DE MÍ Y DE LOS HOMBRES
Cinco menos cuarto, ¿Qué me pongo? Por más que rebusco en ese enmarañado montón de ropa, no encuentro nada adecuado. Demasiado corta, demasiado estrecha, demasiado amarilla... ¡Me volveré loca! Última opción: María. No está en casa, pero no importa, nunca se enfada si tomo algo prestado. Camiseta verde, escote generoso, pantalón ajustado... ¡¡Perfecta!!
Me acerco al lugar convenido y miro la hora; llego demasiado pronto, así que doy una vuelta a la manzana, para parecer interesante más que desesperada. Mi plan da resultado, pues cuando cruzo la calle lo diviso sentado en un escalón.
- Hola- una mueca en su rostro me da a entender que no le gusta esperar. Sonrío alegremente y le dedico una de esas miradas sensuales de actriz americana que ensayamos una y otra vez ante el espejo.
Debatimos un rato sobre el lugar al que iremos y nos decidimos por un café dos calles más abajo.
- Me gusta este lugar...- me oigo decir- por las mesas...son grandes...me gustan las mesas grandes- muy bien, menuda estupidez acabo de decir; me mira extrañado y sonríe, debe de pensar que soy un bicho raro.
Siempre me pasan estas cosas cuando no tengo confianza suficiente con las personas y es mucho peor cuando esas personas me interesan.
Llevamos un buen rato charlando y a pesar del comentario de las mesas, creo que todo va bastante bien. Nos hemos reído, he notado que me miraba fijamente, nos hemos contado algunos sueños...ha sido interesante, pero he descubierto que el no es tan interesante o al menos, no es el “interesante” que yo busco.
- ¿Por qué no damos un paseo?- ¡¡Dios!! ¡¡Estoy perdida!! Seguro que ahora intentará besarme y cuando lo evite, se lo tomará como algo personal.
Hace frío, está lloviznando y ya ha oscurecido; es la típica tarde de diciembre, pero yo no quiero ser la integrante de la típica pareja de enamorados.
En diez minutos me he fumado cuatro cigarros; creo que me duele la cabeza, mis pulmones están llenos de nicotina, pero mientras tenga la boca ocupada, no lo intentará.
El tiempo no pasa; miro varias veces el reloj con la esperanza de que se haya estropeado, pero por desgracia, este maldito cacharro funciona a la perfección. Empiezo a pensar que esto es un castigo, pues no me queda tabaco y ya es la segunda vez que tengo que girar la cabeza bruscamente para que el beso no se consume.
De pronto veo la luz, ¡¡Olalla!! No puedo creer en mi suerte, ¡¡y se dirige hacia mí!! Cielos, hacía tiempo que no me alegraba tanto de verla.
Ya más tranquila hago las presentaciones pertinentes y me ahogo en suspiros.
- Al final no ha sido tan horrible- me digo a mi misma observándome detenidamente en el espejo- pero la próxima vez no me arreglaré tanto. Me está bien, por presumida.
Me tumbo en la cama y sonrío; he dado un paso adelante, me he dado cuenta de que es muy simpático, pero sólo eso, simpático.
Siempre he tenido las ideas muy claras sobre muchas cosas, no me cuesta tomar decisiones y casi siempre estoy tan segura de lo que hago que no veo alternativa posible. Pero los hombres son un caso aparte; son seres extraños, extraños y sucios (al menos a esta edad).
De todas formas, creo que soy la persona más heterosexual que conozco y eso es un problema por que me siento atraída por tantos hombres a la vez, que no consigo decidirme por ninguno en particular.
Suena egoísta, lo sé, pero yo no tengo la culpa de que mis hormonas se disparen de esta manera. ¿Qué si me asusta? Claro, me asusta equivocarme y haber perdido al adecuado, me asusta no equivocarme y perderme un montón de diversas experiencias, pero lo que más me asusta es quedarme sola, sola y amargada.
Nueve de la noche, media hora para adecentarme, seguro que llego tarde. Una vez vestida tengo un gran dilema, así que llamo a Ana para que me lo resuelva. Le describo lo que llevo puesto y ella, paciente (como siempre) me escucha con atención.
