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Rinconeras y retales de la memoria
Acerca de
Desde un lugar de la Mancha... Entre manos El Juego del Ángel de Carlos Ruiz Zafón
Sindicación
 
La oveja
A esta aprendiz de la palabra le inspira poco el verano. El cegador dorado de la vasta llanura manchega, los sarmentosos latifundios que pintan de verde el tedioso paisaje y que se pierden en el horizonte, plagados de racimos hinchéndose del más exquisito jugo merced al sol del verano de mi Mancha, y los ocres y rojizos campos de Castilla que tanto inspiraron a Machado, a mí me invitan a sestear de un lado para otro, sin dejar de quejarme del maldito calor.
Es por eso que, para no perder la costumbre de la expresión y la pluma, me gusta inventar historias con mayor o menor interés o acierto que me obliguen a continuarlas, sirviendo de terapia para este perezoso cerebro. Unas cosas y otras forman este patio, más o menos ornamental, más o menos transcendente o nimio, pero siempre Mi Patio. Y capítulos como el que a continuación narro, tan real y absurdo como la vida misma, me encanta reinventarlos.

Viernes, dos de la tarde:
- Hola, buenos días. Mire, llamo del centro de salud. Es para descirles que en nuestro patio hay una oveja.
- ¿Una oveja?
- Como lo oye, una oveja.
- Será de algún vecino.
- Lo dudo, no tenemos vecinos que tengan ovejas.
- ¿Y cómo ha llegado la oveja allí?
- Pues lo ignoro, sólo sé que esta mañana no estaba y ahora está, casi me la llevo por delante con el coche de Urgencias. No para de ir de un lado a otro del patio, pero no hay manera de echarla. Ya sabe usted lo modorras que se ponen las ovejas con el calor. Y si conseguimos echarla, ya le digo, es una oveja que anda perdida y puede ir a parar a la carretera, con el consiguiente peligro. ¿Son ustedes responsables de esto o llamo al ayuntamiento?
- Pero, ¿usted quién es?
- La enfermera, ¿y usted quién es?
- El cabo.
- Ya, ¿son ustedes quienes avisan al Seprona... o a quién se avisa en estos casos? No va a estar la oveja en el patio...
- Psssss... yo que sé... ¿estorba mucho en el patio?...
- Hombre... pues más bien sí, esto es un centro de salud, ¡qué hacemos con una oveja en el patio!
- ¿Y sabe usted si la oveja está identificada...?
¿Mande?... ¡Una oveja identificada... ¿pues no son todas iguales? Y yo qué coño sé...
- ¿Cómo que si está identificada? Pues como pertenezca a un rebaño de quinientas o mil, hasta que se den cuenta de su ausencia...
- No, que si tiene una chapa en la oreja...
- Aaaahhhh... pues no me he fijado... espere que miro por la ventana.
No alcanzo a describir con palabras el espectáculo de mi compañero, el administrativo, llamando a la oveja por la ventana para ver si tenía o no chapa de identificación. Porque la oveja estaba como una reinona, con sus orejas gachas y sus ojos de oveja fijos en los dos imbéciles (nosotros dos) que intentaban atraer su atención por la ventana, rumiando a la sombrita de la zona de aparcamiento y sin ninguna intención de moverse. Ese concierto onomatopéyico (mi compañero no ha oído a un pastor en su puñetera vida, concluyo) para llamar la atención del ovino no lo olvidaré en mucho tiempo.
Respondo a mi interlocutor:
- Creo que sí, que no se trata de una ilegal... Tiene papeles, así que habrá que repatriarla a su dueño...
Al otro lado oigo risas y canchondeítos... Deduzco que el cabo, mientras tratábamos de averiguar si la oveja era realmente descarriada o tenía dueño, ha contado al compañero, o compañeros, lo de estos dos tontos en apuros.
- Vale, mira (ahora me trata de tú), pues hay que coger el número que lleva en la chapa para saber...
- ¡Que hay que coger qué! ¿Quién, yo?...
- No, nosotros bajamos ahora, en unos minutitos... la oveja no se va, ¿no?
- Hombre, pues no parece que tenga muchas intenciones de irse, por eso estoy llamando...
A las tres de la tarde nadie había aparecido, ni dueño ni benemérita, a interesarse por la oveja. El turno de las tres entraba y, tras una locuaz y rápida exposición del asunto (un viernes a las tres de la tarde no tiene una ganas de dar elaborados partes de urgencias), dejamos en sus manos la suerte que pudiese correr la inquilina del patio.
Hoy nos hemos enterado de que el exitus del pobre animal se produjo el sábado por la tarde, según el médico de urgencias, por un golpe de calor. La benemérita acudió a las seis de la tarde del viernes, tomaron los datos de la chapa de la oreja de la oveja y dijeron que iban a identificarla... Nunca se supo a quien pertenecía... El cadáver fue retirado por alguien en la clandestinadad de la noche, tras avisar de nuevo a la benemérita del fallecimiento de la susodicha...
He aquí la triste historia de una oveja que quiso romper el dicho tan popular por tierras de la Mancha y que se aplica a quien no cesa en un absurdo empeño o idea sin fundamento, dejándose llevar por los demás... a ése se le denomina ovejo modorro... Y la desgraciada encontró la muerte por ser ella misma por un día.

 
Comentario:
¡Me da mucha pena la ovejita! (como diría Carmen Sevilla) Hechos similares pasan todos los días por la maldita burocracia que nos ahoga,
Bueno, por lo que veo en el blog, estamos todos un poco relajados ahora en Agosto. Besos.
 
Comentario:
¡Pero bueno! ¿Cómo pudo terminar tan mal la historia de la oveja? No me lo creo. Lo has recreado mal para que saquemos alguna moraleja. ¿O no?
¡Yo que empezaba a cogerle cariño al animal!

No