El sueño
Ayer llegaste, ayer en la noche bajo la lluvia caminaste evaporado, con el pensamiento a cuestas, con los recuerdos que quieres apartar enquistados en la piel...

Ayer llegaste, ayer en la noche bajo la lluvia caminaste evaporado, con el pensamiento a cuestas, con los recuerdos que quieres apartar enquistados en la piel, con el aliento lleno de ilusiones viejas, esas que con el tiempo se han convertido en fantasmas.
Y el bulevar igual que siempre, con su dermis sucia, con el ruido mezclado de frases multiformes, sin sentido, estaba allí, como siempre, mirándote con la desidia burlona y la sonrisa desviada, la humedad, los charcos, el humo irrespirable de los carros amontonados como una pequeña multitud de hormigas queriendo pasar por un embudo.
Y así vas de una lado a otro, mientras caminas tus pasos van tejiendo el vaivén de las horas, la noche empieza a quebrarse como un hilo de cristal al borde de los altos edificios; enciendes un nuevo cigarrillo y un camino blanquecino se dibuja en tu boca en la primera bocanada, el paso se hace lento, el tiempo se detiene un segundo antes de llegar a la esquina... la misma esquina.
Lo recuerdas ahora claramente... es la esquina de tu sueño, ese sueño que tuviste cuando eras niño y que nunca pudiste olvidar, todo es igual, todo es una copia fiel de aquel momento hasta ahora imaginado solamente, y todo se vuelve un remolino, te sientes aturdido, las voces se hacen mas fuertes, los movimientos más lentos, el aire más espeso...
Llegas por fin al ascensor... marcas rápido el último piso, las puertas se cierran y tras ellas la maraña se aparta quedándose en silencio... te sientes agotado, es difícil respirar, sudas copiosamente, sientes que tu cuerpo gotea por todas partes... cierras los ojos un momento y el timbre de llegada te hace despertar; las puertas se abren lentamente, sales al pasillo, llegas hasta la puerta, llevas la llave en la mano... después de un minuto estas sentado en el sillón de la sala con un vaso vacío en la mano derecha y un cigarrillo en la izquierda.
Empiezas a pensar y las horas se convierten en interminables olas que se estrellan al borde de la playa... Tratas de recordar el sueño, el rostro de aquel hombre con el arma caminando hacia ti, tratas de entender qué pasó, en qué momento llegó hasta ti...
Te vas de la mano del pensamiento y llegas a la tarde en que llegaste de viaje, justo antes que pasara, cuando caminabas por el bulevar con el pensamiento a cuestas... el aliento lleno de ilusiones viejas, las que se convirtieron en fantasmas... Vuelves al momento en que llegaste a la esquina y tu vida se tiñó de rojo, ves tras el cristal de aire cuando ese hombre hundió una y otra vez sobre tu piel aquel cuchillo de mango negro... ves cuando caes y arrastrándote llegas al ascensor, al último piso, a la sala, al sillón... a esa muerte anunciada que nunca esperaste que llegara.
©PabloSabala

Ayer llegaste, ayer en la noche bajo la lluvia caminaste evaporado, con el pensamiento a cuestas, con los recuerdos que quieres apartar enquistados en la piel, con el aliento lleno de ilusiones viejas, esas que con el tiempo se han convertido en fantasmas.
Y el bulevar igual que siempre, con su dermis sucia, con el ruido mezclado de frases multiformes, sin sentido, estaba allí, como siempre, mirándote con la desidia burlona y la sonrisa desviada, la humedad, los charcos, el humo irrespirable de los carros amontonados como una pequeña multitud de hormigas queriendo pasar por un embudo.
Y así vas de una lado a otro, mientras caminas tus pasos van tejiendo el vaivén de las horas, la noche empieza a quebrarse como un hilo de cristal al borde de los altos edificios; enciendes un nuevo cigarrillo y un camino blanquecino se dibuja en tu boca en la primera bocanada, el paso se hace lento, el tiempo se detiene un segundo antes de llegar a la esquina... la misma esquina.
Lo recuerdas ahora claramente... es la esquina de tu sueño, ese sueño que tuviste cuando eras niño y que nunca pudiste olvidar, todo es igual, todo es una copia fiel de aquel momento hasta ahora imaginado solamente, y todo se vuelve un remolino, te sientes aturdido, las voces se hacen mas fuertes, los movimientos más lentos, el aire más espeso...
Llegas por fin al ascensor... marcas rápido el último piso, las puertas se cierran y tras ellas la maraña se aparta quedándose en silencio... te sientes agotado, es difícil respirar, sudas copiosamente, sientes que tu cuerpo gotea por todas partes... cierras los ojos un momento y el timbre de llegada te hace despertar; las puertas se abren lentamente, sales al pasillo, llegas hasta la puerta, llevas la llave en la mano... después de un minuto estas sentado en el sillón de la sala con un vaso vacío en la mano derecha y un cigarrillo en la izquierda.
Empiezas a pensar y las horas se convierten en interminables olas que se estrellan al borde de la playa... Tratas de recordar el sueño, el rostro de aquel hombre con el arma caminando hacia ti, tratas de entender qué pasó, en qué momento llegó hasta ti...
Te vas de la mano del pensamiento y llegas a la tarde en que llegaste de viaje, justo antes que pasara, cuando caminabas por el bulevar con el pensamiento a cuestas... el aliento lleno de ilusiones viejas, las que se convirtieron en fantasmas... Vuelves al momento en que llegaste a la esquina y tu vida se tiñó de rojo, ves tras el cristal de aire cuando ese hombre hundió una y otra vez sobre tu piel aquel cuchillo de mango negro... ves cuando caes y arrastrándote llegas al ascensor, al último piso, a la sala, al sillón... a esa muerte anunciada que nunca esperaste que llegara.
©PabloSabala





