<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rdf:RDF xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:ti="http://purl.org/rss/1.0/modules/textinput/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:co="http://purl.org/rss/1.0/modules/company/" xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns="http://purl.org/rss/1.0/"><channel rdf:about="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/rss20.xml"><title><![CDATA[Rinconeras y retales de la memoria]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/opinionesvarias/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[&#32;]]></description><dc:publisher><![CDATA[Publisher]]></dc:publisher><dc:creator><![CDATA[creator]]></dc:creator><dc:rights><![CDATA[rights]]></dc:rights><dc:date><![CDATA[2004-12-12T10:00:00-05:00]]></dc:date><sy:updatePeriod><![CDATA[hourly]]></sy:updatePeriod><sy:updateFrequency><![CDATA[1]]></sy:updateFrequency><sy:updateBase><![CDATA[2004-12-12T10:00:00-05:00]]></sy:updateBase><items><rdf:Seq><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_233.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_232.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_230.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_225.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_229.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_227.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_226.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_224.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_223.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_222.htm"/></rdf:Seq></items></channel><item rdf:about="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_233.htm"><title><![CDATA[La oveja]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_233.htm]]></link><description><![CDATA[A esta aprendiz de la palabra le inspira poco el verano. El cegador dorado de la vasta llanura manchega, los sarmentosos latifundios que pintan de verde el tedioso paisaje y que se pierden en el horizonte, plagados de racimos hinchéndose del más exquisito jugo merced al sol del verano de mi Mancha, y los ocres y rojizos campos  de Castilla que tanto inspiraron a Machado, a mí me invitan a sestear de un lado para otro, sin dejar de quejarme del maldito calor. <br/>Es por eso que, para no perder la costumbre de la expresión y la pluma, me gusta inventar historias con mayor o menor interés o acierto que me obliguen a continuarlas, sirviendo de terapia para este perezoso cerebro. Unas cosas y otras forman este patio, más o menos ornamental, más o menos transcendente o nimio, pero siempre Mi Patio. Y capítulos como el que a continuación narro, tan real y absurdo como la vida misma, me encanta reinventarlos.<br/><br/>Viernes, dos de la tarde:<br/>- Hola, buenos días. Mire, llamo del centro de salud. Es para descirles que en nuestro patio hay una oveja.<br/>- ¿Una oveja?<br/>- Como lo oye, una oveja.<br/>- Será de algún vecino.<br/>- Lo dudo, no tenemos vecinos que tengan ovejas.<br/>- ¿Y cómo ha llegado la oveja allí?<br/>- Pues lo ignoro, sólo sé que esta mañana no estaba y ahora está, casi me la llevo por delante con el coche de Urgencias. No para de ir de un lado a otro del patio, pero no hay manera de echarla. Ya sabe usted lo modorras que se ponen las ovejas con el calor. Y si conseguimos echarla, ya le digo, es una oveja que anda perdida y puede ir a parar a la carretera, con el consiguiente peligro. ¿Son ustedes responsables de esto o llamo al ayuntamiento?<br/>- Pero, ¿usted quién es?<br/>- La enfermera, ¿y usted quién es?<br/>- El cabo.<br/>- Ya, ¿son ustedes quienes avisan al Seprona... o a quién se avisa en estos casos? No va a estar la oveja en el patio...<br/>- Psssss... yo que sé... ¿estorba mucho en el patio?...<br/>- Hombre... pues más bien sí, esto es un centro de salud, ¡qué hacemos con una oveja en el patio!<br/>- ¿Y sabe usted si la oveja está identificada...?<br/>¿Mande?... ¡Una oveja identificada... ¿pues no son todas iguales? Y yo qué coño sé... <br/>- ¿Cómo que si está identificada? Pues como pertenezca a un rebaño de quinientas o mil, hasta que se den cuenta de su ausencia... <br/>- No, que si tiene una chapa en la oreja...<br/>- Aaaahhhh... pues no me he fijado... espere que miro por la ventana.<br/>No alcanzo a describir con palabras el espectáculo de mi compañero, el administrativo, llamando a la oveja por la ventana para ver si tenía o no chapa de identificación. Porque la oveja estaba como una reinona, con sus orejas gachas y sus ojos de oveja fijos en los dos imbéciles (nosotros dos) que intentaban atraer su atención por la ventana, rumiando a la sombrita de la zona de aparcamiento y sin ninguna intención de moverse. Ese concierto onomatopéyico (mi compañero no ha oído a un pastor en su puñetera vida, concluyo) para llamar la atención del ovino no lo olvidaré en mucho tiempo.<br/>Respondo a mi interlocutor:<br/>- Creo que sí, que no se trata de una ilegal... Tiene papeles, así que habrá que repatriarla a su dueño...<br/>Al otro lado oigo risas y canchondeítos... Deduzco que el cabo, mientras tratábamos de averiguar si la oveja era realmente descarriada o tenía dueño, ha contado al compañero, o compañeros, lo de estos dos tontos en apuros.<br/>- Vale, mira (ahora me trata de tú), pues hay que coger el número que lleva en la chapa para saber...<br/>- ¡Que hay que coger qué! ¿Quién, yo?... <br/>- No, nosotros bajamos ahora, en unos minutitos... la oveja no se va, ¿no?<br/>- Hombre, pues no parece que tenga muchas intenciones de irse, por eso estoy llamando...<br/>A las tres de la tarde nadie había aparecido, ni dueño ni benemérita, a interesarse por la oveja. El turno de las tres entraba y, tras una locuaz y rápida exposición del asunto (un viernes a las tres de la tarde no tiene una ganas de dar elaborados partes de urgencias), dejamos en sus manos la suerte que pudiese correr la inquilina del patio.