Abajo El Telón
Quiero inaugurar este blog (la presentación no cuenta) con algo que escribí hace un año para una asignatura de Arte. Se trata de un comentario acerca de la película "Abajo el Telón" de Tim Robbins. Por si alguien no la ha visto decirle que la película merece la pena, a pesar de lo que pueda leer acontinuación (jeje)

... -Financiamos una nueva exposición de arte, una exposición itinerante por Europa destacando a nuestros artistas
-Apolítica, abstracta, colores y formas, no política
-Mis periódicos hablarán de ello como lo último, ensalzaremos a los artistas, los haremos ricos, muy pronto todos los artistas representarán a ese movimiento
-¿Tu crees? Los artistas siempre acaban preocupándose por los temas sociales
-Eso no les dará de comer
-No exhibiremos sus obras y los joderemos. Y antes de morirse de hambre se adaptarán. Pura supervivencia
-Los artistas son putas como los demás...”
Pero no todos son prostitutas, no todos se venden y el arte no es de los artistas, es del pueblo. Es la sociedad, la cultura quien lo produce, quien lo alimenta y por ello tarde o temprano siempre acaba hablando de él, de sus problemas, de sus luchas, de sus esperanzas, les dejen o no, siempre habrá artistas que no se dejen comprar, a quienes un aplauso les llene más que un montón de millones…
Tim Robbins nos hace reflexionar acerca del arte, en todos sus ámbitos, teatro, música, pintura…acerca de por qué se crea, de quién lo crea y nos muestra el mundo que le rodea…un mundo en el que, como en casi todos los aspectos de la vida, siempre hay gente dispuesta a sacar tajada de él, a beneficiarse del asunto cueste lo que cueste, a vender sus ideales, a vender a sus amigos…sin embargo, al final, el arte sigue ahí a pesar de todo, porque siempre pertenece al pueblo y siempre hay alguien dispuesto a mostrarlo y dispuesto a verlo.
Se ambienta en los años 30 en Estados Unidos; tras la crisis del 29 se lleva a cabo un reforma en el Estado a manos de Roosevelt, quien bajo una política en la que el Estado toma las riendas de todo lo que al país concierne, pretende impulsar su sociedad y su economía. No es comunismo, no se trata de que el estado lo coja todo y reparta por igual, pero si que es una intromisión del Estado mayor de lo que se había hecho hasta entonces. Un política de izquierdas que llevó a crear una serie de leyes y organismos que regulaban bancos, empresas, servicios sociales, e incluso el arte. En 1935 crea la Work Progress Administration (WPA), oficina estatal que tenía como fin la creación de nuevos puestos de trabajo con fondos federales. Harry Hopkins, flamante director de la WPA, nombraría entonces a Hallie Flanagan, a cargo en ese momento del taller de teatro experimental del Vassar College, directora nacional del Federal Theatre Project.
Tim Robbins se centra en la película en los problemas que hubo en 1936 dentro del Federal Theatre Project, una organización dirigida a llevar el teatro a todos los lugares posibles, no solo como diversión sino también como medio de culturización de la sociedad. Así, en ella, se daba trabajo a actores y creadores, y se organizaban pases de teatro gratuitos hasta en los pueblos más pequeños.
En ese año, la directora y sus ayudantes, deciden estrenar la obra Cradle Will Rock, escrita por Marc Blitzstein, la obra narra la historia de una prostituta que comparte una celda en la prisión de Acero City con el Comité de la Libertad, un grupo de honorables ciudadanos, detenidos por error en una manifestación contra una huelga organizada por el sindicato de trabajadores del acero. En la celda también está un vago, borracho y ex narcotraficante, que le cuenta a la prostituta como el Comité de la Libertad se ha vendido a Mister Mister, el auténtico dueño de Acero City, quien ahora intenta comprar a Larry Foreman, el líder del sindicato opositor. Para su dirección se contrata a un joven y apasionado Orson Welles y a su productor John Houseman.
