logotipo

img_google
Rinconeras y retales de la memoria
Acerca de
Desde un lugar de la Mancha... Entre manos El Juego del Ángel de Carlos Ruiz Zafón
Sindicación
 
Crisis
Hace unos días mantenía una distendida conversación con una conocida con la que, tiempos ha, compartí muchas sobremesas y alguna noche de copas. Hablábamos de conocidas comunes, qué fue de ésta, qué fue de aquella, si se casó fulanita, si tuvo hijos la menganita... " Oye, ¿cuántos años tienes ya?, ¿treinta y tantos?", interrumpió la conversación centrada en las otras para centrarla en nosotras. No sabía si darle las gracias por el cumplido de rebajarme de -ona a -ñera, o recordarle que era sólo tres años más joven que ella, es decir, cuarentonas ambas. "Cuarenta y una primaveras", dije queda. "Ay, es verdad", añadió ella. ¡Ay!...¿a qué viene esa conmiseración?... "Yo llevo fatal lo de cumplir años, creo que me va a costar una depresión", y entonces dió rienda suelta a su lengua que no dejó de escupir frustración tras frustración. Me contaba mi conocida, colega de subsistencia en los años en los que pasé los largos inviernos "de prestado" en un pueblo perdido entre montes, que estaba viviendo una verdadera crisis de identidad. Se cuestionaba el haber dejado de trabajar nada más casarse y lo exteriorizaba como un reproche a sí misma. LLevaba meses dándole vueltas y más vueltas sin encontrar una razón convincente de por qué hizo aquello. Afirmaba que los hijos nunca valoran el que una mujer abandone su trabajo para dedicarse por entero a ellos, incluso, con el tiempo, valoran más a la que trabaja fuera de casa (apreciación totalmente subjetiva por su parte, a mi manera de ver). Se miraba en un espejo y se veía vieja... Ahí no pude evitar una carcajada... "Cambia de espejo", le sugerí, "el del armario de mi dormitorio es maravilloso, pero el del cuarto de baño es criminal". Ella también rió con mi comentario. Es cierto, no sé si depende de la luz, de la posición o del acabado del mate que permite vernos reflejados, pero hay espejos de lo más indulgentes y otros que no tienen la más mínima clemencia.
Nada peor que ser licenciada en Psicología (aunque nunca llegó a ejercer en nada relacionado con la materia) para auto-psicoanálizar cada paso dado en la vida y llegar a la conclusión de que te quedaste dando saltos entre los peldaños de la mierda de la pirámide de Maslow y que el vértice que se corona con la REALIZACIÓN PERSONAL te resulta inalcanzable... Aunque, humildemente, yo llegué a la conclusión de que lo que le pasa a mi conocida-compañera de tertulias de partida de bar no era otra cosa que una terrible crisis: la de los cuarenta.
La sociedad cambia, su estructura cambia y los estereotipos se ven obligados a cambiar. Y aquí están los psicólogos y las estadisticas para decirnos cómo y cuándo hay que sufrir estas crisis. Lo que antes era la crisis del nido vacío, propia en la década de los cuarenta a los cincuenta y que, presumiblemente, sufríamos más las mujeres que los hombres, ahora se sufre en la década de los cincuenta a los sesenta por motivos obvios: somos padres en edades más tardías y/o los hijos se nos acomodan en casa hasta sus cuarenta, vamos, que algunos no se van ni aunque los eches. Además, no se sufre de igual manera, por razones también obvias: nunca se terminan de ir, son como un bumerán, van y vuelven cuando menos te lo esperas, o bien separados, o cansados de guisarse y lavarse ropa si se fueron de singles, o porque el euribor y sus sueldos de mileuristas no les permite seguir independizados. Otra razón es la incorporación de la mujer al mercado laboral (odio esta manida frase) que hace más llevadero llegar a casa y encontrarla vacía... Si se me permite la afirmación y tal y como vivo yo ahora la edad de mis hijas y sus demandas: ¡Menudo alegrón llegar a casa y encontrarse un silencio abrumador! ¡Qué gustazo de nido vacío!
La crisis de los cuarenta (de la que anecdóticamente cuento que fue pregunta de examen de oposición de DUEs en la Junta de Andalucía. El enunciado era algo así como ¿Cuál de de estas causas genera mayor estrés en el varón? A) Un divorcio B) El diagnóstico de una enfermedad crónica C) La pérdida del trabajo D) La crisis de los cuarenta. Adivinen la correcta... la D, por supuesto) también nos llega a nosotras, que tenemos trabajo, que vivimos sin depender de nadie, que viajamos solas, que vivimos solas... En fin, que empezar a vivir en "condiciones de igualdad" nos hace "padecer en igualdad", desde cánceres de pulmón, pancreatitis, cirrosis, bronquitis crónicas o IAM, hasta la crisis de los cuarenta (mira que querer igualdad en este dechado de virtudes... en fin). Y, por supuesto, nosotras también nos cuestionamos y necesitamos reafirmanos, aunque de forma diferente. A ellos les vale la conquista de una veinteañera, veinteañera conquistada crisis superada (admiro este pragmatismo en el varón). A nosotras, a nosotras toda ambición se nos queda corta, con el consiguiente desenlace en una cruenta lucha interna y en una tremenda depresión.
Consolé a mi contertulia diciéndole que a todas, en mayor o menor medida, nos llegan estos llamémosles "periodos de reflexión o crisis" , si no es sobre el trabajo, es sobre maridos, hijos, la edad, los kilos, las hipocondrías... ¡Joder!, ¡que estamos en crisis, ¿hay alguien que no se haya enterado?, pues eso, en crisis... Hasta una amiga de la adolescencia se ha separado tras dieciocho años de matrimonio, plantando a su marido por una veinteañera...¡Con un par de ovarios!, a eso lo llamo yo salir del armario con una patada al más puro estilo karateca, resolución drástica de una eterna crisis de identidad.
¡Ay, qué vida ésta! Pero vamos, para crisis, crisis, el medallero olímpico de los españoles en Pekín.
¡Vamos, Rafa!
PD: Por cierto, quienes hayan regresado de sus vacaciones no se olviden de sufrir su crisis síndrome posvacacional y súmenla y prepárense para sufrir su crisis matromonial, si es que superaron con éxito la de las vacaciones de verano, porque suele ser reincidente en Navidad.
No