El Dios de Bush y de Bin Laden De: Leonardo Boff
Es mucho lo que se ha escrito, hablado y pensado acerca de Dios a través de la historia de la humanidad, en sus diversos momentos históricos, en su diversa masa cultural, en todas las formas imaginables, sin embargo, no sólo ha quedado en palabras y pensamiento, las acciones en su nombre van desde la más noble bondad hasta la más oscura maldad, se ha usado su nombre para justificar genocidios, exterminios, infundir el terror y justificar la guerra.
Leonardo Boff, en su artículo titulado “El Dios de Bush y de Bin Laden” nos habla de cómo se ha utilizado de diferentes lados e ideologías el nombre de Dios como explicación y motivo para lo inimaginable, para sembrar la muerte y la desolación, para instaurar el dolor en los pueblos del mundo.
Bin Laden con su “Guerra Santa” y en nombre de Alá invade con el fantasma del terror, Bush, encomendándose a Dios pide acertar y tener su guía en la destrucción y muerte de sus enemigos, ambos se aferran a la idea de un Dios de la guerra que en contradicción a cualquier doctrina deja desolación.
Dios es en su esencia más básica y elemental: amor, y como amor en su significado más literal es paz, justicia, solidaridad…
Boff se plantea una pregunta: “¿Cómo hablar de Dios sin pasar por la religión?”, y es que quizás el problema radica cuando se usa la figura universal de Dios como bandera de una religión determinada, esta termina corrompiendo y vulnerando el sentido básico del origen del creador, principio y fin de todas las cosas.
Es por esta razón, que cada día son más las personas que se alejan de las iglesias, de las religiones establecidas, ya que no encuentran el sosiego vital, el refugio tibio de amor de un Dios comprensivo y paciente, por el contrario encuentran limitaciones, exigencias económicas, encuentran a un Dios desdibujado que ofrece castigos severos y condena y no perdona, un Dios inflexible que separa a unos y otros, que marca de parias, que exige la eliminación que quienes no comparten sus mandatos… pero cabe preguntar: ¿Qué mandatos? Evidentemente no los de Dios, sino los de la religión.
Pablo Sabala





