"Para esta noche" de Juan Carlos Onetti
A Juan Carlos Onetti le dio por recrear mundillos taciturnos poblados de seres hundidos en cuestionamientos existenciales, desgracias y soledades sucesivas. Todos ellos encerrados, apareciendo y desapareciendo a su antojo en sus 11 novelas y en más de 40 relatos. Como por acción espontánea, la mítica Santa María surgió del genio de Brausen, el personaje aventurado a imaginar mundos, que a su vez fue gestado en los momentos de voluntaria exclusión de su propio dios: Onetti. Santa María y sus seres, atrapados en la saga que se dispara con ‘La vida breve’ (1950) y concluye con ‘Cuando ya no importe’ (1993), es ya legendaria.
Pero siete años antes de aquella ‘fundación’ hubo ya un dibujo de una ambigua ciudad que no era Santa María ni Buenos Aires ni Montevideo. Ninguna y todas ellas a la vez resumidas. Quizás ahí empezaba a trazarse un bosquejo escueto de los planos de la ciudad del dios Brausen -su creador y modelador en las intrincadas líneas-, donde Larsen muere en ‘El Astillero’ y desde su deceso se convierte en ese irreparable vacío para un Onetti que se niega a creer en la muerte que él mismo decidió; ahí se gestaban los escenarios de Puerto Astillero, Lavanda, los sitios por los cuales ronda Díaz Grey o las circunstancias en las cuales el mismo Larsen juntaba ‘cadáveres’.
‘Para esta noche’ (En un principio iba a ser titulada ‘El perro tendrá su día’, nombre de un cuento que publicara en 1976) nació de un relato que Onetti escuchó casualmente en un café cualquiera, en la voz de dos anarquistas que consiguieron huir de la España de Franco. “Me vi a mí mismo tratando de huir de una ciudad bombardeada, geográficamente ambigua”, explicó en alguna de sus conversaciones con quienes consiguieron vulnerar su ensimismamiento y la hosquedad que lo caracterizó.
La trama de ‘Para esta noche’, basada en la escapatoria de un hombre que debe llevar consigo a la hija adolescente de un líder político -cargado éste de fantasmas, de dudas morales y afrentas políticas- le convirtió en víctima de acusaciones de ‘lolitismo’, “aun cuando ‘Lolita’ todavía no había sido escrita”.
A modo de declaración de principios Onetti había dicho en el texto ‘Literatura ida y vuelta’ (recogido en ‘Réquiem por Faulkner y otros artículos’): “porque hay tres cosas que a mí me han sucedido, me suceden, que tienen similitud: una dulce borrachera bien graduada, hacer el amor, ponerme a escribir...”. Y esta obra desnuda con mayor claridad el apasionamiento de que su escritura hubiera sido inaugurada a partir de hechos imaginados que fueron relacionándose con la realidad conforme las entrevistas y encuentros con nueva información iban ampliando los escenarios y las vicisitudes que quedaron plasmadas en sus páginas.
Aunque en ‘Para esta noche’ no hay lugar para concretar ninguna posibilidad de pedofilia por parte de Ossorio, el perseguido, la habilidad de orfebre de Onetti (Premio Nacional de Literatura de Uruguay en 1962, Premio Cervantes de Literatura en 1980, Premio de la Unión Latina de Literatura en 1990) mantiene la expectativa sobre tal hecho en el transcurso de la historia. Amante resignado de finales inminentes y del desencanto como condición esencial que habita la médula de todo eufemismo, jamás se apartó del cárcavo donde jugaba a probar la inexistencia de Dios, pero al mismo tiempo a confirmar como ineludibles ciertos actos de carácter religioso que no tienen que ver necesariamente con una religión, como escribir.
Creada -como muchas de sus obras- entre la vorágine diaria del periodismo y la literatura de aislamiento, esta novela precede al nacimiento de Santa María, pero la sugiere ya, de algunas maneras, por eso convoca a las relecturas.
Fuente: El comercio.