<br/>Hoy nos hemos enterado de que el exitus del pobre animal se produjo el sábado por la tarde, según el médico de urgencias, por un golpe de calor. La benemérita acudió a las seis de la tarde del viernes, tomaron los datos de la chapa de la oreja de la oveja y dijeron que iban a identificarla... Nunca se supo a quien pertenecía... El cadáver fue retirado por alguien en la clandestinadad de la noche, tras avisar de nuevo a la benemérita del fallecimiento de la susodicha... <br/>He aquí la triste historia de <b>una oveja que quiso romper el dicho tan popular por tierras de la Mancha y que se aplica a quien no cesa en un absurdo empeño o idea sin fundamento, dejándose llevar por los demás... a ése se le denomina ovejo modorro... Y la desgraciada encontró la muerte por ser ella misma por un día</b>.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/files/rebano.jpg" alt="" border="0" width="400" height="300"/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_232.htm"><title><![CDATA[Como un aullido interminable]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_232.htm]]></link><description><![CDATA[<b>Los ojos de Alba</b><br/><br/>Son un cálido mar. Dos inmensos océanos de quietud, de verde cristal. Serenidad vítrea. Allí donde Dios dijo "hágase la luz" y la luz se hizo. <br/>La he visto crecer y crecer... casi un metro setenta y cinco... Un muro de contención frente a un largo <i>aullido interminable</i>, y que ella devuelve con el eco de un susurro, el susurro de una voz que no necesita alzarse para detener el empuje irremediable.<br/>No, no se lamenta de su mala suerte masticando chicle, ni fumando porros, ni abandonando estudios, ni callejeando como gata sin tejado. No es una automarginada <i>víctima de la sociedad</i> porque ella sabe que no es la sociedad la culpable. Ella sabe perfectamente quién tiene la culpa de que ella sea víctima, y como toda víctima, inocente.<br/>Su padre es drogadicto: alcohólico, cocainómano, porrero... De todo un poco, ya se sabe, en la variedad está el gusto... Cuando pierde el control (porque en esto todavía hay quien piensa que tiene control) se vuelve agresivo... El cuento de siempre... Un cuento que me estomaga y me revuelve las tripas... Cuando pierde el control... ¡Será hijo puta! ¿Habrá cobardía más grande que la de ponerse hasta el culo para creerse alguien, para justificar semejante ignominia?<br/>No, a Alba no la espera su padre de madrugada, como sí le sucede a sus amigas, acostado junto a su madre. No la oye dar la vuelta de llave con el mayor sigilo posible, deseando que el picaporte enmudezca para no delatar la hora de la llegada. Tampoco la oye desplazarse ligera como una pluma, gravitando entre pasillos hasta meterse en la cama. No cae rendida mientras el latido del corazón se debilita en los pies porque los tacones la dejaron muerta, ni sueña ajena al respirar tranquilo de sus progenitores porque la niña ya ha llegado a casa. Por el contrario, suele ser ella la que espera al padre... Ella lo intuye, lo sabe, es consciente de lo que hay, lo ha mamado desde niña, se conoce bien el percal... Su instinto de supervivencia lo olfatea... Aguarda sabedora... Aguardan sabedoras, ellas, dos, una madre y <b>una hija que se ha convertido en un bastión frente al agravio y a la agresión</b>. Cuando se retrasa quién sabe cómo vendrá... Y espera despierta, despierta y sabedora... Y después una vuelta de llave, y una voz que va subiendo el tono, y  otra que intenta contenerla con susurros, y después los gritos, y zumbidos, y se levanta con las tripas revueltas y se pone en medio de la madre para defenderla, y, por último, una llamada al 112 de una voz joven, de diecinueve años, diciendo que su padre está agrediendo a su madre y necesita ayuda. <b>Sin control</b>.<br/>Alba terminó primaria entre gritos, y sus ojos de niña eran dos serenos océanos de un verde cristalino. Terminó secundaria entre más gritos, y sus ojos seguían siendo dos serenos océanos de un verde cristalino. Ahora está en la universidad, y sus dos océanos son un golpe de mar de un sereno verde cristalino. <br/><br/><br/><b>Los ojos de Mario</b><br/><br/>Los ojos de Mario imploraban ayuda mientras su abuelo, enfermo de un cancer de pulmón, yacía inconsciente en el suelo. Ese hombre, podrido y consumido ahora, era lo único que le quedaba en la vida.<br/><b>La miseria se ceba con la miseria</b>. La madre se había marchado un día, da igual si a la luz del alba, si en plena tarde o perdiéndose en las sombras de una noche sin luna, el caso es que huyó de su padre y así también abandonaba a su suerte a lo único que podía servirle de reclamo; a él. No se llevó nada que pudiera recordarle el más mínimo detalle de esa parte de su vida, ni tan siquiera lo que era de sus entrañas. Su padre era el rey de un suburbio de Madrid, experto traficante de papelinas, heroínomano, y seropositivo. Por aquel entonces, hará unos cuatro años, estaba cumpliendo condena por tráfico de drogas. Mario era hijo único de hijo único, lo que le convertía para sus abuelos paternos en nieto único. El día que su abuela reventó, sentada en una taza de un wc de un bar de barrio, de una cirrosis hepática fulminante, su abuelo le prometió que nunca lo abandonaría, y así fue.<br/>La vida también empujaba a Mario como un aullido interminable y Mario respondió a la vida con un rugido inquebrantable.<br/>Pero todo lo que el mar se traga, un día de inquieto oleaje lo devuelve... Lo empuja tierra adentro, con insistencia, como resto de naufragio, inservible, sin sombra de lo que fue... Y el padre de Mario apareció, y se vino al pueblo, tras el abuelo y el nieto. Primero se presentó sumiso, luego, impaciente y en busca de dinero. Pero su mirada hundida y esquiva se encontró con otra sostenida, tal vez desafiante, tal vez pidiendo cuentas, y que ya no era la de un niño perdido: la del hijo, los grandes ojos negros de Mario, los que vi derramarse cuando creía a su abuelo muerto.<br/>Hace meses que murió el abuelo, y Mario ya tiene veinte años. Vive de nuevo en Madrid, en un piso compartido con amigos. Estudia primero de periodismo. Trabaja de vigilante varias noches a la semana y de camarero durante el día, o la tarde. Está opositando para el cuerpo de policía. Su padre sigue merodeando por el pueblo... De los ojos de Mario, de Mario, me habló su tía abuela cuando pregunté qué sería ahora de él. Ni la más remota idea de que aquel aparente adolescente desvalido era un héroe anónimo de esta perra vida, de su perra vida.<br/><br/>Y hasta aquí la historia de los ojos de Alba y los ojos de Mario, que bien podrían ser maliciosos, amenazantes, esquivos, de animal herido... Por el contrario son océanos en donde fluye la vida.