- ¿Pelo suelto o recogido?- lanzo mi gran pregunta.
Seguro que se ha reído, yo lo hubiera hecho, pero como buena amiga me dice que me lo deje suelto y hasta me aconseja que me ponga una pinza.
Olalla, impaciente, me espera en la puerta y nerviosas comentamos como será la cena.
Es una cena informal, pero Mariano estará allí y quiero resultarle la chica más atractiva del mundo. Sé que se ha fijado en mí y, teniendo en cuenta que desde que lo conozco solo me ha visto sudorosa y con la cara enrojecida por mi afán de perder peso en el gimnasio, tal vez piense que limpia y maquillada soy guapa o, al menos, normal.
Soy la más joven de los invitados, pero eso no tiene por qué ser un problema, ni siquiera aunque él me doble la edad.
La mala suerte me persigue, estoy sentada tan lejos de Mariano que dudo que pueda darse cuenta de que he asistido a la cena. En el pesimismo que me invade en estos momentos encuentro un atisbo de buena suerte: al menos no me verá comer.
Llegan más invitados y no cabemos en la mesa ¡ Oh, que pena! Nos tenemos que mudar a aquella mesita tan mona del fondo y no sé como, ahora estoy sentada enfrente suya. Pero...¿Qué demonios le pasa en los ojos? ¡Dios!, parece Homer Simpsom. Su amigo intuye mi desesperación y no tarda en apuntarme: conjuntivitis. Sonrío un poco avergonzada y noto mi rostro como un horno a punto de estallar.
¡¡Pasta, pasta y pasta!...¿¡Es qué sólo sirven pasta en los Restaurantes italianos?! Me imagino cubierta de tomate mientras Mariano Simpsom me mira sin poder contener una mueca de “estupendo, tengo a la chica más guarra del mundo sentada enfrente mía”.
Bien, he pasado la prueba; me he relajado, he comido pasta y sin ningún incidente y, lo mejor de todo: Mariano me ha preguntado mi nombre, me ha dedicado incontables sonrisas y hemos mantenido una conversación de más de cinco minutos sin hacer referencia al tiempo ni una sola vez.
Evalúo la cena en mi mente, ocho sobre diez, podría haber sido mejor (podría haberme declarado su amor eterno).
- Primera mitad de la noche:
Lo mejor: Mariano.
Lo peor: Que parezca Homer Simpsom.
- Segunda mitad de la noche:
Lo mejor: Cuando me he quitado la chaqueta se ha fijado en mi pronunciado escote.
Lo peor: Su amigo, la persona más plasta y pedante que he conocido en mi vida.
Mientras juego distraída con la cucharilla de mi taza de café, el amigo de Mariano apodado “Papi” (apodo bastante ridículo) me “deleita” con sus múltiples viajes, su desbordante dinero y sus estúpidas ideas.
Me aburro, me aburro mucho, tanto que mi expresión pide a gritos que alguien le grape la boca. Pero dentro de lo malo ( que nadie suele salir con grapadora los sábados por la noche) hay algo bueno, cambia de tema; y, de pronto, toda mi atención está concentrada en él, ¿Por qué? Obvio, porque está hablando de Mariano. A medida que “Papi” habla intentando dejar en un pésimo lugar a mi héroe de película, yo lo encuentro más y más atractivo.
¿¡¡Argentino!!? ¿¡Ha dicho argentino?! ¿¡Pero es que no tiene ningún defecto!? En mi mente, caracterizada de muy imaginativa, se mezclan sueños del tipo de “Mariano y yo visitando a su familia en Argentina”, “Mariano y yo recorriendo sudamérica”, “Mariano y yo a secas”...
Una vez pagada la factura, abandonamos el local con vistas de algo más íntimo. ¡No es justo! ¡está lloviendo! El maquillaje, el pelo... horas de duro esfuerzo para nada, voy a llegar hecha un asco.
En el asiento de atrás del coche sonrío victoriosa, pues casi no me he mojado y a pesar de que llegué al Restaurante en el coche de Marta, ahora voy en el de “Papi” respirando el mismo aire que respira Mariano. Si ahora hubiera un atasco, no me importaría lo más mínimo, incluso me haría ilusión, siempre y cuando alguien le diera un golpe a “Papi” y lo dejara sin sentido.
