Cerrando ciclo
Mañana terminan los quince días de descanso que, generosamente, mi empresa me ha concedido para reincorporarme a mi definitivo puesto de trabajo. ¡Por fín! concluyó definitivamente el Concurso Oposición que pasará a la historia por su demora -convocado en Noviembre de 2001 y resuelto definitivamente en Mayo de 2008-, por su ambigüedad, y en mi opinión, por su injusticia. No obstante, yo tengo lo que quería: continuar en mi zona de los Montes, entre mis octogenarios y una población infantil incipiente que, a falta de una Unidad de Pediatría, nos vemos en situación de atender y de los que no dejo de aprender; de los unos por su larga vida, y de los otros por la inocencia y la simplicidad con la que ven y resuelven el mundo. Tengo ante mí el Alfa y a la Omega y eso es un lujo, indudablemente.
El lunes conoceré a mi nuevo compañero, aunque ya quedamos un día para tomar un café en la Gerencia - en la misma Gerencia no, en un bar cercano) y vernos las caras. Él ya tenía referencias de la mía porque ha sido compañero de trabajo de mi hermano durante cuatro años, y mi hermano y yo somos como dos gotas de agua, dicen... yo discrepo. Así que el día que me vió no pudo evitar eso de "¡Joer, eres igualita que Eugenio!"... (o sea, que voy a tener que dejar de discrepar, porque en alguna reunión de coordinadores se me han acercado con un "oye, ¿tú eres...?", y antes de que terminen la frase ya contesto "Sí, la hermana de Eugenio", y añaden "es que te pareces un montón"... Bueno, en todo caso será él el que se parezca a mí, porque yo nací antes. A algunos los miro con recelo porque, todo sea dicho, mi hermano, allá por donde va, levanta odios y pasiones e intento adivinar en que bando están, si en el de los odios o las pasiones... Aunque después llego a la conclusión de que los enemigos no suelen darse a conocer, acechan y se mantienen en la sombra, pero no suelen ir con tarjeta de presentación). Aclarado este largo paréntesis, continuo:
Despedimos a Paco, aquel ya rey muerto y con otro en su puesto, con una comida de equipo en la que comimos y reímos mucho. Jaleamos y suplicamos que nos dedicara unas palabras y unas lágrimas, pero no hubo manera. Al menos, se llevó la copa de liga entre las manos y entre todos le hicimos el paseíllo -qué menos y qué a gustito se va a quedar el del barça- y le deseamos buena suerte en su nuevo puesto de trabajo: el hospital de Manzanares.
A lo largo de estos quince días he tenido tiempo de sobra para pasear, aburrirme, mal dormir, dormir demasiado, tragarme enterito - por primera vez en muchos años- el Roland Garros, escuchar música -maravillosa Amy Winehouse que ha amenizado mis caseras mañanas- y formatear el cerebro para empezar de nuevo, aunque el tiempo demuestra que, al final, todo vuelve a ser lo mismo, como cantaba Enrique Urquijo... La vida no deja de ser una sucesión de hechos concéntricos: vueltas y más vueltas para volver al punto de partida; a uno mismo. Y aquí estoy, con Back to Black de fondo, escribiendo cuatro letras en mi ventana, para después leerme... A veces es la única forma que tengo de centrar la dispersión de mi pensamiento.
Compañero nuevo, consulta nueva, vacaciones inesperadas, un verano que no termina de llegar, paseos por una ciudad que hoy estaba tomada por una manifestación, un café en la terraza de la plaza del Pilar, unas vacaciones en Salou dentro de diez días, a las que no me hago a la idea porque en este extraño Junio no se deja caer el verano, - ni la tele se lo cree, porque no veo los anuncios refrescantes de la tónica, (por favor, publicistas de la Schweppes, que vuelva Noriega,) ni de otros propios de esta época-, las niñas terminando el curso, los supermercados desprovistos de carne y pescado... ¡Pufff!... Mejor sigo escuchando a este prodigio de mujer y abro la puerta a las niñas, que intuyo que no tardarán en llamar al timbre porque oigo la algarabía de voces infantiles y el rodar de las mochilas por las aceras...