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_230.htm"><title><![CDATA[Belleza, sexo y dinero]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_230.htm]]></link><description><![CDATA[Ayer leía una entrevista de una de las grandes de la música: Madonna. Madonna decía que su ritmo de trabajo es imparable, que a sus cincuenta años (y un minicuerpo de escándalo y bisturí, diga ella lo que diga) no puede quedarse en casa para terminar siendo una gorda... ¡Con lo bien que iba la entrevista, cachin diez! ¡Estas divas! Madonna dedica tres horas de gimnasio al día, tiene su preparador físico personal, dice no tomar nunca el sol, y no beber alcohol ni ninguna otra droga... Mi madre tampoco ha tomado alcohol en su vida, ni ninguna otra droga y el sol le ha dado lo justo y puedo asegurar que con cincuenta años no estaba como Madonna. Estaba gorda, aunque a los veinte pesara cuarenta y cinco kilos. Mi madre no ha tenido preparador físico, ni tiempo ni dinero para ir tres horas a un gimnasio, tampoco ha tenido un regimiento de personal a su servicio que hiciesen el trabajo sucio, ése que te pone al borde de una crisis de nervios, te sume en la ansiedad, produce frustración y auto-infravaloración y desemboca en que te dé igual estar o no gorda. Ése que, salvo excepciones, nadie valora y que todos aprendemos a valorar cuando nos vemos en idéntica situación. Esa es la gran diferencia entre mi madre y Madonna: lo que el dinero es capaz de comprar; tiempo, belleza (relativa, siempre relativa) y salud (al menos en apariencia).<br/>Dicen las feas que lo importante es la belleza interior. Las guapas y guapos descerebrados (a los guapos y guapas inteligentes se les omite la pregunta), que los hay y mucho, también dicen que la belleza está en el interior y que no son importantes unas buenas... piernas y un buen... cuerpo de impresión para triunfar en la vida. No sé si con eso nos quieren decir, los muy cabrones, que además de bellos por fuera, lo son por dentro. Yo, chica del montón, siempre he creído que el ser guapa o guapo facilita las cosas, aunque no se tengan dos dedos de frente. La apariencia física importa y mucho. Todo nos entra por los ojos (<b>que nadie me diga que con lo primero que desea darse un revolcón es en con la belleza interior</b>)... Según mi compañero (al que animo a que desarrolle su teoría y publique en alguna revista como Muy Interesante o por el estilo), los hombres se fijan en determinadas partes del cuerpo, normalmente protuberancias. Las mujeres, seguimos en según mi amigo, nos fijamos en tonterías del estilo de cómo mueve las manos, cómo le sonríen los ojos, cómo cambía su peso de un pie a otro, y gilipolleces similares que hacen el que un hombre resulte más o menos interesante (<b>identifíquese interesante con apetecible sexualmente hablando</b>). A ellos les da igual que la Pataki y similares sean bellos animales siliconados con ausencia de la costilla flotante, a ellos lo que les interesa es el producto final, qué más les da costilla más que costilla menos... Y el resultado final, al menos de la Pataki, es espectacular. Y aquí estamos nosotras, si seremos gilipollas, contentándonos con la belleza interior... <br/>Cierto día me comentaba mi ex-compañero Paco (qué mal suena eso de mi EX, aunque vaya acompañado de compañero en vez de novio o marido) que no entendía porqué nos fijábamos tanto en ese tipo de mujeres divinas de la muerte a todas horas, que nosotras, pobres mortales de andar por casa, no podríamos nunca llegar a ser como ellas... "Además-, me decía, -hace un tiempo coincidí en la estación del Ave de Sevilla con Juncal Rivero y es como un poste de la luz... Si a ésa (y perdón por la frasecita que transcribo, pero fue lo que él dijo) me la follo, seguro que se rompe". "Pues, querido,- le dije yo, sintiendo que ahora era la mía,-  no te preocupes, porque una como ésa nunca te dará oportunidad de que tú la rompas, a no ser que tengas una cuenta corriente como la de Fernández Tapias o similares". <br/>Y es cierto que lo que Natura no da, Salamanca no presta, aludo a aquella del candelabro y que admiraba a Vargas Llosa sin haber leído ni un párrafo en su vida del susodicho... Pero con lo que a algunas les ha dado Natura (o bisturí más silicona) no han necesitado que Salamanca les prestase nada. <br/>Verdad es, amigo Sancho, que<b> dos tetas siempre tirarán más que dos carretas</b>.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_225.htm"><title><![CDATA[El salto (Capítulo VIII)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_225.htm]]></link><description><![CDATA[En realidad no sabía porqué razón no tragaba al del tercero; no le gustaba su mirada esquiva... ni su cara... Era el primero que salía por la mañana al trabajo -debía de ser al trabajo-, y siempre lo hacía sobre las cuatro y media de la madrugada y en días alternos. No sabía  sobre qué hora regresaba porque, si alguna vez coincidían entrando a un tiempo, uno subía siempre por las escaleras y el otro tomaba el ascensor hasta el sexto piso. Vivía en el bloque desde hacía dos o tres años, no sabría precisar, pero en ese tiempo se había ganado el apodo de <i>el hurón</i>, así lo llamó doña Virtudes, su vecina de enfrente, el día que tocó su timbre para perdirle un poco de sal y, abriendo apenas cinco centímetros la puerta, le dijo que no tenía y cerró en sus mismísimas narices sin mediar más conversación. No se sabe si lo que ofendió a doña Virtudes fue el portazo en las narices o que no pudo husmear lo que a ella le hubiese gustado por no haber tenido el detalle -y la educación- de invitarla a pasar. Posiblemente fueron ambas cosas las que hicieron que la lengua viperina de la señora envenenara todo su rellano y los superiores e inferiores a él, colgándole el san benito de mal educado y de que "seguramente se trataba de un tipo de poco fiar... un terrorista o alguien por el estilo, porque ya digo, no asomó ni la nariz y parecía ocultar algo. Vamos, a mí me va a decir que no tiene sal... ¿Quién no tiene sal en casa?"... Eso traía y llevaba doña Virtudes como un chisme a todo el que abordaba en la escalera, bajando su tono de voz y dándole otro un tanto misterioso y suspicaz. Todos sabían de la capacidad de invención de la señora Virtudes y, la verdad sea dicha, a nadie importaba la vida de nadie. Otra gran tragedia de la vida de la gran ciudad: <b>la libertad del anonimato y el riesgo de la indiferencia y la invisibilidad</b>. El paraíso de los malhechores y el infierno de los indigentes.