Escribo
Escribo para no perder la costumbre. Escribo de la misma manera que el asmático respira en su cámara de nebulización, últimamente no sé escribir de otra manera. Agónica escritura y agónico pensamiento. Ya no sé hacerlo, ya no sé cómo lograr que mi pensamiento fluya en regueros de tinta, con las palabras exactas, y si alguna vez lo supe, fue meramente una ilusión.
He perdido mi libertad de expresión y por ello mi show de stripper frente a un papel llega a su fin momentaneamente. Digamos que necesito ¿encontrarme?... ¿reafirmarme?... ¿volver a ilusionarme?
Lo necesito. No necesito buscar para encontrar la razón. La sé.
LLegué aquí... aEl Salto... Yo soy el joven de veintipocos del aféizar de la ventana de un sexto piso. Ese que tiene la necesidad de colgarse constantemente, a horas intempestivas, que recrea y revive recuerdos, que anhela, sueña, que es espectador de la calle y de cuantos se cruzan mientra él permanece quedo. No, no pretendo dar ningún salto, al menos no al vacío. Hoy cierro por un tiempo esta ventana. Aquí, no se si decir vagando o vagabundeando, o ambas cosas, queda mucho escrito de El Patio, borré otro tanto, y me queda la esperanza de que contaré mucho más, pero esta vez será con mi nombre y apellidos. Posiblemente mi inseguridad y mi timidez hagan que lo que cuente sólo sea escrito y leído por y para mí. Hoy me encuentro sin recursos y sin inspiración, que no sin vivencias. Hoy llueve -no inopinadamente, llueve a conciencia-, el cielo se cierra en un gris plomizo, yo tengo un año más en el reloj de mi tiempo, ese gran hijo de puta que nunca me ha engañado, aunque el minutero cuente hacia delante... desde hace mucho tengo claro que es una cuenta atrás, pero no me angustia, aún la memoria es capaz de devolverme momentos de gloria y sé que me esperan tantos otros ahí delante, o en mi cuenta atrás.
He perdido mi libertad de expresión y por ello mi show de stripper frente a un papel llega a su fin momentaneamente. Digamos que necesito ¿encontrarme?... ¿reafirmarme?... ¿volver a ilusionarme?
Lo necesito. No necesito buscar para encontrar la razón. La sé.
LLegué aquí... aEl Salto... Yo soy el joven de veintipocos del aféizar de la ventana de un sexto piso. Ese que tiene la necesidad de colgarse constantemente, a horas intempestivas, que recrea y revive recuerdos, que anhela, sueña, que es espectador de la calle y de cuantos se cruzan mientra él permanece quedo. No, no pretendo dar ningún salto, al menos no al vacío. Hoy cierro por un tiempo esta ventana. Aquí, no se si decir vagando o vagabundeando, o ambas cosas, queda mucho escrito de El Patio, borré otro tanto, y me queda la esperanza de que contaré mucho más, pero esta vez será con mi nombre y apellidos. Posiblemente mi inseguridad y mi timidez hagan que lo que cuente sólo sea escrito y leído por y para mí. Hoy me encuentro sin recursos y sin inspiración, que no sin vivencias. Hoy llueve -no inopinadamente, llueve a conciencia-, el cielo se cierra en un gris plomizo, yo tengo un año más en el reloj de mi tiempo, ese gran hijo de puta que nunca me ha engañado, aunque el minutero cuente hacia delante... desde hace mucho tengo claro que es una cuenta atrás, pero no me angustia, aún la memoria es capaz de devolverme momentos de gloria y sé que me esperan tantos otros ahí delante, o en mi cuenta atrás.