¿Qué tal me saldrá el arroz a este son? Divino, seguro.
El lunes conoceré a mi nuevo compañero, aunque ya quedamos un día para tomar un café en la Gerencia - en la misma Gerencia no, en un bar cercano) y vernos las caras. Él ya tenía referencias de la mía porque ha sido compañero de trabajo de mi hermano durante cuatro años, y mi hermano y yo somos como dos gotas de agua, dicen... yo discrepo. Así que el día que me vió no pudo evitar eso de "¡Joer, eres igualita que Eugenio!"... (o sea, que voy a tener que dejar de discrepar, porque en alguna reunión de coordinadores se me han acercado con un "oye, ¿tú eres...?", y antes de que terminen la frase ya contesto "Sí, la hermana de Eugenio", y añaden "es que te pareces un montón"... Bueno, en todo caso será él el que se parezca a mí, porque yo nací antes. A algunos los miro con recelo porque, todo sea dicho, mi hermano, allá por donde va, levanta odios y pasiones e intento adivinar en que bando están, si en el de los odios o las pasiones... Aunque después llego a la conclusión de que los enemigos no suelen darse a conocer, acechan y se mantienen en la sombra, pero no suelen ir con tarjeta de presentación). Aclarado este largo paréntesis, continuo:
Despedimos a Paco, aquel ya rey muerto y con otro en su puesto, con una comida de equipo en la que comimos y reímos mucho. Jaleamos y suplicamos que nos dedicara unas palabras y unas lágrimas, pero no hubo manera. Al menos, se llevó la copa de liga entre las manos y entre todos le hicimos el paseíllo -qué menos y qué a gustito se va a quedar el del barça- y le deseamos buena suerte en su nuevo puesto de trabajo: el hospital de Manzanares.
A lo largo de estos quince días he tenido tiempo de sobra para pasear, aburrirme, mal dormir, dormir demasiado, tragarme enterito - por primera vez en muchos años- el Roland Garros, escuchar música -maravillosa Amy Winehouse que ha amenizado mis caseras mañanas- y formatear el cerebro para empezar de nuevo, aunque el tiempo demuestra que, al final, todo vuelve a ser lo mismo, como cantaba Enrique Urquijo... La vida no deja de ser una sucesión de hechos concéntricos: vueltas y más vueltas para volver al punto de partida; a uno mismo. Y aquí estoy, con Back to Black de fondo, escribiendo cuatro letras en mi ventana, para después leerme... A veces es la única forma que tengo de centrar la dispersión de mi pensamiento.
Compañero nuevo, consulta nueva, vacaciones inesperadas, un verano que no termina de llegar, paseos por una ciudad que hoy estaba tomada por una manifestación, un café en la terraza de la plaza del Pilar, unas vacaciones en Salou dentro de diez días, a las que no me hago a la idea porque en este extraño Junio no se deja caer el verano, - ni la tele se lo cree, porque no veo los anuncios refrescantes de la tónica, (por favor, publicistas de la Schweppes, que vuelva Noriega,) ni de otros propios de esta época-, las niñas terminando el curso, los supermercados desprovistos de carne y pescado... ¡Pufff!... Mejor sigo escuchando a este prodigio de mujer y abro la puerta a las niñas, que intuyo que no tardarán en llamar al timbre porque oigo la algarabía de voces infantiles y el rodar de las mochilas por las aceras...
¿Qué tal me saldrá el arroz a este son? Divino, seguro.
Comentario:
Mi enhorabuena por tu consolidación de plaza! Espero que el nuevo puesto, como no entraña cambio de centro, tampoco suponga mayor esfuerzo de adaptación. Lo peor debe ser el desplazamiento, que en otro post ya comentaste que suponía mucho tiempo.
Besos.
Besos.