<br/>A todos pilló por sorpresa la llegada de aquella furgoneta con una brigada de policías dentro. En pocos segundos ocuparon la escalera, el ascensor y las salidas de emergencia. Atisbaban en las esquinas de los pasillos, obligando a los curiosos a encerrarse tras sus puertas y no salir hasta que se les diera orden. Así fue como abortaron un intento suicida de fuga por la ventana de un tercer piso.Todos quedaron consternados y boquiabiertos cuando lo vieron bajar esposado, queriendo cubrir su cara inútilmente con el cuello de su camisa, con un policía a cada lado y otro guardándole la espalda, mientras otros tantos bajaban ordenadores, cientos de CDs, cámaras de video y un arsenal de material informático como si se desmantelase el mismísimo Banco Central. Habían dado con un pederasta al que seguían pista a través de la red desde hacía meses. Eso dijeron en el telediario de las nueve. A todos sorprendió la revelación de la doble vida de su vecino, a todos menos a doña Virtudes, claro, que se enjuagaba la boca con unos y con otros con un rotundo <i>Ya lo sabía yo. ¿Qué os había dicho?, si a mí esta gentuza no me engaña</i>...<br/>Había sido una tarde extraordinaria, se había vivido in situ aún no sabía si una secuencia de Los hombres de Paco o la dura y pura realidad sucediendose al otro lado de su puerta, tres piso más abajo. Una cosa sabía seguro: ese tonto de los cojones ya no sería el primero que se lo encontraría si algún día daba el salto.<br/>La quietud de la noche sobrecogía. El silencio de la ciudad sobrecogía. La oscuridad de un cielo sin luna sobrecogía. El frío de aquella noche de verano sobrecogía.<br/>Cuando un hombre tirado por un perro apareció tras volver la esquina, decidió irse a dormir. Mañana será otro día.<br/><br/><br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_229.htm"><title><![CDATA[Vacaciones...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_229.htm]]></link><description><![CDATA[Anhelo las vacaciones en aquel tiempo en el que eran eternas, eternas y vacaciones. El curso se terminaba, la calle se regaba con agua fresca del pozo para que la flama del día se evaporase, se refrescase la tierra y se asentara el polvo, las sillas se sacaban a la puerta para tomar el fresco por las noches (en la Mancha ha sido la práctica más saludable del mundo; <b>tomar el fresco</b>, indudablemente mucho más saludable que tomar el sol), la tele se trasladaba al pasillo para ver desde la calle el UN, DOS, TRES, la hora de irse a dormir no eran las nueve de la noche, y todo, todo, todo el tiempo del mundo era para jugar.<br/>El final de cada verano siempre me producía una extraña sensación de melancolía. Era <b>una sensación de pérdida inexplicable</b> que aumentaba paulatinamente en la misma medida en la que se alargaban las noches y refrescaban y acortaban los días. Aun así, las vacaciones tenían sabor a vacaciones: alegría, diversión, siestas, descanso, ocio... La ociosidad creativa es maravillosa, es cuando se tiene la sensación del verdadero disfrute del tiempo libre, de la relajación y del descanso. Yo, definitivamante, afirmo que se me ha olvidado lo que es el ocio y desde hace una eternidad no sé lo que son unas vacaciones.<br/>Las estadísticas hablan del número de separaciones que se producen en estas fechas (suele salir como noticia en el telediario cuando no tienen otras cosas más interesantes que contar). Yo siempre he pensado que es la gota de sudor que colma el vaso. De sudor... El calor despierta lo peor de mí... Pero calor ha hecho siempre, todos los veranos, ¿cierto?, <b>cierto</b>... Y no sólo no se despertaba lo peor sino que nacían unas ganas irrefrenables de disfrutar de los días, de las noches y del más nimio acontecimiento que surgiese en un momento determinado... ¿cierto?, <b>cierto</b>. Y ahora <b>la pregunta del millón a mi otro yo con el que mantengo esta mierda de reflexión</b>: ¿Entonces, qué es lo que convierte las vacaciones en una condena de la que estás deseando salir para volver al trabajo y a la rutina del día a día? ¿Serán los sollozos al otro lado del salón y los gritos mientras escribo estas cuatro lineas que vociferan: ¡mamá, no me deja la barbie ni al príncipe Antonio!? ¿Será que cuando estoy embebida en El juego del ángel, de Zafón, y a David Martín alguien ofrece algo de beber, David Martín en vez de contestar <i>si tiene un vaso de agua, se lo agradecería</i>, contesta fuera de mi cabeza, como un martillazo, que qué tenemos hoy de comida?... y la cruel realidad se manifiesta tirada en el otro lado del sofá, con el amenazador mando a distancia en la mano, sin tener en cuenta que yo leo -viajo, me evado, existo en otro mundo, he sido transportanda al Otro Lado, al mundo de las Palabras que juguetan en mi imaginación- y con un simple golpe de pulgar <b>se profana el silencio y se desvanece mi viaje como el humo</b> (siempre existe la opción de irse a otra habitación, pero el daño ya está hecho). ¿Será que las horas de ocio se han convertido en un ocio obligado, cuyo objetivo no es mi propio descanso ni mi  disfrute personal sino el de otras que de mí dependen?. A veces, sencillamente me aborda la ociosidad en el peor de sus sentidos, <b>pérdida de tiempo</b>, y el único beneficio que le obtengo al día son los cuarenta minutos de marcha por la ronda, unos tramos corriendo y otros a paso ligero, para descargar la adrenalina acumulada. <br/>Lo sé, soy egoista y <b>nunca he considerado una virtud la abnegación de madre ni de esposa</b>. Siempre he sido un ente independiente, sociable pero independiente, que necesita su espacio vital para crecer. La invasión de éste lo tomo como una agresión personal. Las vacaciones de verano, o de invierno, suponen reiteradas incursiones de unos y de otros, con constantes demandas que conllevan <b>la renuncia involuntaria</b> a unos minutos de asueto tan necesarios para el descanso del cuerpo y de la mente. <br/>No es que yo tuviese una idea equivocada de lo que era el matrimonio y los hijos, no... ¿o sí?... Menos mal que ayer Nadal -un partido de infarto- me dió otra nueva alegría (y una contusión leve en mi mano izquierda por traumatismo contra la cabeza disecada de un jabalí que pendía casi dos metros por encima de la mía -así de grande fue el salto, puños arriba, tras el último juego del último set que le dió el título en Wimbledon-, pero esa es otra historia).