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Literatura cotidiana
Acerca de
La que firma soy yo, Rocío Gutiérrez, una gallega con raíces árabes y muchas ganas de escribir. Me enteré en una tienda de ropa de que era una hija no deseada, pero ya que venía en camino, me dieron una oportunidad. Así que aquí estoy, proyecto de periodista, neurótica y un poco diva... ¿Talento? No estoy segura, pero paciencia y perseverancia me sobran.
Sindicación
 
Aún después de la muerte, vencimos

Aquella era una buena mañana para morir o al menos, esto fue lo que pensó Pablo al abrir los ojos y darse de bruces con la realidad.

Observó de nuevo aquella mancha de verdín que se había formado en una de las esquinas de su celda y esperó tranquilo, relajado.

Un par de hombres lo sacaron a trompicones de allí media hora después y con el rostro tapado (como siempre), lo empujaron hasta la habitación de aquel tipo que decía ser su amigo.

- No está mal, un amigo entre enemigos- pensó.

Sentado en una silla y privado de sus sentidos, escuchó paciente las suplicas de su “amigo”: Un nombre, solo un nombre y saldrás. Una fecha, lo que querás, pero algo.

Como de costumbre, guardó silencio, pero ese silencio se hacía más insoportable que cualquier palabra, que cualquier confesión.

- Muy bien, tu lo has querido- dos horas después, su supuesto amigo le había dado la espalda a la paciencia.

Más tarde, le aplicaron la picana, el submarino y similares, pero Pablo no emitió sonido alguno. Antes de cerrar los ojos para darle la bienvenida a la muerte, sonrío pensando que esta dictadura no había acabado con él, sino que simplemente, era una buena mañana para morir, para morir por su país.
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Corto pero intenso; en pocas palabras os dejo una imagen demasiado pequeña de una de las dictaduras que más me han marcado sin vivirla y tan sólo por la literatura. Saludos, Luna.
No