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Rinconeras y retales de la memoria
Acerca de
Desde un lugar de la Mancha... Entre manos El Juego del Ángel de Carlos Ruiz Zafón
Sindicación
 
Tarde de domingo
Como cada domingo, mi hermana y yo subíamos a la plaza con nuestras cinco pesetas en el bolsillo o en nuestras sudorosas manos. Subíamos la calle Colón, cruzábamos la esquinilla en donde, con toda seguridad, mi tía estanquera cosía alguna sábana, sentada en su escalón. Entre puntada y puntada, miraba por encima de sus gafas, y cuando nos veía, vociferaba "¡Eh!, ¿adónde vais?!", "En´ca la Herminia", decíamos nosotras, acelerando el paso como si llevásemos prisa, "Venid a darme un beso, so pellejas", y mi hermana y yo nos acercábamos refunfuñando entre dientes y con un gesto de fastidio, lamentando en nuestro fuero interno no habernos ido por la otra calle, por la que nunca nos dejaba ir mi madre por ser más desierta y porque en ella vivían unas señoras de dudosa reputación. Confieso que en más de una ocasión, tanto para ir a la plaza como para ir a la escuela, cogíamos esa otra ruta y pasábamos delante de la puerta de las susodichas, no sin mirar de soslayo aquella casa prohibida y a sus misteriosas moradoras. Aquella prohibición, como toda prohibición, era un desafio.
Cuando, por fin, llegábamos a la tienda de "la Herminia", en la que además de chucherías, se vendía tabaco a mayores y a niños (sí, en la tienda de tabaquillo, así se apodaba el marido de Herminia, y en alguna otra, se vendían cigarrillos sueltos a los niños. Lo que hoy sería un delito contra la salud pública, con el agravante de tratarse de niños, allá por el 74 era una forma lícita de sacar más beneficio al negocio) y se jugaba a los futbolines a duro la partida, nos solíamos comprar una bolsa de pipas de a peseta, una bolsa de quicos también de a peseta, una peseta de bolillas de anís (dos por peseta) y... " a ver, una de pipas, otra de quicos... bolillas... tres pesetas... ummmm, pues un palote de regaliz rojo y otro negro". Con cinco pesetas nos dábamos un suculento banquete que condurábamos a lo largo de la tarde.
Fue por entonces cuando apareció, en medio de la tradicional oferta de chucherías, un extraño chuche de color rosaceo, de consistencia blandengue que, al morderlo y mojarse en la lengua, desaparecía misteriosamente. Aquello se llamaba nube y valía dos pesetas la unidad (sería por ser la primera chuchería de diseño, digo yo), pero no gozó de la simpatía de los niños y niñas de mi época, salvo de algún paladar exquisito, como el de la hija del banquero y sus dos o tres amiguitas, porque aquella cosa era demasiado cara para el efímero placer que proporcionaba. Nosotras seguimos con nuestras pipas, nuestros quicos y, de vez en cuando, sacrificábamos algún regaliz para comprarnos una canica nueva, porque la que teníamos estaba ya más minada que los yacimientos de Almadén.
Una canica nueva era como tener un tesoro. Yo no dejaba de mirar y de admirar aquella diminuta bola de cristal con ese estallido de color en su interior. Y cuando jugaba la primera partida con ella y la bruta de mi hermana le cascaba un tute y la dejaba mellada, aquello dolía... dolía... dolía como cuando estrenabas un estuche y tu hermano pequeño lo rayajeaba con un rotulador.
* Rayajear: hacer rayajos.
* Rayajo: rayas que se hacen a diestro y siniestro, intencionadamente, presionando fuertemente con el instrumento en cuestión, ya sea lápiz, bolígrafo, rotulador o color, con o sin punta, con el objeto de guarrear. o romper, la hoja o superficie sobre la que se hace.

No llegamos a imaginar, en nuestra más tierna infancia, cuánto se echa de menos esos tipos de dolor. Yo, sin ninguna duda, cambiaría muchos de los sufridos después por aquellos otros. Siento nostalgia de aquellas tardes de domingo, en las que mi madre nos ponía el hato estrenado en la feria y que quedaba reservado para esas bulliciosas tardes de paseo por las calles de mi pueblo natal. Detesto la desidia y el desierto de los domingos de la ciudad y el haber cambiado los zapatitos de charol y el vestido con remate de puntillas y canesú por las zapatillas de estar en casa, la bata y el pijama. Pero aquellos eran otros tiempos.

 
Comentario:
Hoy en día cada vez hay más diversiones para niños: videojuegos, juguetes de última generación, ordenadores... Se han dejado un poco de lado aquellos juegos infantiles que se transmitian de generación en generación. Ahora, en las grandes ciudades los niños juegan más dentro de las casas que fuera. También hay mas variedad de chuches, pero pronto dan paso al botellón.
Lastima que el progreso sea sólo material.
No