<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/files/amujer.jpg" alt="" border="0" width="400" height="300"/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_227.htm"><title><![CDATA[La calle, el mundo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_227.htm]]></link><description><![CDATA[<i>Todas las infancias se parecen</i>, afirmaba Terenci Moix en Extraño en el paraíso, y es cierto, todas las infancias se parecen en esencia, y todas las calles, y todos los mundos.<br/>Entre la infancia de Juan José Millás y la mía hay dos décadas pero nada las diferencia. Su época y mi época pertenecieron a una parte de la Historia de este país en el que todo permanecía inalterable a pesar del paso del tiempo, en el que la calle era El Mundo, ajeno al resto de los otros mundos.<br/>Mi calle ni tan siquiera estaba empedrada, mi calle era de tierra arcillosa que embarraba los zapatos, pegándose a ellos como un moco, cuando llovía. Las aceras sí eran de un empedrado desigual, con jorobas, ensanchamientos o estrechamientos a lo largo y ancho de su recorrido. En pimavera afloraba la hierba entre sus piedras para después, tras secarse por el sol y quebrarse por el deambular o bullir de los unos y los otros, convertirse su tallo en un arma punzante, clavándose en algún inocente pie descalzo, porque en verano no se gastaban zapatos, sólo en domingo, es más, no recuerdo más zapatillas de verano que unas chanclas de goma de la zapatería de <i>canario</i> (apodo del zapatero de mi infancia). Ahora las veo en las tiendas de deportes con la marca Nike o Adidas, pero antes era el calzado de los que <i><b>éramos tan pobres como las ratas</b></i>.<br/>Nunca heredé ropa de mis hermanos porque, aunque fui la segunda, el primero fue varón y en mi época las niñas vestíamos mayormente falda, tanto en verano como en invierno... (es curioso, pero no tengo conciencia de haber pasado frío en aquel mundo en el que los leotardos eran un artículo de lujo, sólo había el calor de una estufa de leña en una única habitación -a mi madre nunca le gustaron los braseros por su peligrosa combustión- y en los dormitorios la humedad subía por las paredes como la hiedra por viejos muros). A mi hermana sí la recuerdo con ropa mía y también a mi hermano más pequeño con ropa de mis otros dos hermanos. No éramos nueve, fuimos cinco surgiendo a la vida y a las necesidades más básicas como el vestir y el comer en plena década de los setenta. En mi pueblo hubo quien pasó hambre real, como en la mismísima posguerra (Yo aún no sabía lo que era el <b>hambre literal</b>).  Tengo que decir que aunque pobres como ratas no recuerdo más necesidad que la de que me comprasen una muñeca vestida de blanco y que recitaba la oración de <i>Jesusito de mi vida eres niño como yo por eso te quiero tanto y te doy mi corazón, tómalo, tómalo, tuyo es mío no</i> el día de mi primera comunión, pero aquella necesidad nunca se vió cubierta. Sobreviví a ella y a otras muchas que mi calle me deparó con el paso del tiempo. En mi calle, mi Mundo, nos hacíamos mujeres antes de tiempo, dejábamos de jugar antes de tiempo, en pocas palabas, <b>nos obligaban a crecer antes de tiempo</b>.<br/>No tuve ninguna amiga que se asemeje al Vitaminas (siempre envidié esas amistades entre dos chicos, era <b>la lealtad manifiesta</b>), ni sótanos desde donde contemplar mi calle y sus moradores, al contrario, siempre fui amante de las alturas y contemplé el Mundo desde una azotea y desde los tejados de mi casa, unas veces sola y la inmensa mayoría acompañada de mi hermana. Podría ser ella el Vitaminas, tomó muchas en su infancia, pero lejos de morir, ella desapareció para resucitar en Su Mundo y a él pertenece desde entonces.<br/>Al final de mi calle había otra calle semejante, igual de embarrada y de pobre, y después otra igual, y otra y otra... Todas las calles eran como la mía, ajenas a otros mundos y <b>sin conciencia de la existencia de éstos y de la posibilidad de otra vida diferente</b>. No había más aspiración para ellos, <b>los niños convertidos en hombres</b>, que ser algo más que un destripaterrones, albañil estaría bien, pero por aquel entonces había poco que construir porque no había nadie que lo comprara. Los más afortunados salían de la miseria a través de los seminarios (todos los mundos se parecen), y de ahí, con un poco de suerte, tras la frustrada vocación, a la universidad. No había más aspiración para nosotras, <b>las niñas convertidas en mujeres</b>,  que <i>echarnos un novio </i> (a ser posible que no fuese destripaterrones, mejor de albañil para arriba. La que cazaba un estudiente era la envidia del pueblo) y dejarnos los ojos y la espalda sobre un bastidor, bordando el ajuar para la boda. Aquella tediosa y frustrante tarea de preparar el ajuar se hacía tuvieses o no tuvieses novio, porque el fin último de nuestra existencia era el casamiento. La soltería era como <b>un fracaso definitivo de toda realización personal</b>, <b>una sentencia de muerte en vida</b>.<br/>Todo intento de fuga de aquel Mundo alejado de toda civilización, aunque ésta se encontrase a treinta quilómetros, implicaba un gasto económico que sólo una o dos familias se podían permitir (toda mi vida de estudiante fui una becada - desde lo de la Lewinsky becaria suena fatal-, se lo prometí a mi madre cuando apostó por mí y no la defraudé ni un solo curso, no hubiese sido posible de otra manera), y un cambio de mentalidad revolucionario y atroz en el seno familiar rural y era la posibilidad de que una mujer fuese a la universidad. Algunas hacían un par de años de auxiliar administrativo o de auxiliar de enfermería, o iban a mecanografía para ser escribientas, eso decían sus madres a otras madres para dar envidia... ser escribienta... qué oficio sería ése, escribienta... Yo creo que se veía mucha película de Paco Martínez Soria. <br/>El día que decidí que ya no quería ser cantante, que ahora lo que quería era ser estudiante (aún no sabía de qué, pero estudiante) mi abuela le dijo a mi padre que si lo permitía terminaría <i>emputecía</i> y sin oficio ni beneficio (¡emputecía!...¡yo!...