El problema surge cuando el Comité de Actividades Antiamericanas investiga el trabajo de la organización debido a las denuncias de algunos de sus integrantes, de que las actividades y obras que se llevaban a cabo eran de corte comunista. A pesar de la política de izquierdas de la época, el comunismo era algo malo, algo mal visto, y los comunistas muchos de ellos, vistos como demonios, sobre todo por las clases pudientes, que veían amenazadas sus riquezas; así, se nos muestra el otro lado de la sociedad, el de los ricos y poderosos, partidarios del fascismo, de los cuales algunos incluso apoyaban a Mussolini. Interesados por un arte decorativista, que evidentemente no hable del pueblo ni de política, y convencidos de que el arte se puede manejar a su antojo, porque para eso ellos tienen el dinero “controlamos el futuro del arte porque pagamos por el futuro del arte”. Vemos como lo usan como tapadera para enviar sus ayudas monetarias al fascismo o para beneficiarse de las ayudas fiscales que ofrecía el Estado a las empresas que invertían en arte (en esta época se comienzan grandes colecciones privadas como las de IBM o Pepsi-Cola). Como ejemplo, aparece en la película el todopoderoso Rockefeller, que para la decoración de su edificio, contrata a un prestigioso pintor, Diego Rivera, y no gustándole lo que ha hecho por reivindicar la clase obrera en su mural, lo destruye sin ningún tipo de pudor.
Sin embargo, a pesar del juicio, de las acusaciones que hacen que se recorte el personal en el Proyecto Federal de Teatro y de que, con militares incluidos, obligan a no estrenar la obra, al final, se nos muestra como el arte forma parte de la vida, como a pesar de los intentos de manipulación, él encuentra la forma de salir y ser libre, como las personas, porque forma parte de ellas, y la obra se estrena, en otro teatro, sin decorados, sin vestuario, con el miedo en los cuerpos de los actores a ser expulsados del sindicato de actores, pero su amor al teatro les hace representar la obra a pesar de todo, y hacerlo mejor que nunca, mientras unas calles más allá Diego Rivera es sacado por la policía y su mural destruido ante las voces de los manifestantes.
La última escena se reserva para la reflexión, la cámara sale de los años 30 para enfocar una avenida actual, llena de carteles publicitarios…las cosas no cambian, siguen existiendo quienes quieren controlarlo todo, la economía, al pueblo, y para ello, que mejor que controlar su cultura, su educación y por supuesto su arte, pero éste, al igual que el pueblo del que surge, siempre acaba revelándose, buscando esa libertad que le pertenece y que le hace variable, diferente en cada época, pero eterno.

... -Financiamos una nueva exposición de arte, una exposición itinerante por Europa destacando a nuestros artistas
-Apolítica, abstracta, colores y formas, no política
-Mis periódicos hablarán de ello como lo último, ensalzaremos a los artistas, los haremos ricos, muy pronto todos los artistas representarán a ese movimiento
-¿Tu crees? Los artistas siempre acaban preocupándose por los temas sociales
-Eso no les dará de comer
-No exhibiremos sus obras y los joderemos. Y antes de morirse de hambre se adaptarán. Pura supervivencia
-Los artistas son putas como los demás...”
Pero no todos son prostitutas, no todos se venden y el arte no es de los artistas, es del pueblo. Es la sociedad, la cultura quien lo produce, quien lo alimenta y por ello tarde o temprano siempre acaba hablando de él, de sus problemas, de sus luchas, de sus esperanzas, les dejen o no, siempre habrá artistas que no se dejen comprar, a quienes un aplauso les llene más que un montón de millones…
Tim Robbins nos hace reflexionar acerca del arte, en todos sus ámbitos, teatro, música, pintura…acerca de por qué se crea, de quién lo crea y nos muestra el mundo que le rodea…un mundo en el que, como en casi todos los aspectos de la vida, siempre hay gente dispuesta a sacar tajada de él, a beneficiarse del asunto cueste lo que cueste, a vender sus ideales, a vender a sus amigos…sin embargo, al final, el arte sigue ahí a pesar de todo, porque siempre pertenece al pueblo y siempre hay alguien dispuesto a mostrarlo y dispuesto a verlo.
