6 de agosto…
Lo único que se escuchó fue un golpe seco, después llegó el silencio de cristal y se posó suave sobre el pensamiento inanimado de los presentes...

Lo único que se escuchó fue un golpe seco, después llegó el silencio de cristal y se posó suave sobre el pensamiento inanimado de los presentes, no miró a nadie, pasó indiferente y ensimismado; luego los segundos se cayeron sobre un viento helado que escupió una alcantarilla cercana, tomó al aliento de todos y lo abrazó como un suspiro…
Fue entonces cuando la gota se desprendió del cielo besando la frente del desdichado… el tiempo se detuvo y el eco de los corazones altisonantes elevaba un canto fúnebre de asombro, ni una palabra, ni un gesto, no cabía el aire en aquella escena, así como no caben las agujas en los recuerdos y la luz en mi cuarto, sólo estaba lo que quedó atrapado en el vacío del instante.
-Lo único que recuerdo fue un golpe seco, un minuto antes se escuchaban los murmullos enmarañados de las voces sin rostro-, eso les dije cuando me preguntaron. Ni una palabra más.
Y nadie dijo algo diferente, es como si nos hubieran puesto a todos en la mente el mismo hilo de palabras, la misma imagen sostenida por la sensación de no estar, tal vez nos sembraron el pensamiento y por eso nadie recordó otra cosa de ese instante, cualquier percepción adicional quedó atrapada bajo la sombra del aire helado que nos acarició aquel día.
Fue sólo un golpe seco a las ocho y cuarto de la mañana, el cielo herido y una onda de luz sobre la tierra en llanto vacío, las primeras miradas se perdieron en el fuego circular que convirtió la ceniza en frío, las almas que quedaron, se perdieron en el tiempo que no tuvieron, se inventó un nuevo silencio… el silencio radioactivo. La sombra de luz que da muerte.
©PabloSabala

Lo único que se escuchó fue un golpe seco, después llegó el silencio de cristal y se posó suave sobre el pensamiento inanimado de los presentes, no miró a nadie, pasó indiferente y ensimismado; luego los segundos se cayeron sobre un viento helado que escupió una alcantarilla cercana, tomó al aliento de todos y lo abrazó como un suspiro…
Fue entonces cuando la gota se desprendió del cielo besando la frente del desdichado… el tiempo se detuvo y el eco de los corazones altisonantes elevaba un canto fúnebre de asombro, ni una palabra, ni un gesto, no cabía el aire en aquella escena, así como no caben las agujas en los recuerdos y la luz en mi cuarto, sólo estaba lo que quedó atrapado en el vacío del instante.
-Lo único que recuerdo fue un golpe seco, un minuto antes se escuchaban los murmullos enmarañados de las voces sin rostro-, eso les dije cuando me preguntaron. Ni una palabra más.
Y nadie dijo algo diferente, es como si nos hubieran puesto a todos en la mente el mismo hilo de palabras, la misma imagen sostenida por la sensación de no estar, tal vez nos sembraron el pensamiento y por eso nadie recordó otra cosa de ese instante, cualquier percepción adicional quedó atrapada bajo la sombra del aire helado que nos acarició aquel día.
Fue sólo un golpe seco a las ocho y cuarto de la mañana, el cielo herido y una onda de luz sobre la tierra en llanto vacío, las primeras miradas se perdieron en el fuego circular que convirtió la ceniza en frío, las almas que quedaron, se perdieron en el tiempo que no tuvieron, se inventó un nuevo silencio… el silencio radioactivo. La sombra de luz que da muerte.
©PabloSabala





