Rinconeras y retales de la memoria
Acerca de
Desde un lugar de la Mancha... Entre manos El Juego del Ángel de Carlos Ruiz Zafón
Sindicación
 
Borrón y cuenta nueva
Tengo un odioso defecto, creo que lo he dejado escrito por algún sitio de este patio en alguna ocasión, y es que soy perfeccionista hasta rayar con lo enfermizo. Hay quien considera el perfeccionismo como una virtud, pero en lo que a mí se refiere es un defecto que llega a amargarme la existencia. En el colegio se traducía, entre otras cosas, en que en mis cuadernos nunca iba a aparecer un tachón, antes de eso arrancaba la hoja y volvía a copiar todos los ejercicios hasta que la presentación fuese de una pulcritud extrema y una caligrafía -que no ortografía, que aún hoy se resiente por no sé que extraño atragantamiento de la asignatura de lengua en mi más tierna infancia, muy relacionada con el maestro (me gusta la palabra maestro) que la impartía y que no he logrado superar en la vida- impecable. No sé si deriva de aquellas pautas, pero mis borrones y cuentas nuevas siempre llevaban consigo la aniquilación total de lo que había hecho mal y comenzar desde cero sin que hubiese absolutamente nada que me recordase lo anterior, ni mi cámara digital formatea las imágenes como hacía yo con mis neuronas ante un borrón y cuenta nueva. Ni rastro.
El primer borrón y cuenta nueva transcendente (había muchos nimios, sin pena ni gloria, como arrancar la hoja de una libreta) y decisivo de mi vida fue a mis veinte años, tras una relación de pareja idéntica a un avión rodando por una pista de despegue sin fin, cuyos motores arden antes de remontar el vuelo. Tres largos años en los que abandoné estudios, amistades y, con el tiempo, la ilusión y las espectativas propias de una primera y recién estrenada experiencia. Un rotundo fracaso. Es cierto, el amor es ciego y, contrariamente a lo que dice S. Pablo en su primera carta a los Corintios, es rencoroso y lleva las cuentas del mal, ya pueda decir el apostol misa -menester y no corra sangre por las venas, diría mi madre-. Durante los tres largos años que duró mi ceguera y mis cuentas del mal con el consiguente in crescendo del desamor y desencanto (o desencantamiento), años de abandonos y soledad, el sentimiento de pérdida acuciaba constantemente a la par que el deseo de escapar de aquella prisión. Totalmente perdida e irreconocible. Esas pérdidas nunca se veían recompensadas con ganancias -qué es la felicidad sino eso: una busqueda constante de equilibrio entre el dueto pérdida/compensacion-, así que a seis meses de una fecha de boda sufrí un ataque de claustrofobía (totalmente incompatible con la vida que me esperaba al dar el sí quiero) y abandoné mi despersonalizadora drodependencia: él. No he visto proceso de desintoxicación menos traumático y más gratificante que aquél. Mis dosis de metadona consistían en ir recogiendo los pedacitos desperdigados de mí misma, reconocerlos y volverlos a engranar en su sitio. Me costó. El borrón y cuenta nueva supuso un año de tratamiento con ansiolíticos e inductores del sueño, pero cautericé heridas para siempre jamás. Un rotundo acierto. Con los brazos abiertos me esperaba el curso de COU, amigas, sesiones de cine, muchos libros que leer , muchas cartas que escribir y la serenidad que ofrece la soledad del corazón que decide estar solo.
Los años pasan -cuarenta y una primaveras en esta otoñal mujer, dentro de un mes escaso, ¡joder!, ( Demi Moore odia cumplir años... si mi marido tuviese quince años menos que yo y estuviese como el de la Moore yo tambien odiaría cumplir años, pero no es el caso)- y mis borrones y cuentas nuevas han tomado un matiz menos drástico... ¿Cuestión de supervivencia? ¿de necesidad?... ambas cosas, diría yo... Recuperé mucho de mí misma, pero el tiempo suaviza los ímpetus, los ánimos, la visceralidad, las pasiones, el dolor, incluso la muerte... Cuando era pequeña me aterrorizaba la muerte, ahora la concibo como el último salto... el gran salto, sin dramatismos. La muerte sólo es dramática cuando es contemplada por otros, la de uno mismo, y créanme, es un instante fugaz.
Ahora son muchos los borrones y cuenta nueva a lo largo del día... tantos que no da tiempo a llevar cuentas ni del mal ni del bien, tan solo a borrar y seguir, seguir, equivocarse y borrar, equivocarse, borrar y seguir... seguir, seguir, seguir...
Hay algo que no ha cambiado con el paso de los años y es ese defecto: la búsqueda constante de la perfección... La busqueda constante, sin ninguna duda, de mi propio equilibrio.
 
Comentario:
Gracias, Estrella, por tu interpretación. Me gusta. Aunque la imagen que me asaltó no fue la de un sueño. No se trataba de un sueño, sino de una imaginación despierta, por puro miedo. Porque la muerte nos rodeó en mi casa desde edad muy temprana...

Pero si algún día me sueño en un ataúd, sabré que ha llegado un momento de transformación a mejor, siempre deseable.

Saludos
 
Comentario:
en qué estrella estará:
Si la propia persona se ve a sí misma muerta en un sueño, se trata de una etapa personal que se acaba. El o la protagonista del sueño va a experimentar grandes transformaciones y dejará el pasado atrás. Los cambios están relacionados con su manera de ser y de vivir. Por lo general es más bien una transformación beneficiosa. Se han de dejar atrás las energías del pasado y es hora de realizar una gran limpieza interior.
Espero que no te moleste mi interpretación, soy sólo aficionada.
 
Comentario:
¡Qué curioso! Cuando era pequeña, me aterrorizaba la muerte. Una noche, me asaltó la imagen de mi propio cuerpo descomponiéndose en la fosa, pasto de los gusanos y preso de un hedor indescriptible... Me invadió el terror y comencé a sollozar. Mi compañera de cama me preguntó: "¿Qué te pasa?" Yo creía que ella dormía. Me sentí avergonzada por tener miedo a la muerte y le respondí: "Nada, duérmete". Fue la primera y la última vez que me golpeó el miedo.
No tenía ni idea de que también tú lo hubieras sentido.

Pero este no era el tema, sino los borrones y cuentas nuevas, y los perfeccionismos indiscretos. El perfeccionismo casi acaba conmigo hace unos años. Hoy me conformo con ser sencillamente humana y a vivir reconciliada con mis límites. Os aseguro que es una actitud muy sana.

Un beso
 
Comentario:
Qué deliciosa te leo hoy, y que capaz y que madura y qué valiente...

Eres una mujer con todas las letras y en mayúsculas que dice una amiga mía.

Me encanta tu serenidad.
Un beso. No me olvido de ti, que lo sepas.
 
Comentario:
De tu afan de perfeccionismo, ya me he dado cuenta, pero siempre que no raye la obsesión es un rasgo de personalidad normal.
En la vida todos tenemos encrucijadas y momentos, en que las decisiones que tomamos nos condicionan el resto de nuestra existencia.
Para mi, la vida es como un aprendizaje, necesario para elevarnos a no sé que sitio, pero una cosa tengo clara, tampoco tengo miedo a la muerte. Nacer y morir es intrinseco a nuestra naturaleza.
Bueno, antes de irme por los cerros de Úbeda, decirte que sé tu misma, sé autentica, dejate llevar,permítete echar un borrón de vez en cuando, sufrirás menos. Besos,
No