- Bueno, a vosotras ya os dejamos en casa ¿no?- dice “Papi” irónicamente.
¡¡Será imbécil!! Un miedo atroz atraviesa mi cuerpo de un lado a otro por lo que pueda pensar Mariano, pero este gira la cabeza y me sonríe dulcemente, es un cielo. Me siento bien, su sonrisa me ha reconfortado y además, teniendo en cuenta que el comentario proviene de un hombre cuyo mayor placer, incluido el sexo, es fumarse un puro Montecristo del cuatro, tomarse un Pacharán y leer un buen libro mientras una nauseabunda vela perfumada desprende su aroma en el ambiente, no me molesta demasiado.
Bien, ¡Oscuridad! Y mucha. La música no es buena, no es el sitio más romántico del mundo, quizás halla un exceso de gente (“papi” sería un buen ejemplo), pero la oscuridad ayuda bastante, o por lo menos a mí.
Me quito el abrigo cuidadosamente con la intención de que mi camiseta se levante lo suficiente como para que mi chico en cuestión pueda vislumbrar el aro de mi ombligo. Y vaya si lo ve; sus ojos se abren como platos y se acerca sonriente para hacerme preguntas del tipo “¿Te dolió mucho?, ¿Cómo se te ocurrió hacerte algo así?...”, pero sé que le agrada y que hasta le parece sexy.
Desde ese momento se queda a mi lado gran parte de la noche y noto que me mira tímidamente de vez en cuando.
- ¿Quiere bailar señorita?- ¡Me lo está diciendo a mí!, ¡Mariano me está pidiendo que baile con él y no estoy soñando! Creo que adoro el mundo, adoro a Celine Dion por tener una canción tan adorablemente lenta como “Falling into you”, adoro este lugar e incluso podría decir que adoro a “papi”, bueno no, eso no podría decirlo.
Asiento con la cabeza intentando reprimir las ganas de tirar cohetes y me coge suavemente por la cintura. Dios, creo que estoy en el cielo...
- Eres preciosa ¿Lo sabías?- Lo miro fijamente a los ojos, no puedo creer lo que acabo de oír...y mejor que no lo crea más que nada porque mi integrante favorito de los Simpsom no ha abierto la boca, todo ha sido obra de mi asquerosa y perversa mente.
¿Por qué son tan cortas las canciones importantes?, ¿Por qué no se detiene el tiempo en estos casos? Estoy al lado de Olalla, ¡sola de nuevo!, mientras observo como Mariano ejerce de Relaciones Públicas con media discoteca.
Mierda, mierda y mierda...¿Pero me quieres dejar en paz de una vez? ¿No te das cuenta de que no te soporto? Realmente la confianza da asco, pero a “papi” no parece importarle y yo soy su próxima víctima.
- Perdona un momento- digo soltando una sonrisa lo más hipócrita que puedo- tengo ganas de vomitar.
Ya no me importa donde está Mariano, lo único que quiero es irme de este lugar o “super-papi” acabará conmigo. Cojo mi abrigo y consigo hacerle señas a Olalla pasando lo más desapercibida posible.
Llueve muchísimo y para terminar bien la noche, no hay ningún taxi disponible. Empapada completamente no puedo creer lo que ven mis ojos cuando, veinte minutos más tarde, ese taxi para justo delante de nuestras narices.
Una vez en casa estoy tan deprimida que decido que dormiré tres días seguidos hasta que se me olvide mi terrible futuro en soledad.
A las dos del mediodía de un domingo lluvioso haciendo juego con mi estado de ánimo, decido salir de este montón de sábanas para comer algo; es increíble el hambre que puede llegar a pasar una persona deprimida. He pensado que si me paso toda la vida sumida en una profunda depresión, comeré por dos y al menos, mi nevera pensará que no soy una solterona vieja y amargada. Me paso todo el día en casa sin hacer nada productivo; observo el teléfono con la esperanza de que suene, pero no lo hace, ¿Es qué nadie se acuerda de mí?