¡qué cosas tenía esta matriarca!). Y entonces fue cuando mi madre sentenció "la cría va a ir a estudiar ya pueda decir tu madre misa", y mi padre, por primera y única vez en la vida, <b>acató</b>. En su fuero interno sabía que era la única forma de romper aquello que nos predestinaba a seguir en la miseria, y no hablo de la económica, sino de la cultural, moral, social, en definitiva, de todo lo que nos negaba <b>Conocer</b>... Era la única manera de irrumpir en un mundo que a ellos se les había negado pero que consciente o inconscientemente estaban preparando para nosotros. Nunca huí de aquel Mundo, me limité a transformarlo como yo creí que debía hacerlo... Esa fue mi calle, mi mundo, El Mundo, tan diferente al de mis hijas y a la vez tan idéntico, porque no deja de ser la transformación del que te dan hecho en el tuyo propio, en Tu Mundo. Posiblemente el mayor o menor sentimiento de angustia, de frustración, de miedo, de éxito o de fracaso siempre dependerá de la forma de Concebir y de Conocer, de ello depende la <b>huida</b> o la <b>transformación</b> de El mundo.<br/>Yo necesité escribirlo para conocerlo, aún lo sigo necesitando para seguir transformándolo. <b>La escritura</b>.<br/>"Escribir bien presupone escribir al dictado de aquella parte de ti que permanece dentro del delirio cuando la otra sale de él para comunicarse con los demas o para ganarse la vida" dice Juan José Millás en El mundo. Nunca escribiré para ganarme la vida, eso es obvio, y en contadas ocasiones he escrito al dictado, por tanto presupongo que no escribo bien, pero cuando me sale la palabra exacta, en la frase exacta, con la idea exacta, tengo la misma sensación que haber parido a una criatura de lo más profundo de mis entrañas y la satisfacción de que es mía y sólo mía. <br/>Como todo lo escrito aquí, esto también <b>lo he escrito yo</b>.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/files/familia_mayo1974_b.jpg" alt="" border="0" width="300" height="261"/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_226.htm"><title><![CDATA[Sexualidad y anticoncepción. (Tema 1)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_226.htm]]></link><description><![CDATA[<b>¿Qué es un método anticonceptivo?</b><br/>Se considera método anticonceptivo todo aquello que se lleva a la práctica para evitar la concepción.<br/>* Concepción: acción o efecto de concebir.<br/>Sería largo exponer aquí todos los métodos habidos y por haber, desde los de última generación hormonalmente hablando hasta los que se utilizan como tal y no lo son. Me voy a limitar a los más extendidos: ACO (anticonceptivos orales), preservativo y los consabidos métodos naturales.<br/><b>Los ACO</b>: <br/>La elección de dicho anticonceptivo depende de la edad, de los factores de riesgo que se detecten en la solicitante y de la tolerancia o no a dicho método. Hay contraindicaciones absolutas para su uso, como son alteraciones genéticas de los factores de la coagulación o antecedentes de trombosis, también en cardiopatias severas. No es recomendable en mujeres mayores de 35 años ni en grandes fumadoras. Los efectos secundarios de dicho método son contrarrestados por los beneficios que proporciona y su alta eficacia en contracepción (un 99% si es correctamente utilizado). Por otra parte, no toda mujer que utiliza anticonceptivos orales los usa a priori como método, sino como tratamiento de alteraciones hormonales que llevan consigo reglas irregulares y dolorosas, o la existencia de otras patologías que requieren tratamiento hormonal. Lógicamente, cuando una mujer decide el uso de dicho método es <b>porque sexualmente es activa</b>, para mantenerse virgen hasta el día de la boda no es necesario, y para <i>hacer uso del matriminio</i> sólo para traer hijos al mundo tampoco es necesario.<br/>La toma de ACO lleva consigo revisiones periódicas de analíticas con coagulación, niveles de colesterol y transaminasas, así como citologías.<br/>*<b>Nota aclaratoria</b>: No está en el ánimo de la mujer que toma ACO rentabilizarlos con cuantos más polvos mejor, simplemente le resulta más cómodo y apropiado para ella.<br/><b>Un consejo</b>: Yo sólo me fiaría de mi pareja estable (se entiende por estable la de tiempo y confiaza, la estable de anoche y la otra estable de antesdeanoche no se considera como tal)... ante una desconocida, por mucho que os diga, chicos, <b>el capuchón impermeable</b>, por si las moscas.<br/><b>El preservativo</b>:<br/>De los métodos barrera es el método estrella por su comodidad con respecto a anillos, esponjas etc, etc... y por su inocuidad. En contra tiene la consabida pérdida de sensibilidad, pero en este método sí que se puede afirmar, sin ninguna duda, que los pros superan con creces los contras. El resurgir de enfermedades de transmisión sexual de bajísima incidencia en las últimas décadas, como sífilis y gonorreas, así como la hepatitis B y la aparición del SIDA (que parece que se nos ha pasado el susto de los primeros años de insistente publicidad e información para evitar el contagio, pero que ahí sigue estando), el aumento de la promiscuidad sexual y la temprana edad de inicio de las relaciones sexuales implica una concienciación clara sobre el uso de este método que, <b>correctamente utilizado</b>, tiene un altísimo porcetaje de protección contra estas enfermedades y la prevención de embarazos. <br/><b>Métodos naturales</b>:<br/>Hubo un tiempo en el que dejaron de llamarse métodos anticonceptivos por su alto porcentaje de fallo... y así es. <br/><b>El coitus interruptus</b>, o "repullo" en mi pueblo, es interrumpir de forma súbita y brusca el coito para eyacular fuera. Una frase define la eficacia de dicho método y es que <b>antes de llover siempre chispea.</b> No digamos nada de esos locos que se aventuran a eyacular dentro porque un termómetro vaginal ha dicho que si sube o que si baja la temperatura y no hay peligro... un suicidio. Y por si hay alguna mente calenturienta que resuelve el tema con una estupenda felación, me acuerdo yo ahora de Boris Becker, al cual le reclamaron la patenidad de un angelito que fue concebido por "fecundación invitro"  con su propio semen extraído en una mamada, (de campeonato tuvo que ser la mamada y de super-espermatozoides, porque a mí que me lo cuenten cómo y de qué manera). O sea, que tras la faena, mi consejo es que la hagais escupir y lavarse la boca con Listerine para matar todo bicho viviente. Es broma... pero si se va sin haber abirto la boca tras la faena yo me mosquearía y la haría recitar el famoso trabalenguas de <i>El arzobispo de Constantinopla...