De cuando nuestro antiheroe llegó a las fronteras y prendió un pucho y se volvió para atras
Nuestro antiheroe estaba cansado... Nadie sabía de su amor por Oscura Luna. ultimamente estaba medio indeciso porque las gemelas Torres no paraban de llamar para que vaya a su casa donde se dice que brilla la mas oscura de todas las estrella. Pero a él no le gusta ni una ni la otra de las gemelas Torres. Esa mañana misma lo habían llamado:
- Venite, dale, estamos aburridas. Podemos jugar a algo, al t.e.g o al Monopoly.
Pero nuestro antiheroe estaba cansado ( de él supongo o del mundo)
Les respondió: No, tengo que hacer.
Seguido de esto pensó en Oscura Luna y en su hermano, ese freak estúpido con cara de fantasía. de lo enojado que se puso empezó a escribir. Escribió muchas horas seguidas, sus ojos se volvieron tornillos y su culo de cera se hizo miel en la silla fría, escribío en cualquier papel, en un rollo de servilletas repitió ciento dos veces la palabra ¨ musilaginoso¨, escribió los azulejos con canciones patrías deformadas, con nombres de mujeres a las que nunca amaría, con nombre de hombres que,como él, digamos, se tiran pedos en la bañera para ver las hermosas burbujas viciar el aire, escribió en papel de diario una noticia horrible y un número a la quiniela... De nada sirvió por que su enojo ( injustificado) seguía.
entonces juntó todos sus papeles y salío. En la esquina de Calle Rota
Y boulevard Mundo Callado escribió su testamento.
Volvió a su casa. subío al piso más alto de su casa que tenía mil pisos. Sacó los papeles del bolso. Su celular sonó al mismisimo instante. Eran las gemelas torres:
- Hola-
Hola, somos las gemelas Torres, necesitamos que vengas, estamos muy aburridas, dale dale veni...
Nuestro antiheroe cortó el telefono con un cuchillo... Acomodó los papeles y empezó a hacer avioncitos, para sacarse de encima los nervios. Cada avioncito que hacía caía volando desde el piso más alto de su casa de mil pisos. Le gustaba imaginar donde terminarían los avioncitos. Se los imaginaba en tierras lejanas siendo vistos por ancionos con ojos viscos o por negras caribeñas con collares de bananas. O bien entrando a alguna casa de antiguedades y renovando todo lo allí exhibido.
Cuando me contaba yo sabía que a lo mucho los aviones llegarían una cuadra o dos como mucho. Pero digamos que era lindo escucharlo fantasear de esa manera.
Una de las gemelas Torres estaba incendiada de ira, la otra le dijo que se calme, que el era un chiquilin y que ya vendría a pedir perdón.
Se tomaron de la mano, miraron la lejanía, ellas sabían que esos eran sus avioncitos. Lo que no sabían es que volaban por su causa, nada más que por su causa.
- Venite, dale, estamos aburridas. Podemos jugar a algo, al t.e.g o al Monopoly.
Pero nuestro antiheroe estaba cansado ( de él supongo o del mundo)
Les respondió: No, tengo que hacer.
Seguido de esto pensó en Oscura Luna y en su hermano, ese freak estúpido con cara de fantasía. de lo enojado que se puso empezó a escribir. Escribió muchas horas seguidas, sus ojos se volvieron tornillos y su culo de cera se hizo miel en la silla fría, escribío en cualquier papel, en un rollo de servilletas repitió ciento dos veces la palabra ¨ musilaginoso¨, escribió los azulejos con canciones patrías deformadas, con nombres de mujeres a las que nunca amaría, con nombre de hombres que,como él, digamos, se tiran pedos en la bañera para ver las hermosas burbujas viciar el aire, escribió en papel de diario una noticia horrible y un número a la quiniela... De nada sirvió por que su enojo ( injustificado) seguía.
entonces juntó todos sus papeles y salío. En la esquina de Calle Rota
Y boulevard Mundo Callado escribió su testamento.
Volvió a su casa. subío al piso más alto de su casa que tenía mil pisos. Sacó los papeles del bolso. Su celular sonó al mismisimo instante. Eran las gemelas torres:
- Hola-
Hola, somos las gemelas Torres, necesitamos que vengas, estamos muy aburridas, dale dale veni...
Nuestro antiheroe cortó el telefono con un cuchillo... Acomodó los papeles y empezó a hacer avioncitos, para sacarse de encima los nervios. Cada avioncito que hacía caía volando desde el piso más alto de su casa de mil pisos. Le gustaba imaginar donde terminarían los avioncitos. Se los imaginaba en tierras lejanas siendo vistos por ancionos con ojos viscos o por negras caribeñas con collares de bananas. O bien entrando a alguna casa de antiguedades y renovando todo lo allí exhibido.
Cuando me contaba yo sabía que a lo mucho los aviones llegarían una cuadra o dos como mucho. Pero digamos que era lindo escucharlo fantasear de esa manera.
Una de las gemelas Torres estaba incendiada de ira, la otra le dijo que se calme, que el era un chiquilin y que ya vendría a pedir perdón.
Se tomaron de la mano, miraron la lejanía, ellas sabían que esos eran sus avioncitos. Lo que no sabían es que volaban por su causa, nada más que por su causa.





