo una algarabía de hombres y mujeres que van y vienen, presurosos incluso aquí, en esta pequeña ciudad que cada día se hace más pequeña aún. Los comercios se desbordan, literalmente, por el gentio que ultima regalos, o que aprovecha las primeras rebajas. Y me siento tan ajena que, a veces, me doy miedo.
La primera semana de Enero me gusta tenerla de descanso, es como si tras las doce campanadas necesitase un tiempo de transición en el que sólo me apetece mi familia, mi sofá y las cuatro paredes de mi salón. Sólo deseo silencio, tan necesario después del alboroto, sólo la tranquilidad y un despertador en donde, por unos días, no existen las seis y media de la madrugada... Un tiempo muerto para no hacer nada, para no pensar en nada y dejar que pase el tiempo, simplemente.
Y cuando me quiera dar cuenta será día ocho, día de volver al trabajo, a dos horas de carretera, a visitas a domicilio, a revisiones de pediatría, a tomas de tensiones y glucemias, a dar los consejos de siempre sobre dietas y ejercicio... A ayudar en su tarea del cole a la más pequeña, en preparar cenas a las ocho y media, en asegurar que a las diez menos cuarto se laven los dientes y que a las diez estén en la cama. Cuando me quiera dar cuenta habrá comenzado la cuenta atrás de este recién estrenado bisiesto. Cuando me quiera dar cuenta...
Y no sé si ir al encuentro del mar, o seguir construyéndome lagos y más lagos que llenen mi vida, a veces de aguas cristalinas, a veces cenagosas, a veces tan semejante al mar, a veces como espejismos, a veces como oasis... y siempre, un desierto...
Sabio Baricco, filósofo de los cojones...
¡Valiendo!... un lago. Otro más.

La primera semana de Enero me gusta tenerla de descanso, es como si tras las doce campanadas necesitase un tiempo de transición en el que sólo me apetece mi familia, mi sofá y las cuatro paredes de mi salón. Sólo deseo silencio, tan necesario después del alboroto, sólo la tranquilidad y un despertador en donde, por unos días, no existen las seis y media de la madrugada... Un tiempo muerto para no hacer nada, para no pensar en nada y dejar que pase el tiempo, simplemente.
Y cuando me quiera dar cuenta será día ocho, día de volver al trabajo, a dos horas de carretera, a visitas a domicilio, a revisiones de pediatría, a tomas de tensiones y glucemias, a dar los consejos de siempre sobre dietas y ejercicio... A ayudar en su tarea del cole a la más pequeña, en preparar cenas a las ocho y media, en asegurar que a las diez menos cuarto se laven los dientes y que a las diez estén en la cama. Cuando me quiera dar cuenta habrá comenzado la cuenta atrás de este recién estrenado bisiesto. Cuando me quiera dar cuenta...
Y no sé si ir al encuentro del mar, o seguir construyéndome lagos y más lagos que llenen mi vida, a veces de aguas cristalinas, a veces cenagosas, a veces tan semejante al mar, a veces como espejismos, a veces como oasis... y siempre, un desierto...
Sabio Baricco, filósofo de los cojones...
¡Valiendo!... un lago. Otro más.

Comentario:
Lo peor de estas fiestas es el consumismo extremo y el derroche. En mi opinión deberían estar orientadas a la familia y a vivir el significado cristiano los creyentes.
Creo que son el producto de los centros comerciales y de ocio, que en estas fechas hacen su Agosto.
Que disfrutes de tus días libres, yo ya los tuve antes de fin de año.
Besos.
Creo que son el producto de los centros comerciales y de ocio, que en estas fechas hacen su Agosto.
Que disfrutes de tus días libres, yo ya los tuve antes de fin de año.
Besos.