Cuando creo que todo está perdido, decido que mi vida dará un importante cambio y lo primero para conseguirlo es cargarme de optimismo. Mañana seré la mujer más feliz del planeta y también una triunfadora.
Lunes, ocho de la mañana, ¿Levantarme? No, por Dios, me duele demasiado la cabeza y tengo una resaca del tamaño de un 4x4, ya que ayer decidí que a mi carga de optimismo no le iría nada mal una botella de vodka.
Llego tarde a la Universidad, pero no me importa por que soy feliz o intento convencerme de ello. Me paso el día entero estudiando, lo cuál me ayuda a evadirme de todo lo demás. Cuando me doy cuenta, ya son las ocho de la tarde; estupendo, una hora para ver a ese ser que no me interesa lo más mínimo, sudoroso y con esos pantalones cortos que le quedan tan...normales, esa es la palabra que buscaba.
Cruzo la puerta del gimnasio y un cosquilleo se apodera de mi estómago, pero mi orgullo no me permite buscar con la mirada a nadie, así que voy directa al vestuario donde me preparo para la guerra.
Ya lo he visto, ¿Por qué es tan guapo? ¡No es justo! ¡Y ni siquiera me ha mirado! Pero bueno, si quiere jugar duro, jugaremos duro.
Hago mi clase de aerobic intentando no pensar en que él está a menos de dos metros de mí. Al terminar, salgo disparada hacia el vestuario, no quiero que me vea con esta pinta; pero cuando estoy a punto de abrir la puerta, alguien pronuncia mi nombre.
¡Dios mío, no! “Super-Papi” ataca de nuevo, ¿Qué puedo hacer? Cuando estoy a punto de decirle tres verdades, veo a Mariano acercándose hacia nosotros. Genial, mi optimismo se ha colado por la taza del w.c., hoy serán tres botellas de vodka en vez de una.
Comentamos algo sobre la cena y Mariano dice que habrá que repetirla; asiento con la cabeza mientras intento que el corazón no se me salga del pecho. Me dedica una sonrisa de esas que hacen época y se mete en el vestuario dejándole a “papi” camino libre para darme dolor de cabeza. Cuando abre la boca para decir algo, ya tengo el pomo agarrado y no ha dicho ni la mitad de una palabra cuando cierro la puerta en sus narices.
Bajo la ducha decido dejar el optimismo para la semana que viene, seguro que mi horóscopo mejorará dentro de poco. Me siento más relajada, optimista no desde luego, pero si relajada.
Salgo del vestuario y vuelvo a cruzarme con Mariano que se limita a hacer un gesto con la cabeza. Sin mirar atrás imagino que corre hacia mí y me besa apasionadamente, pero después de calificar este pensamiento como un sueño, prometo no volver a imaginar cosas imposibles.
Noto que alguien me roza un hombro y, mientras giro la cabeza, ruego a Dios y a todos los santos que no sea el rostro de “Papi-papito” el que encontraré. Y no lo es, pero eso no es lo mejor, Mariano me está mirando sonriendo como de costumbre mientras un mechón de cabello le resbala por la frente dándole un aire infantil.
- Me estaba preguntando si te apetecería cenar conmigo el viernes.- dice distraídamente.
Boquiabierta repaso en mi mente donde guardo el desatascador para sacar mi optimismo del w.c.- Claro, por qué no- contesto pensando que ya no tendré que comer por dos para convencerme a mí misma de que no es tan malo vivir sola.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Un texto muy muy antiguo y totalmente diferente a cualquiera que haya escrito. No es demasiado bueno, pero es entretenido y real como la vida misma (no como la mía, para que no haya confusiones, jeje). Besos a todos y a mi niño lo de siempre y más. Luna.
Comentario:
Comentario:
Cuando no conocemos a alguien perdemos toda la naturalidad, somos estacas... pero poco a poco. Al final buen fin
Comentario:
Amor... por muy antiguo que sea, este texto es tan bueno que me llega a doler el corazón leerlo... te amo cielito...
Comentario:
Amor... por muy antiguo que sea, este texto es tan bueno que me llega a doler el corazón leerlo... te amo cielito...





