Placer sexual e iglesia De: Leonardo Boff
El placer sexual para la iglesia católica actual es un tabú, un hecho profano, libertino y hasta depravado, aún cuando esta idea va en contra de la naturaleza misma del ser humano. Leonardo Boff, en su artículo titulado “Placer sexual e iglesia” nos hace varias referencias y afirma que no siempre la postura de la iglesia católica fue así como la conocemos hoy en día donde se “ha educado más para la renuncia que para la alegre celebración de la vida”.
En su artículo nos relata de la influencia determinante que ejerció San Agustín (354-430) en toda la iglesia romana con afirmaciones como: “…pienso que las relaciones sexuales deben ser radicalmente evitadas. (…) nada envilece tanto el espíritu de un hombre como las caricias sensuales de una mujer y las relaciones corporales que forman parte del matrimonio”. Cabe destacar que esta postura de San Agustín nace después de haber experimentado una vida con mucha actividad sexual, “hasta el punto de haber tenido un hijo llamado Deodato”.
La Iglesia, a través del tiempo, ha variado en muchos aspectos en su concepción de fe, y en muchos casos, más movida por intereses terrenales, que por intereses divinos, en el caso de esta postura anti natura sobre la sexualidad y al margen de acentuar su inclinación paternalista, la Iglesia adopta este esquema como respuesta a una realidad concreta que es la posibilidad real de que sus ministros tengan una familia que herede sus bienes materiales, aspecto que va en detrimento del patrimonio de ella misma.
Esta visión de “fuga de capitales” observada en su momento por quienes tenían la responsabilidad de regir los destinos de la Iglesia fue una razón determinante en la adopción y modificación de la doctrina, como hace referencia Boff: “…Pero no siempre fue así. Dentro de la misma Iglesia hay tradiciones y doctrinas que ven en el placer y en la sexualidad una manifestación de la creación buena de Dios…”, sin embargo, es utópico pensar que la Iglesia admitiría esta razón como móvil principal de su decisión, por el contrario ha sido firme al pretender mantener argumentos apoyados en gran parte por San Agustín en su momento.
No se trata de juzgar las razones que esgrimen, aunque estas se enfrenten directamente al instinto natural de nuestra condición humana, se trata de hacer la observación sobre su modificación en un momento histórico determinado, y así no olvidar el sentido originario de la concepción de la fe cristiana.
Boff, simplemente deja testimonio de esto, no toma parte activa en su censura o aprobación.