Se ambienta en los años 30 en Estados Unidos; tras la crisis del 29 se lleva a cabo un reforma en el Estado a manos de Roosevelt, quien bajo una política en la que el Estado toma las riendas de todo lo que al país concierne, pretende impulsar su sociedad y su economía. No es comunismo, no se trata de que el estado lo coja todo y reparta por igual, pero si que es una intromisión del Estado mayor de lo que se había hecho hasta entonces. Un política de izquierdas que llevó a crear una serie de leyes y organismos que regulaban bancos, empresas, servicios sociales, e incluso el arte. En 1935 crea la Work Progress Administration (WPA), oficina estatal que tenía como fin la creación de nuevos puestos de trabajo con fondos federales. Harry Hopkins, flamante director de la WPA, nombraría entonces a Hallie Flanagan, a cargo en ese momento del taller de teatro experimental del Vassar College, directora nacional del Federal Theatre Project.
Tim Robbins se centra en la película en los problemas que hubo en 1936 dentro del Federal Theatre Project, una organización dirigida a llevar el teatro a todos los lugares posibles, no solo como diversión sino también como medio de culturización de la sociedad. Así, en ella, se daba trabajo a actores y creadores, y se organizaban pases de teatro gratuitos hasta en los pueblos más pequeños.
En ese año, la directora y sus ayudantes, deciden estrenar la obra Cradle Will Rock, escrita por Marc Blitzstein, la obra narra la historia de una prostituta que comparte una celda en la prisión de Acero City con el Comité de la Libertad, un grupo de honorables ciudadanos, detenidos por error en una manifestación contra una huelga organizada por el sindicato de trabajadores del acero. En la celda también está un vago, borracho y ex narcotraficante, que le cuenta a la prostituta como el Comité de la Libertad se ha vendido a Mister Mister, el auténtico dueño de Acero City, quien ahora intenta comprar a Larry Foreman, el líder del sindicato opositor. Para su dirección se contrata a un joven y apasionado Orson Welles y a su productor John Houseman.
El problema surge cuando el Comité de Actividades Antiamericanas investiga el trabajo de la organización debido a las denuncias de algunos de sus integrantes, de que las actividades y obras que se llevaban a cabo eran de corte comunista. A pesar de la política de izquierdas de la época, el comunismo era algo malo, algo mal visto, y los comunistas muchos de ellos, vistos como demonios, sobre todo por las clases pudientes, que veían amenazadas sus riquezas; así, se nos muestra el otro lado de la sociedad, el de los ricos y poderosos, partidarios del fascismo, de los cuales algunos incluso apoyaban a Mussolini. Interesados por un arte decorativista, que evidentemente no hable del pueblo ni de política, y convencidos de que el arte se puede manejar a su antojo, porque para eso ellos tienen el dinero “controlamos el futuro del arte porque pagamos por el futuro del arte”. Vemos como lo usan como tapadera para enviar sus ayudas monetarias al fascismo o para beneficiarse de las ayudas fiscales que ofrecía el Estado a las empresas que invertían en arte (en esta época se comienzan grandes colecciones privadas como las de IBM o Pepsi-Cola). Como ejemplo, aparece en la película el todopoderoso Rockefeller, que para la decoración de su edificio, contrata a un prestigioso pintor, Diego Rivera, y no gustándole lo que ha hecho por reivindicar la clase obrera en su mural, lo destruye sin ningún tipo de pudor.
Sin embargo, a pesar del juicio, de las acusaciones que hacen que se recorte el personal en el Proyecto Federal de Teatro y de que, con militares incluidos, obligan a no estrenar la obra, al final, se nos muestra como el arte forma parte de la vida, como a pesar de los intentos de manipulación, él encuentra la forma de salir y ser libre, como las personas, porque forma parte de ellas, y la obra se estrena, en otro teatro, sin decorados, sin vestuario, con el miedo en los cuerpos de los actores a ser expulsados del sindicato de actores, pero su amor al teatro les hace representar la obra a pesar de todo, y hacerlo mejor que nunca, mientras unas calles más allá Diego Rivera es sacado por la policía y su mural destruido ante las voces de los manifestantes.
La última escena se reserva para la reflexión, la cámara sale de los años 30 para enfocar una avenida actual, llena de carteles publicitarios…las cosas no cambian, siguen existiendo quienes quieren controlarlo todo, la economía, al pueblo, y para ello, que mejor que controlar su cultura, su educación y por supuesto su arte, pero éste, al igual que el pueblo del que surge, siempre acaba revelándose, buscando esa libertad que le pertenece y que le hace variable, diferente en cada época, pero eterno.