</i><br/>Y hasta aquí una exposición llana, escueta y comprensible sobre este tema que me he sentido en la obligación de exponer tras leer <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/sexodeandarporcasa/c_309.htm#comment_1">a uno de los que más frecuento en lectura y comentarios.</a> <br/>Yo inicio vacaciones en la playa. Buen verano a todos y disfrutad de "las altas temperaturas", <b>con DON</b> preferentemente.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_224.htm"><title><![CDATA[Cerrando ciclo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_224.htm]]></link><description><![CDATA[Mañana terminan los quince días de descanso que, generosamente, mi empresa me ha concedido para reincorporarme a mi definitivo puesto de trabajo. ¡Por fín! concluyó <b>definitivamente</b> el Concurso Oposición que pasará a la historia por su demora -convocado en Noviembre de 2001 y resuelto definitivamente en Mayo de 2008-, por su ambigüedad, y en mi opinión, por su injusticia. No obstante, yo tengo lo que quería: continuar en mi zona de los Montes, entre mis octogenarios y una población infantil incipiente que, a falta de una Unidad de Pediatría, nos vemos en situación de atender y de los que no dejo de aprender; de los unos por su larga vida, y de los otros por la inocencia y la simplicidad con la que ven y resuelven el mundo. Tengo ante mí el Alfa y a la Omega y eso es un lujo, indudablemente.<br/>El lunes conoceré a mi nuevo compañero, aunque ya quedamos un día para tomar un café en la Gerencia - en la misma Gerencia no, en un bar cercano) y vernos las caras. Él ya tenía referencias de la mía porque ha sido compañero de trabajo de mi hermano durante cuatro años, y mi hermano y yo <b>somos como dos gotas de agua</b>, dicen... yo discrepo. Así que el día que me vió no pudo evitar eso de "¡Joer, eres igualita que Eugenio!"... (o sea, que voy a tener que dejar de discrepar, porque en alguna reunión de coordinadores se me han acercado con un "oye, ¿tú eres...?", y antes de que terminen la frase ya contesto "Sí, la hermana de Eugenio", y añaden "es que te pareces un montón"... Bueno, en todo caso será él el que se parezca a mí, porque yo nací antes. A algunos los miro con recelo porque, todo sea dicho, mi hermano, allá por donde va, levanta odios y pasiones e intento adivinar en que bando están, si en el de los odios o las pasiones... Aunque después llego a la conclusión de que los enemigos no suelen darse a conocer, acechan y se mantienen en la sombra, pero no suelen ir con tarjeta de presentación). Aclarado este largo paréntesis, continuo:<br/>Despedimos a Paco, aquel ya <b>rey muerto y con otro en su puesto</b>, con una comida de equipo en la que comimos y reímos mucho. Jaleamos y suplicamos que nos dedicara unas palabras y unas lágrimas, pero no hubo manera. Al menos, se llevó la copa de liga entre las manos y entre todos le hicimos el paseíllo -qué menos y qué a gustito se va a quedar el del barça- y le deseamos buena suerte en su nuevo puesto de trabajo: el hospital de Manzanares. <br/>A lo largo de estos quince días he tenido tiempo de sobra para pasear, aburrirme, mal dormir, dormir demasiado, tragarme enterito - por primera vez en muchos años- el Roland Garros, escuchar música -maravillosa Amy Winehouse que ha amenizado mis caseras mañanas- y formatear el cerebro para empezar de nuevo, aunque el tiempo demuestra que, al final, <b>todo vuelve a ser lo mismo</b>, como cantaba Enrique Urquijo... La vida no deja de ser una sucesión de hechos concéntricos: vueltas y más vueltas para volver al punto de partida; <b>a uno mismo</b>. Y aquí estoy, con Back to Black de fondo, escribiendo cuatro letras en mi ventana, para después <b>leerme</b>... A veces es la única forma que tengo de centrar la dispersión de mi pensamiento.<br/>Compañero nuevo, consulta nueva, vacaciones inesperadas, un verano que no termina de llegar, paseos por una ciudad que hoy estaba tomada por una manifestación, un café en la terraza de la plaza del Pilar, unas vacaciones en Salou dentro de diez días, a las que no me hago a la idea porque en este extraño Junio no se deja caer el verano, - ni la tele se lo cree, porque no veo los anuncios refrescantes de la tónica, (por favor, publicistas de la Schweppes, que vuelva Noriega,) ni de otros propios de esta época-, las niñas terminando el curso, los supermercados desprovistos de carne y pescado... ¡Pufff!... Mejor sigo escuchando a este prodigio de mujer y abro la puerta a las niñas, que intuyo que no tardarán en llamar al timbre porque oigo la algarabía de voces infantiles y el rodar de las mochilas por las aceras...<br/>¿Qué tal me saldrá el arroz <a target="_blank" href="http://www.youtube.com/watch?v=4gHsX5sVt-s&amp;feature=related">a este son?</a> Divino, seguro.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_223.htm"><title><![CDATA[La carta]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_223.htm]]></link><description><![CDATA[Mi querida Leonor:<br/>Espero que a  la llegada de la presente, te encuentres bien:<br/>¿Se puede saber qué haces que no regresas, vieja del demonio? Desde que te fuiste al pueblo, allá por Navidad, sólo he recibido un par de cartas tuyas. Yo sé que a Carrascalejo no llega la telefonía móvil, y que hay una centralita para todo el pueblo pero, mujer, aunque sólo hubiese sido un fin de semana para dar una vuelta a tu pisito y ver a tus amigas del alma... No te imaginas lo que te echamos de menos en nuestras tertulias en el café de Malena... Ya, ya sé que te debo carta, dos, ni más ni menos, pero tú ya sabes que soy tan perezosa para escribir... y todo sea dicho: desde que me apunté a las nuevas tecnologías, hablo mejor por el messenger que de tú a tú... ¡Qué cosas! Pero ya ves, no me ha quedado más remedió que volver a retomar la epístola y aquí me tienes, frente a un par de cuartillas, una pluma (bueno, vale, un Bic), un sobre y un sello y escribiéndote cuatro letras. Leonor, amiga mía, ¡cuánto te echo de menos! <br/>¡Ay, Leonor, qué desgraciada soy! Creo... creo que Jacinto ha dejado de quererme... ¡Y