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Rinconeras y retales de la memoria
Acerca de
Desde un lugar de la Mancha... Entre manos El Juego del Ángel de Carlos Ruiz Zafón
Sindicación
 
El pretendiente
Felipe, vida mía, tengo que contarte un desasosiego que no me deja tranquila.
¿Tú recuerdas a Jacinto, el estanquero de la esquina? pues verás... no sé como decírtelo sin que te lo tomes a mal. El caso es que desde hace unas semanas, cada vez que bajaba a por el pan, me lo encontraba en la puerta de la panadería, o bien entrando o bien saliendo. Bien sabe Dios que yo lo tomaba siempre como algo casual, ya sabes que los viejos somos de costumbres y tenemos nuestras horas fijas para todo, esas rutinas que no nos cansamos de ejecutar repetitivamente y que nos alejan de lo novedoso...pues eso. Quién me iba a decir a mi que de casualidad nada de nada, que ,en realidad, se hacía el encontradizo. A esos buenos días, que me daba siempre con una sonrisa tonta de oreja a oreja, le siguieron los piropos. Entre tú y yo, Felipe, ¿a que tú siempre habías pensado que Jacinto era... pues eso, que a Jacinto no le iban las señoras?... yo también... no sé, nunca se le ha concido novia, ni ha paseado por el barrio con ninguna mujer... y esos viajecitos que hacía a Francia allá por los setenta... se comentaba que era porque allí se desataba y daba rienda suelta a sus pasiones... ¡Qué mala es la gente!, cuando al pobre nunca se le vió ninguna muestra ni de lo uno ni de lo otro, la verdad. Entre las mozas de mi tiempo tenía fama de alelao, de paraillo, de sosaina...Si sabré yo que la realidad que cada uno esconde es muy diferente a lo que los demás creen ver.
Pues el sosaina ha salido un tirao palante que ni te cuento. El primer día me dió por reir y seguirle el juego, pero después, ¡ay, Felipe!, cada vez que lo veía haciendo cocos en la puerta de la panadería, me entraba un sofoco y un nerviosismo. Me hacía la remolona para ver si se cansaba y se iba, pero hijo, ¡qué perseverancia!... nada, allí como un clavo, y de nuevo otro piropo..." Buenos días, Doña Leonor, tiene usted unos andares de jaca jerezana que me roban el sentio"... " pero Jacinto, ¿desde cuándo tiene usted esa gracia andaluza?... " Desde que la he descubierto a usted, reina mora"...
¡Reina mora! ¡Jaca jerezana!... ¿lo de mora no será por el pelirrojo?. Es que creo que tiene cataratas. Dime, Felipe, ¿me está tirando los tejos o no me está tirando los tejos? Y hoy... hoy me ha venido con una rosa y una invitación para ir al cine... Dice que no acepta un no por respuesta. " Pero Jacinto, si la última vez que yo fuí al cine fué al estreno de El acorazado Potemkin, fíjese si ha llovido desde entonces. No, perdóneme, pero esta noche vienen mis hijas a cenar". " " Pues se conserva usted muy bien, señora mia, porque desde el acorazado sí que ha llovido, pero yo le propongo emociones más fuertes". ¡Emociones más fuertes! este señor es un salido... "Mire, Jacinto, yo se lo agredezco a usted mucho pero..." "De tú, llamamé de tú, Leonor, que esto es el comienzo de una bonita amistad".
¡Joder con el lelo, a la vejez viruelas! Me ha dejado la rosa y se ha despedido con un guiño de lo más picarón.

Esta rosa, que ahora da color a la mesa del salón, rememora aquella otra que me enviaste un día desde Alemania, ¿recuerdas?. Tiempos duros aquellos, ¿verdad Felipe? de ausencia, de soledad... He escudriñado entre las cientos de cartas que tantas veces releí, que tantas lágrimas de anhelo me hicieron derramar, que mantuvieron vivo el deseo de volver a estar juntos, que te hacían tan presente en el alma y tan ausente en nuestra cama y en mi día a día... y aquí la tengo, acariciándola entre mis manos, recordándote... una vez más, recordándote... y en el reverso una fecha, el nombre de una ciudad y un verso : " A nadie te pareces desde que yo te amo". Munich, 18 de Mayo de 1962.

En fín, Felipe, que me ha salido un pretendiente, qué le voy a hacer, peor es un grano en el culo o no sé yo qué decirte, pero que no, que yo soy sólo tuya, para siempre... para la eternidad.

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