no me digas que ya estoy haciendo una tormenta en un vaso de agua, que te conozco! Seguro que estarás pensando que son imaginaciones mías y sin ningún fundamento (además de que soy una egoista, porque sólo me acuerdo de Santa Bárbara cuando truena... pues sí, ya lo sabes: esta Margarita acude a tí cuando está perdida... yo sé que lo entiendes y lo disculpas), pero esta vez es cierto, amiga mía, es cierto. ¿Tú que pensarías de un señor que te huye en la cama?... Últimamente siempre está cansado y se me va dormir <i>a la hora las gallinas</i>... y aunque yo tarde dos minutos en ir detrás, lo encuentro roncando... ¡Se hace el dormido, Leonor, se hace el dormido! ¿A que ahora si piensas que es grave el asunto? ¡Jacinto haciéndose el dormido! Otras veces, -aunque, hija, eso de irme a dormir con el sol en mitad del cielo es como si me robaran media vida- le tomo la delantera, para que me encuentre allí esperándole, con la misma pose que la Montiel en sus divanes y tarareando aquello de "Toda una vida"... y ¡qué casualidad!, le interesa el programita de la televisión, así que cansada de esperar en semejante guisa y con contracturas por medio cuerpo, me levanto sigilosa, me asomo y allí está, espanzorrao en el sofá y resoplando como Moby Dick surcando el Pacífico. Si no me da más beso que el de la paz en la misa del domingo y me lo da con miedo. ¡Ay, amiga mía, Jacinto tiene un lío, seguro! Ya no me mira con lascivia, ya no recuerdo lo que es un pellizco en el culo cuando cruzaba por su vera y me vaticinaba: <i>esta noche no te escapas, jerezana</i>... Ya sabes, esas cosas que a mí me hacían sentirme como una reina y despertaban mis más bajas pasiones... Ahora que pienso... ¿Porqué se llamará a la apetencia sexual baja pasión? ¿Tú lo entiendes?... ¿Cuáles serán las altas pasiones? Pues nunca tan bajas pasiones produjeron tan altas satisfacciones... Bueno, que me lío y me voy de mi disgusto... Pues eso, Leonor, pues eso, que hasta hace nada, mi Jacinto venía tras de mí como perrito faldero moviendo el rabo y estaba de un juguetón... Y de la noche a la mañana parece otro... Ya ni jaca jerezana, ni leches. No me atrevo ni a preguntar por miedo a la respuesta, pero eso se nota, se ve, se siente... se... se... ¿sabes?, teniamos que ser como las mantis religiosas; usar y comer... así, uno tras otro, y se ahorraba una este sufrimiento, pero como las mujeres somos tan tontas... siempre queremos que nos quieran para toda la vida... ¡con lo larga que es la vida!<br/>Leonor, querida mía... -bueno, vale, perdona lo de vieja del demonio-, necesito que vuelvas, o que me escribas, o que me llames... Con lo bien que tú conoces a los hombres, que no se te despinta ninguno, dime, ¿qué le puede estar pasando a mi Jacinto? Y no pienses que te confundo con Elena Francis, que yo a aquella señora le escribía mucho hasta que me enteré de que era un señor... ¡Qué engaño, todas las señoras confiando a un señor nuestras intimidades más intímas! ... Leonor, necesito desesperadamente una respuesta. ¡Te necesito!<br/><br/>Un beso y un abrazo de tu amiga que lo es:<br/><br/>Margarita]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_222.htm"><title><![CDATA[Segundos decisivos]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/opinionesvarias/c_222.htm]]></link><description><![CDATA[A lo largo de los dieciseis años de vida laboral que llevo a mis espaldas, sólo en dos ocasiones he vivido una huelga del gremio, y ni siquiera podía vivirse como tal porque siempre se nombraban servicios mínimos que de manera impepinable había que cumplir. Por tanto no sé lo que es que te retengan o descuenten sueldo por luchar por mejoras laborales, al contrario, nuestras huelgas -me refiero a las de los sanitarios- siempre han sido, en mayor o menor medida, exitosas. No sé lo que es sentir la adrenalina corriendo por las venas cuando se avanza en grupo por una avenida para plantarse delante de un ministerio, vociferando pareados en contra del presidente de gobierno o ministro de turno. No sé lo que se siente frente a una brigada de policías, con aspecto de los de la triada de La Guerra de las galaxias, con porra en mano y bombas lacrimógenas, que están allí para impedir el paso o dispersar a los huelguistas de manera intimidatoria.<br/>Está en su pleno derecho de defender su pan y el de su familia el colectivo de transportistas que ve cómo se hunden sus negocios por el aumento abusivo de los impuestos y del crudo (el tanque de mi coche ha llegado a pasar de 45 € lleno total hace un año, a 75 € la semana pasada )... y también está en su derecho de ir a trabajar el que estime que no puede dejar de hacerlo porque si lo hace, mañana, sus hijos no comen, la hipoteca no se pueda pagar, o el jefe lo pone de patitas en la calle. Desgraciadamente, los unos y los otros se encuentran, se enfrentan, se calienta la boca, fluye la adrenalina en cantidades industriales a la vez que los insultos, se porfían... y hay unos segundos decisivos en los que, uno u otro, intuye que no debe seguir en sus trece porque la vida corre peligro y es momento de abandonar, hacerse a un lado y dejar pasar. <b>No está hecha nuestra sociedad para los valientes, o para los imbéciles, diría Pérez Reverte</b>. Hay quien mata por dinero, hay quien mata por placer, hay quien mata para defenderse, y los hay que se convierten en homicidas en una inoportuna mañana en la que la razón se cegó por la obcecación.<br/>Cuando sueceden estas cosas me pregunto si verdaderamente todos llevamos un asesino dentro en <b>espera de esos segundos decisivos</b>, en el lugar decisivo y frente a alguien decisivo. El depredador sigue viviendo en nosotros como instinto de supervivencia, autoafirmación y selección natural, y evidentemente, surge cuando menos te lo esperas. <b>¿Quién osó definirnos como sociedad, comunidad o civilización?</b><br/>La historia se repite, las actitudes de los políticos se repiten, los ciudadanos siente la mismas inseguridades, y desgraciadamente, siempre habrá inocentes víctimas y verdugos que ni en sus peores pesadillas hubieran soñado serlo.<br/>Y se me viene a la memoria aquella canción de Victor Manuel que dedicó a los de la mina: <a target="_blank" href="http://www.ratingyoutube.com/watch?v=dsxI1Rauw48&amp;feature=related">En la planta 14</a>.]]></description></item></rdf:RDF>
